Muy pocos sabían qué día y a qué hora, Gustavo Barrientos, jefe de la barrabrava de Patronato iba a salir de la Unidad Penal Nº1 de Paraná, donde estaba preso desde 2015 por ordenar un doble homicidio. El sábado tenía previsto ir a su casa en Colonia Ensayo, en las afueras de Diamante para estar con su pareja.
"Petaco" salió al mediodía de la cárcel y se dirigió a ese pequeño paraje, que creció en los últimos años fruto de los loteos de tierras destinadas para casas de fin de semana.
Barrientos había incrementado su poder desde la cárcel durante los últimos años. Era un hombre que manejaba parte del tráfico de drogas en la capital entrerriana y esa gerencia la mantenía con el control de la hinchada. No le temblaba la mano a la hora de ordenar un crimen para que esa estructura continuara sólida, como cuando le bajó el pulgar hace nueve años a Matías Giménez y Maximiliano Godoy. También tenía una fuerte presencia clientelar en los barrios de Paraná, como lo cuenta Daniel Enz en el libro “Hijos del narco”.
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A Petaco le faltaban sólo siete meses para empezar a salir con libertad condicional de la cárcel. Las breves salidas transitorias que gozaba ahora le servían para acortar esa espera. Nunca se imaginó que después de comer un asado con su pareja la muerte también lo esperaba.
Cerca de las 15.30, antes de tener que regresar al penal de Paraná, cuando estaba en su casaquinta de Colonia Ensayo con su pareja, se escucharon fuertes golpes en los ingresos de la vivienda. No eran los penitenciarios que lo venían a buscar a las 17.30 para volver al penal de Paraná.
Por la puerta principal y la de atrás, cinco hombres vestidos de negro, con sus rostros tapados con pasamontañas, y chalecos antibalas –tres con la inscripción Policía de Santa Fe– irrumpieron todos al mismo tiempo. Gritaron “policía” y con movimientos tácticos, que mostraban un entrenamiento poco usual en el mundo criminal, ejecutaron a Barrientos de tres tiros en la cabeza y uno en el brazo.
Tampoco eran comunes las armas que llevaban, como fusiles AR15 –de origen norteamericano-, FAL y una AK47, y pistolas 9 mm con cargadores largos. Ese es otro enigma. ¿Preveían que se tendrían que enfrentar con otras personas, con guardias?
Su esposa no sufrió un rasguño. Los disparos fueron quirúrgicos. Los sicarios habían llegado a ese lugar en una camioneta Toyota SW4 color negra, con los vidrios polarizados. El vehículo marcaba la primera pista para los investigadores: había sido robada el 26 de enero de 2021 en Rosario. La chapa patente que tenía la camioneta era de una VW Surán de la ciudad de Santa Fe.
Además de los hombres que ingresaron a la casa de Barrientos quedaron tres afuera, en la camioneta. Era una escena de una película de acción que se estaba rodando en un paraje entrerriano. La policía de Entre Ríos cree que participaron ocho sicarios. El crimen duró pocos segundos. Tres disparos en la cabeza y uno en el brazo acabaron con la vida de Barrientos.
Los sicarios se subieron a la camioneta y salieron rumbo a la ruta 11, hacia Diamante. Pero tomaron un desvío antes de llegar a esa localidad. Se dirigieron a Puerto Alvear, una pequeña localidad que está sobre el río Paraná. Allí los esperaba un hombre en una embarcación.
En este punto hay un misterio que por ahora no tiene una explicación clara para los investigadores. Porque el profesionalismo que mostraron los sicarios a la hora de ingresar a la casaquinta de Barrientos y ejecutarlo en pocos segundos se contrapone con lo que ocurrió después, en Puerto Alvear. Porque allí abandonaron la camioneta sin llegar a destruirla.
En crímenes de este tipo el vehículo que se usa se incendia para evitar que los agentes de criminalística encuentren rastros de los asesinos. Y eso ocurrió, porque los peritos “levantaron” una gran cantidad de rastros del interior de la Toyota SW4 que ahora se están analizando. Por ejemplo, en uno de los pasamontañas quedó cabello de uno de los sicarios, que va a ser sometido a una prueba de ADN.
A la par, los atacantes abandonaron el arsenal que utilizaron para irrumpir en la casa de Barrientos. Este es otro dilema para los que investigan este caso. ¿Por qué dejaron armas que son muy difíciles de conseguir en el país, con municiones de alto poder, que tienen un elevado valor en el mercado negro?
Por ejemplo, un fusil AR15 es un arma de asalto liviana y maniobrable, según los expertos, que en Estados Unidos puede llegar a costar 800 dólares, pero en la Argentina ese valor puede ser entre diez y quince veces mayor, porque no se consiguen. Lo usan las fuerzas especiales de Estados Unidos por su ductilidad y su alto poder de fuego, por el calibre que posee que es 5.56 mm.
En un descampado quedaron tirados los tres fusiles, las pistolas 9 mm y varios elementos que se usan para portar las armas, como musleras y fundas. La policía entrerriana encontró además las municiones: 19 balas calibre 762, 28 cartuchos 9 milímetros, 26 calibre 5,56mm con un cargador, 30 calibre 7,62x39 con su cargador.
Dejaron la camioneta, que había sido robada en Rosario en enero de 2021, y las armas. Lo que ocurrió después es otro punto culmine de esta trama. Porque los ocho sicarios se subieron a una lancha y se escaparon por el río, según los testigos que identificó la policía entrerriana.
¿Hacia dónde huyeron? Es otro misterio. Ninguna patrulla de Prefectura de la zona divisó a esa embarcación. Se sospecha que los asesinos cambiaron de ropa para simular que se encontraban en una jornada de pesca.
La principal hipótesis es que cruzaron hacia la provincia de Santa Fe, pero no está claro dónde desembarcaron. Una sospecha es que podrían haber cruzado por los riachos que separan las dos provincias hacia Coronda. Aunque el río subió durante las últimas semanas todavía está bajo y hay dudas entre los investigadores si están dadas las condiciones para navegar por ese tramo repleto de lagunas.
En línea recta desde Puerto Alvear a Coronda hay diez kilómetros. La otra hipótesis es que fueron por el río Paraná hasta la altura de Puerto Gaboto, pero la distancia es mucho mayor, aunque los arroyos intermedios son más profundos. Lo único objetivo es que los ocho sicarios desaparecieron por el río Paraná.
La investigación está en una etapa preliminar, enfocada en los peritajes a la camioneta y las armas, que podrían aportar indicios más claros. La principal sospecha es que los asesinos provenían de la provincia de Santa Fe.
La sombra de Los Monos apareció inmediatamente detrás del asesinato, pero no hay ningún elemento que ligue a esta banda criminal de Rosario con el episodio, que por sus características y la logística que utilizaron la aleja del modus operandi más rústico de la organización que lidera Ariel Cantero. La Agencia de Investigación Criminal de Santa Fe colabora con sus pares de Entre Ríos, tras informar los detalles del robo de la camioneta que usaron.
Fruto de las versiones que empezaron a circular en la cárcel de Paraná sobre la participación de Los Monos o de narcos rosarinos en el crimen de Barrientos, las autoridades judiciales dispusieron el viernes el traslado a una cárcel federal –se mantuvo en reserva el lugar, por ahora- de Germán Ezequiel Velázquez, cuya historia fue publicada en AIRE el 21 de diciembre de 2021, y muestra la expansión del fenómeno narco de Rosario hacia otras regiones del país.
El caso de Velázquez delinea cómo se mueven y reciclan los engranajes que mueven la provisión de estupefacientes desde las fronteras. Este hombre oriundo de Rosario, donde tenía vínculos estrechos con el clan Bassi, se trasladó a la capital santafesina para escapar de la venganza de Los Monos y se recicló como uno de los principales proveedores del narco Luis Paz, ex manager de boxeo, en Paraná. Paz está preso en el penal de Rawson actualmente.
Velázquez se entregó a la justicia el 12 de noviembre de 2021, tras estar prófugo desde el 22 de febrero de 2019, cuando el fiscal federal de Santa Fe Walter Rodríguez ordenó su detención. Está acusado de ser el proveedor de un cargamento de 146 kilos de marihuana que entregó a Luis Paz –condenado a 13 años de prisión- y a su socio el arquitecto Andrés Cantelli el 12 de noviembre de 2018 en el parking de una estación de servicio Axion Energy, ubicada en la ruta 168, que une Santa Fe con Paraná.
El nombre de Velázquez apareció ligado a un entramado violento en Paraná: un triple crimen con sello narco que se produjo el domingo 15 de noviembre de 2020 en el barrio Los Paraísos. El episodio parece encadenarse en esta estrategia brutal, en una ciudad donde hasta ahora había algunos vínculos con narcos de Santa Fe, pero estaba aún indemne de la violencia.
La pregunta que apareció fue ¿Santafesinos que matan a quienes abastecían de droga para quedarse con el negocio? Esa era uno de los interrogantes que quedó flotando tras el triple crimen de Cristian Barreto, alias Tero, de Germán Herlein y de Laureano Morales.
El traslado de Velázquez a un penal federal de la provincia de Buenos Aires responde a que los allegados a Petaco Barrientos en la cárcel de Paraná podrían tomar venganza contra el detenido. Antes de trasladar al rosarino los agentes penitenciarios requisaron su celda y secuestraron dos celulares, que ahora se van a peritar.
El temor de que atenten contra Velázquez responde a que una de las tantas hipótesis que circulan en torno al crimen del jefe de la barra de Patronato señala que este narco rosarino pudo tejer los contactos con sicarios de Rosario para planear la ejecución de Barrientos antes de que saliera en libertad, como estaba previsto dentro de siete meses.
Por las características del crimen de Barrientos, los investigadores de Rosario lo comparaban con el asesinato de Emanuel Sandoval, alias Ema Pimpi, en octubre de 2019, cuando vivía en la casa de un camarista rosarino, donde cumplía la prisión domiciliaria.
En esa oportunidad los atacantes cortaron la luz, y bloquearon el sistema de cámaras de seguridad que tenía la casa, para luego entrar al grito de “Policía” y matar a Ema Pimpi y a otras dos personas. Este muchacho había confesado que había participado del ataque contra el entonces gobernador Antonio Bonfatti en octubre de 2013.
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