En el frente de una casa, en Monseñor Zaspe al 4100 de la ciudad de Santa Fe, aún hay una marca en la pared de un disparo. Es sólo un recuerdo del infierno porque la peor marca, tal vez definitiva, sea la de dos familias que fueron víctimas directas de un irracional ataque: el 29 de diciembre de 2017 Facundo Solís, asesinó a balazos a 5 personas: cuatro familiares de su expareja y a la propia Mariela Noguera, con quien había tenido dos hijos.
La primera versión de los hechos de aquella siesta sobre este rincón de barrio Santa Lucía, daba cuenta de un sujeto armado atrincherado en una vivienda. Y luego, como un conteo absurdo, empezaron a agregarse víctimas. Primero tres, luego cuatro. Más tarde y definitivamente, cinco.
Facundo Solís, por entonces agente penitenciario, fue a buscar los dos hijos que tenía con Mariela Noguera fruto de una relación que ya estaba completamente agotada, hacía tiempo. Los llevó a la casa de su madre y regresó armado y decidido a cometer uno de los hechos más sangrientos de la historia penal del país. Eran las dos de la tarde.
La última en ser asesinada fue Mariela. Ella había llegado velozmente desde su trabajo hasta su casa porque Solís le había contado por teléfono lo que había hecho: asesinó a su hija Aylén y a su novio Joel; luego mató a “Cuqui” Loseco, mamá de Mariela y después a Sonia Noguera, quien era la hermana de Mariela y tenía 49 años. Como testigo de esto estaba Franco, hijo de Sonia, quien también resultó herido en uno de sus brazos. A este, Solís le dijo: “Tranquilo, a vos no te toca”.
Mariela Noguera había denunciado a Solís en varias oportunidades. Pero ella renegaba cada vez que quería hacerlo porque sostenía que “tenía contactos en la fuerza” por ser agente penitenciario y las denuncias no prosperaban. Existía una restricción perimetral que impedía acercarse a 200 metros de la casa de la víctima. Los propios vecinos ya no toleraban a Solís, a quien calificaban como una persona violenta y agresiva.
Para contextualizar la vida de Mariela en sus últimos años alcanza con leer la carta que encontraron sus familiares en la vivienda. Tenía fecha del 3 de noviembre de 2017, estaba dirigida a Aylén, su hija mayor, y decía, entre otros presagios: “Si me llegara a pasar algo, lo que sea, por favor cuidá de tus hermanos. Nunca los dejes solos”. Además, otro indicio del peligro real son las fotos en donde se ve el arma sobre la mesa a la hora de la comida, al lado de su pequeña hija. Algún mensaje también solía Mariela postear en Facebook, sin destinatario, pero indirectamente dirigidos hacia Solís.
El 4 de junio de 2019, Facundo Solís, en un acuerdo de procedimiento abreviado, fue condenado a prisión perpetua como autor de cinco homicidios. Acá también, como en el caso Feruglio, ocurrido un año antes, se agregó la calificación de femicidio vinculado, crímenes realizados con la intención de hacer sufrir a su ex pareja.
Hoy pasaron 5 años. La familia Noguera y la familia de Yoel Soto fueron víctimas directas de este demencial ataque a tiros. Sobre esa calle sin salida, en Monseñor Zaspe al 4100, del barrio Santa Lucía, aún quedan marcas en las paredes de las balas. Como si se tratara de un tatuaje que nadie quiere borrar. Un recuerdo del horror para tener presente lo sucedido pero que, sin dudas, pesa como plomo sobre las almas de los familiares.
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