Los ataques contra edificios policiales y penitenciarios en la ciudad de Rosario se transformaron en algo común. No encierran ningún enigma sobre dónde se originan los atentados: desde las cárceles. Presos disconformes con otro grupo criminal o contra alguna medida del Servicio Penitenciario lo exterioriza con balazos contra una comisaría o contra una cárcel. También sirven para generar cambios en la policía.
Pasadas las 20, dos edificios, uno policial y otro del Servicio Penitenciario, fueron baleados este lunes. Desconocidos atacaron la comisaría 16ª, de barrio Tablada, y también el complejo penitenciario de zona oeste, que es conocido como “Order”. Es la sexta vez que este edificio es blanco de las balas.
En los dos ataques los testigos vieron a dos personas en moto que ejecutaron los disparos. La comisaría 16º fue vallada hace dos meses luego de que fuera baleada.
Minutos después que se produjeran estos nuevos atentados el jefe de la policía de Rosario, Adrián Galigani, que había asumido en el cargo hacía menos de cinco meses, renunció. Pasaron 11 jefes de la Unidad Regional II desde diciembre de 2019, cuando asumió esta gestión. Este martes a la mañana juró en el puesto Daniel Acosta, quien cumplía funciones en Melincué.
Quién es Daniel Acosta, el nuevo jefe de policía de Rosario
Acosta ya ocupó ese cargo durante 23 días en 2021. Pero fue relevado por el entonces ministro de Seguridad Marcelo Sain. Acosta fue designado jefe de la Unidad Regional II, pero su gestión al mando de la policía duró poco tiempo. Sain lo desplazó, luego de que mantuviera reuniones de carácter político, según la mirada de los funcionarios del área de Seguridad en ese momento.
El contexto era particular, porque se había montado una pequeña protesta de uniformados del Comando Radioeléctrico en la puerta de la jefatura. Tras su salida, Acosta pasó a ser subdirector de zona Sur en la guardia rural Los Pumas y hasta este martes se desempeñaba como jefe de la URVII del departamento General López, con asiento en Melincué.
El manejo de la seguridad está en permanente crisis en Rosario. No sólo pasaron por el cargo once jefes de policía en la Unidad Regional II, sino que hubo cuatro ministros de Seguridad en la provincia, sin que se pueda encontrar un horizonte para contrarrestar el problema que enfrenta Rosario con la violencia que supura de las bandas narcocriminales. Se cometieron 130 homicidios en lo que va del año, después de un 2022 que marcó un nuevo récord en materia de asesinatos: 288.
Brilloni, quien era secretario de Seguridad en la malograda gestión de Rubén Rimoldi, quedó al frente del problema desde febrero pasado. El gobierno nacional envió un refuerzo de efectivos federales en marzo pasado, luego de que se sucediera el ataque al supermercado del suegro de Messi, y la pueblada que se originó en el barrio Los Pumitas, tras el crimen de Máximo Gerez, de 12 años.
La crisis no sólo que no se logró apagar, sino que crece. Los ataques y amenazas a las escuelas desde hace dos semanas sumaron otro problema. El jefe de Gabinete de la Nación, Agustín Rossi, admitió la semana pasada que la situación en Rosario “ha desmejorado”.
Hasta ahora los cambios en el área de seguridad provincial no alcanzaron a dar vuelta el timón ni tampoco alcanzaron los refuerzos de gendarmes y policías federales.
La crisis política que golpea a Santa Fe plantea un escenario inédito en la Argentina: grupos narcos generan un estado de conmoción, en base a crímenes y ataques a balazos a edificios públicos en Rosario, que socava la estabilidad del gobierno santafesino, que ante la ausencia de un plan para enfrentar el crimen organizado sólo cambia las piezas de la conducción de la seguridad -cuatro ministros y once jefes de policía de Rosario en tres años- sin encontrar un horizonte, a pesar de contar con un refuerzo de más de 3.000 efectivos de fuerzas federales.
El gobierno de Omar Perotti, que cuando asumió prometió cortar con el delito, bajo su eslogan “paz y orden”, quedó debilitado tras los sucesivos fracasos. Esa debilidad la aprovechan los grupos criminales, que desde hace tiempo traman atentados que en otros países serían considerados como terroristas. El gobernador convocó en el inicio de la campaña electoral a los referentes de la oposición para abordar el problema. En el plano político todo parece más lento que la realidad.
Una sucesión de nombres en seguridad, sin soluciones
La falta de un plan de seguridad que por ahora no aparece se trasluce en los perfiles disímiles de funcionarios que pasaron por el manejo de la seguridad en Santa Fe. Marcelo Sain, un experto en el tema, alineado con el kirchnerismo, fue quien intentó moldear una reforma policial sin éxito y priorizó la investigación sobre las mafias. Terminó fuera del gobierno tras varios exabruptos que protagonizó por las redes sociales e imputado por espionaje ilegal, que él dice que fue armada.
Le siguió Jorge Lagna, un funcionario peronista, sin ninguna experiencia, que terminó por ser desplazado tras cambiar varias veces los jefes policiales que no le respondían. En su lugar, asumió el excomisario Rubén Rimoldi, un hombre oriundo de la localidad de Casilda, desconectado del problema de la seguridad hace casi una década. También fracasó.
Y ahora lo sucede el excomandante de Gendarmería Claudio Brilloni, que fue el encargado de coordinar el trabajo de las fuerzas federales en Rosario, durante parte de la gestión de Patricia Bullrich cuando estaba en el Ministerio de Seguridad de la Nación.
Al asumir, Brilloni pidió mayor compromiso de la Nación en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. Del otro lado, desde la Nación, respondieron: “No saben lo que quieren”. En Rosario hay actualmente unos 3.000 gendarmes, de los cuales 1.000 están en un destacamento que se creó especialmente para patrullar la ciudad. Los chispazos entre la Nación y Santa Fe se calmaron, pero no la situación social y de inseguridad.
“El problema es que no le responde la policía al gobernador”, ensayan desde la Municipalidad de Rosario. El intendente Pablo Javkin, que tenía una buena relación con Perotti, decidió desde hace un tiempo salir con los tapones de punta. Esto coincide con el inicio de la campaña. Javkin va por la reelección.
Rosario es una de las ciudades con mayor cantidad de efectivos de fuerzas de seguridad del país. A los 5.500 policías se suman 3.500 efectivos de gendarmería. Pero nada parece alcanzar para prevenir hechos violentos que generan extrema conmoción, que son protagonizados por bandas criminales rústicas, marginales, cuyos líderes están todos presos, y manejan desde las prisiones estos estallidos de sangre.
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