menu
search
Policiales Roldán | Los Menores | Rosario

Roldán: usaron detectores de metales para secuestrar un arsenal que estaba enterrado en un terreno baldío

Fusiles, pistolas y más de 2.800 balas fueron incautadas en Roldán. La sospecha es que pertenecen a la banda de Los Menores.

A los agentes de la Central de Inteligencia y Operaciones Especiales (Ciope) y de las TOE les llevó mucho trabajo encontrar este armamento, entre las que se encontraban 12 fusiles y escopetas, entre ellas dos calibre 5.56 mm, tipo AR15, y AK 47, y media decena de pistolas, ya que estaban escondidos dentro de tanques herméticos, que estaban enterrados bajo la tierra y cubiertos por una loza.

Los agentes de la Central de Inteligencia tuvieron que pedir al municipio de Roldán una retroexcavadora para remover la tierra y poder encontrar el escondite donde se encontraban las armas. Era un baldío ubicado en las afueras de Roldán, en una zona poco transitada y que está poco poblada. Los policías tenían la información de que allí gente de la banda de Los Menores, contraria a Los Monos y que hoy copó gran parte de la geografía narco de Rosario, acopiaban gran cantidad de armas de alto poder de fuego.

Allanamientos Roldan 3

Los investigadores llevaron un especialista en detector de metales para poder hallar el escondite. El terreno, que no tenía ninguna construcción, estaba con los pastos altos. En algún momento alguien lo había usado, porque había quedado una pileta de lona abandonada. El hombre que llevó el detector de metales les dijo a los jefes de la Central de Inteligencia que no podía realizar su trabajo porque los pastizales impedían que pudiera pasar el aparato que vibra y activa una alarma cuando aparece algún metal.

Con la retroexcavadora fue más sencillo. El operario comenzó a remover la tierra y en un momento detectaron una loza que estaba enterrada a unos 60 centímetros de la superficie. Luego destruyeron la loza y lograron llegar a un compartimento amplio donde estaban enterrados los tanques de plástico, que eran herméticos. Dentro de los tambores estaban las armas. Los policías incautaron dos fusiles 5.56 mm, tipo AR 15, una AK47, seis pistolas, de marca Glock, ZZ y Bersa, y también unas 800 balas de distintos calibre.

La sospecha es que ese arsenal estaba siendo acopiado de manera subterránea y que en algún momento iba a ser usado. Durante las últimas semanas los enfrentamientos entre sectores de la banda de Los Monos y Los Menores se acentuó, con balaceras al azar en la zona sudoeste y norte, que dejaron varios heridos.

LEER MÁS ► La historia de El Colombianito, un hombre clave en la guerra entre Los Monos y Los Menores

Los investigadores sospechan además que por el lugar, Roldán, las armas podrían estar relacionados con una rama de Los Menores, precisamente Mauro Ayala, un narco de 30 años, que fue detenido a mediados del año pasado, en esa localidad, luego de traer un cargamento de droga del norte del país. Ayala estaba escondido en Salvador Mazza, la frontera con Bolivia, donde, según se presume, tenía contactos que no sólo le daban las condiciones necesarias para permanecer prófugo, sino también que eran sus proveedores.

Cuando los agentes se estaban realizando el operativo, una camioneta Amarok apareció para ver qué pasaba. Dentro había tres ocupantes, uno de ellos hermano de uno de los integrantes de la banda de Los Menores. Estas personas fueron detenidas por orden de la Fiscalía de Rosario. Fueron los únicos aprehendidos, ya que en el terreno no había nadie.

Antes de este operativo, los mismos agentes habían allanado una chacra en Ibarlucea, a unos 30 kilómetros de Rosario, donde también estaba deshabitada. En el lugar secuestraron 2.000 municiones 9 milímetros y algunas armas de caza. Lo que les llamó la atención es que dentro de un galpón había una pequeña retroexcavadora. Hicieron una búsqueda por el terreno, que era más grande, pero no lograron detectar nada.

Allanamientos Roldan 4

El secuestro de las armas se produjo en un contexto tenso en Rosario, dentro de la geografía narco de la ciudad, donde empiezan incrementarse los episodios de violencia. Desde hace tiempo hay una guerra de baja intensidad entre lo que queda de la banda de Los Monos, debilitada desde los últimos dos años, y una contraparte narco en expansión: el grupo criminal conocido como Los Menores.

La caída de los distintos eslabones de lo que fue el clan Cantero acentuó aún más esa disputa y fortaleció a Los Menores, que dominan la barra brava de Rosario Central y están cerca de quedarse con la barra contraria, la de Newell's, que hoy sigue bajo influencia de un sector de Los Monos.

Durante el último año y medio fueron asesinados de manera quirúrgica unos 15 miembros de Los Monos. Parecían hechos aislados, pero fueron ejecutados por sicarios de Los Menores, que buscan quedarse con los últimos refugios de Máximo Cantero, conocido como El Viejo, en Vía Honda, en el sudoeste de Rosario. En esta ciudad, los enfrentamientos entre grupos criminales se evidencian con los agujeros de las balas en las fachadas, como ocurre desde hace más de una década y media.

LEER MÁS ► Una guerra narco emerge detrás del recrudecimiento de las balaceras en Rosario

La semana pasada, Rosario registró al menos cinco ataques a tiros con un hilo conductor común: notas amenazantes dirigidas a presos del penal de Piñero y referencias explícitas a una escalada de violencia en el barrio Toba que se inició el fin de semana largo de febrero.

El primer ataque ocurrió en el estacionamiento del supermercado Carrefour, del barrio República de la Sexta, en Ocampo y Chacabuco, cuando dos hombres en moto dispararon al menos nueve veces en dirección a Luciano P., un vecino del barrio de 33 años que ingresaba al comercio sin sospechar nada. Una bala le impactó en la cintura. Fue trasladado al sanatorio Laprida en estado estable. La policía levantó las vainas —todas calibre 9 milímetros— y encontró junto al cuerpo algo que ponía en contexto la escena: un papel con una nota amenazante. No era un ataque al azar. Era un mensaje.

Por este hecho, fue detenido un ciudadano colombiano que tiene un largo historial sobre sus espaldas. Víctor Sleyner Acevedo Figueroa fue deportado a Colombia en 2023 y regresó sin que nadie lo viera. Desde un departamento del centro de Rosario comenzó a mover los hilos de la guerra entre lo que queda de Los Monos y una banda que crece sin pausa: Los Menores.

Allanamientos Roldan 1
Los policías incautaron dos fusiles 5.56 mm, tipo AR 15, una AK47, seis pistolas, de marca Glock, ZZ y Bersa, y también unas 800 balas de distintos calibre.

Los policías incautaron dos fusiles 5.56 mm, tipo AR 15, una AK47, seis pistolas, de marca Glock, ZZ y Bersa, y también unas 800 balas de distintos calibre.

Había prometido no volver. O al menos eso exige la ley argentina cuando deporta a un extranjero condenado por narcotráfico y tenencia de armas de guerra. Pero Víctor Sleyner Acevedo Figueroa, colombiano, 33 años, conocido en los circuitos del crimen organizado de Rosario como El Colombianito o el Nene, nunca fue hombre de cumplir promesas que no le convenían. El 3 de agosto de 2023 fue escoltado por agentes federales hasta el aeropuerto y embarcado rumbo a Colombia, luego de purgar en la cárcel de Piñero una pena unificada por venta de drogas y portación de material explosivo y arma de fuego de guerra. El sábado 28 de febrero de 2026, la Policía de Seguridad Aeroportuaria lo detuvo en un departamento de , en el centro de Rosario, a tres cuadras del Monumento a la Bandera.

Nadie sabe exactamente cuándo volvió ni por dónde entró. Los investigadores dan por descontado que lo hizo a través de algún paso clandestino. Lo que sí saben es que en esos meses de anonimato forzado, el colombiano tomó precauciones que delataban a un hombre acostumbrado a operar en la sombra: salía únicamente en horario nocturno, cubría su rostro en la calle, se ejercitaba dentro del departamento para evitar los parques. No era paranoia, era disciplina. La misma que había aplicado dentro de la cárcel de Piñero cuando, siendo delegado.

LEER MÁS ► Un juicio por un doble femicidio que expone las sangrientas tensiones de las bandas narco

El denominador común de los ataques con mensaje remite a eventos ocurridos entre el 14 y el 16 de febrero en el barrio Toba, a pocas cuadras de La Lagunita. En ese fin de semana largo, un homicidio y al menos dos baleados marcaron el inicio de la disputa. Los papeles encontrados en las escenas son la respuesta: amenazas cruzadas, cuentas pendientes, órdenes que circulan entre la cárcel y la calle.

En ese circuito de los mensajes aparece el apodo "Churro". Se trata de Claudio Nahuel Canavo, condenado en 2021 a 17 años de prisión por haber sido uno de los gatilleros en la serie de 14 atentados contra sedes judiciales que sacudió Rosario entre julio y agosto de 2018, tras las condenas a los jefes de Los Monos.

Esa saga —en la que también fue condenado por el homicidio de Marcelo Álvarez, en septiembre de ese año— lo ubicó como un operador cercano a Lucía Uberti, quien coordinaba los tiroteos por instrucciones de Ariel "Guille" Cantero desde la prisión. Hoy Canavo sigue preso, pero su nombre vuelve a circular en los papeles que aparecen junto a los casquillos.

LEER MÁS ► Una historia terrible que pone a los menores en discusión desde otro enfoque: el de víctimas

La modalidad es conocida. En Rosario, los mensajes a balazos funcionan como telegramas de guerra: el objetivo no siempre es matar, sino hacer llegar un aviso a alguien que está del otro lado de un muro. Los blancos circunstanciales —un vecino que paga el estacionamiento, una camioneta que no tiene nada que ver, una familia que cruza la calle— son el soporte físico del mensaje. La violencia no necesita precisión: necesita volumen y visibilidad.

Lo que aparece como trasfondo de todos estos ataques es la disputa territorial en el sudoeste rosarino, donde Los Monos y Los Menores han venido chocando por el control de zonas en las que conviven el narcomenudeo y el cobro de extorsiones. La zona Toba-La Lagunita es uno de esos bordes calientes donde el equilibrio es frágil y cualquier homicidio puede desencadenar una escalada. El fin de semana del 14 al 16 de febrero fue la chispa. Lo que vino después, distribuido en cuatro ataques en distintos rincones de la ciudad, fue la respuesta.

LEER MÁS ► Un exarquero de la Selección de Paraguay era uno de los socios del narco de las mil caras

Fuentes policiales indicaron que los ataques fueron llevados adelante por jóvenes que son los últimos eslabones de las bandas, e incluso varios ni siquiera pertenecen al grupo narco, sino que por poco dinero —unos 200.000 pesos— llevan adelante estas tareas. Los investigadores señalaron que una maniobra frecuente con los carteles es poner en evidencia a una persona, hacerla visible —como en este caso a Churro—, cuando en realidad los ataques los realiza el grupo rival.

Esteban Alvarado, uno de los narcos más poderosos de Rosario, fue quien expuso este tipo de maniobras con el asesinato del prestamista Luciano Maldonado, cuyo crimen ordenó desde la cárcel. Al lado del cadáver habían dejado un cartel que decía "plata o muerte", el lema que Los Monos habían impuesto en las extorsiones a comercios y empresas.

Informe de Rodrigo Miró desde Rosario

Embed