En diciembre de 2018 el empresario ligado al juego clandestino Leonardo Peiti recibió un llamado del fiscal Gustavo Ponce Asahad, que lo convocó a una reunión en un bar en Mendoza y Oroño, en Rosario, a la vuelta del departamento donde vive el funcionario del Ministerio Público de la Acusación. Peiti contó, cuando declaró como arrepentido a los fiscales Matías Edery y Luis Schiappa Pietra, que Ponce Asahad le avisó que había una causa sobre juego clandestino que investigaba el fiscal Matías Merlo en Melincué.
Tras poner sobre la mesa una serie de detalles le ofreció que a cambio del pago de 5.000 dólares mensuales le podría dar una especie de abono: le pasaría información sobre la causa en Melincué y evitaría que se originara cualquier investigación en Rosario, el territorio que más le importaba a Peiti, que heredó de su padre Roberto la red de garitos que él multiplicó y luego canalizó en empresas legales vinculadas al juego en Mar del Plata, Misiones, Formosa y Paraguay.
¿Hasta ese momento nadie desde el Estado había detectado los negocios turbios e ilegales de este hombre? ¿Cómo acumuló la fortuna que se sospecha que tiene? A Peiti le preocupaba que su nombre no apareciera ligado a lo ilegal porque se podrían caer sus negocios legales. En 2014 inauguró el casino del hotel Sasso en Punta Mogotes, Mar del Plata, que es propiedad del Sindicato de Gastronómicos que maneja Luis Barrionuevo.
La propuesta de Ponce Asahad surtió efectos concretos, según la investigación de los fiscales Matías Edery y Luis Schiappa Pietra. El 8 de diciembre de 2018, el entonces Fiscal Regional Patricio Serjal le pide una reunión a su par de Venado Tuerto Alejandro Sinópoli para interiorizarse de la causa de juego ilegal en Melincué que seguía adelante Merlo.
Unos días después, el fiscal Merlo pidió que le autorizaran ordenar una serie de allanamientos contra varios garitos que venía investigando. Quien debía controlar esas pesquisas era Ponce Asahad, que estaba al frente de la oficina de allanamientos. Ponce Asahd, según el relato de los investigadores, rechazó las órdenes por falta de indicios.
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En ese momento, los casinos clandestinos se levantaron. Y cuando meses después se concretaron los allanamientos los efectivos de la Policía de Investigaciones no encontraron nada.
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El combo a cambio del abono de la coima había funcionado. Incluso hasta hoy, porque Peiti nunca fue condenado ni imputado. En la audiencia, los investigadores contaron que en su declaración el fiscal Merlo recordó que apareció un indicio en otra causa, en la que está imputado el abogado Antonio Di Benedetto por una supuesta estafa inmobiliaria. En un audio una persona le recomienda a este hombre “Serjal te puede dar una mano”, algo que el fiscal regional hizo con dos acusados en la megaestafa inmobiliaria.
A partir de ese momento, según declaró el propio Peiti, el empresario le pagó religiosamente cada mes esa suma de dinero. Pasaba por Oroño en su Audi y ni siquiera se detenía. Muchas veces, Ponce Asahd lo esperaba en el cantero central del bulevar, Peiti paraba el auto en doble fila y estiraba su brazo con el sobre y se lo entregaba al fiscal. Un amigo del empresario declaró que estuvo presente en estos encuentros entre ocho y diez veces. “Peiti sacaba el sobre de la guantera y se lo entregaba”, declaró.
A la luz del volumen de los negocios oscuros que este hombre manejaba, el aporte de 5.000 dólares mensuales parecía una suma modesta. Pero una causa externa empezó a complicar todo. El 1º de julio del año pasado dos jóvenes en moto pasaron por el edificio de Servando Bayo al 1000, donde dispararon once balazos y escribieron con aerosol rojo en una pared el mensaje: “Leo pagá”.
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Esa propiedad pertenecía a Peiti y era el destinatario del apriete que venía nada menos que de la banda de Los Monos. Maximiliano Díaz, alias Cachete, lugarteniente de Ariel Cantero, le pidió mucho más que los fiscales: 400.000 dólares a cambio de no ser blanco de más atentados.
Peiti recurrió a los fiscales a los que les pagaba el abono. El empresario admitió en su declaración que estaba asustado. En esas circunstancias se reunió por primera vez con el número uno de la fiscalía de Rosario Patricio Serjal, que le dijo -según el testimonio del “arrepentido”- que “no estaban dadas las condiciones para qhacer la denuncia. Seguí cumpliendo con los pagos”.
Nueve meses después de que sellara el “acuerdo”, Ponce Asahad le pidió como favor a Peiti un adelanto de la cuota porque pretendía irse de vacaciones a Europa. En setiembre de 2019, el empresario dijo que le entregó 10.000 dólares. Al fiscal lo llamaba a un número que había agendado como “Aldo Lape”, en referencia a la cabeza calva del fiscal.
Dos meses después, el 13 y 14 de noviembre pasado, el empresario y Serjal se encontraron, según la evidencia de la causa, en el hotel Etoile del barrio de Recoleta, en Buenos Aires. Serjal fue con el auto oficial y con su chofer, según el registro de las cabinas de peaje de la autopista y la cámara de una estación de servicio.
En esa reunión después del desayuno en el salón del hotel cuatro estrellas, cerca del famoso bar La Viela, Serjal le pidió un aumento de la cuota, como si fuera una especie de negociación paritaria. Esta relación llegó hasta julio, cuando Peiti se quebró y “entregó” a los fiscales con su declaración como arrepentido.
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