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Policiales Ciudad de Santa Fe | abuso sexual | Julio César Rizza

Por qué Julio Rizza, el sindicalista condenado por abuso sexual, quedó en libertad: las claves del fallo

Julio Cesar Rizza llegó al juicio en libertad y ahora deberá pasar 8 años en prisión por abuso sexual. Sin embargo, tras la condena, se fue a su casa. Los jueces explicaron por qué no se dictó la prisión preventiva.

El tribunal de jueces que condenó al secretario general del Sindicato de Canillitas de Santa Fe, Julio César Rizza (64), dio a conocer los fundamentos de la sentencia. A pesar de la condena por abuso sexual, Rizza seguirá en libertad hasta que la resolución del juicio de primera instancia quede firme.

Los jueces Pablo Spekuljak, Jorge Patrizi y Gustavo Urdiales impusieron una pena de 8 años de prisión para Rizza, quien llegó al juicio con medidas alternativas a la prisión. Al finalizar el debate, no avalaron el pedido de prisión preventiva que realizó la Fiscalía y, de esa manera, Rizza se fue a su casa, a pesar de la condena.

En los fundamentos de la sentencia, los jueces explicaron que no hay riesgo de fuga por el fuerte arraigo familiar y laboral que tiene Rizza; además, “ningún testigo refirió encontrarse amedrentado”, detallaron los jueces, y destacaron que el condenado transitó todo el proceso en libertad y siempre estuvo a disposición de la justicia.

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La joven denunciante, hoy de 21 años, declaró en el juicio contra Rizza

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Un sindicalista condenado y libre

Julio César Rizza fue condenado como autor de abuso sexual gravemente ultrajante calificado por la convivencia y por la edad de la víctima, que es hija de su pareja actual, una joven que hoy es mayor de edad y sostuvo haber sido abusada por Rizza entre los 11 y los 16 años, en el camping denominado Los Canillitas, en la vivienda que compartieron en Santa Fe y en un domicilio de Colastiné Norte.

Los jueces valoraron primero el propio relato de la víctima en el juicio, quien dio cuenta de las circunstancias de modo, tiempo y lugar de los abusos. La joven relató que los abusos consistieron en tocamientos en sus partes íntimas por encima de la ropa.

Los abusos comenzaron en un bungalow del camping de Los Canillitas, cuando se encontraban su mamá, Rizza y su hermano. Los hechos continuaron en la vivienda en la que compartían en Santa Fe: “Él iba de vez en cuando a dormir y había momentos en donde estábamos solos y ahí también pasaba", relató la joven. Del testimonio de la denunciante se desprende que los tocamientos eran habituales y ocurían dentro de las viviendas.

El tribunal destacó la coherencia y la verosimilitud del relato brindado por la joven, quien describió situaciones y episodios concretos y detallados de los abusos cometidos por Rizza. En el período de tiempo en que ocurrieron los abusos, la denunciante manifestó: "No me acuerdo muy bien cuándo empezó, pero tenía entre 11 o 12. No puedo decir exactamente bien, hasta los 16, que fue cuando lo corté yo, y en 2020 me animé a denunciar".

En cuanto al develamiento de los abusos y a la denuncia, la joven relató que la primera vez que habló fue en el 2020, cuando empezó a tener ataques de ansiedad, indicó que todos esos años la pasó muy mal, que no sabía si era que tenía depresión, que se sentía muy sola, no tenía ganas de ir a la escuela, siempre había un momento dónde estaba mal, se ponía triste sin razón, y que en el 2020 no sabía cómo empezó a pensar que algo había estado pasando y que tenía relación con todo el malestar de todos esos años. Es así que empezó terapia y logró contarle a la psicóloga después de dos o tres meses y después a su familia.

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Ignacio Alfonso Garrone, abogado defensor del caso.

Ignacio Alfonso Garrone, abogado defensor del caso.

La joven también se lo pudo contar a una pareja que tenía, una relación con una persona que no vive en el país, ya que la notaba muy enojada y frustrada y le insistía en que le cuente que le estaba pasando: "Y dije 'bueno, ya está, lo tengo que decir', y al poco tiempo lo hablé con mi psicóloga, le conté que había pasado por situaciones de abuso y que me quería ir de mi casa y que quería hacer algo con eso, pero que tenía mucho miedo".

Los jueces destacaron que “del develamiento surge clara la falta de motivación de la víctima para denunciar, que se lo contó primeramente a una pareja que vivía en México, esto es, una persona que se encuentra completamente ajena a su vida diaria y que por la distancia geográfica se encuentra fuera de su círculo de vida, sintiendo de este modo un menor peso en juzgarla, todo ello por los sentimientos de vergüenza, temor a que no le crean, inseguridades. Este develamiento sumado a que la segunda persona a la que se lo cuenta es la psicóloga en terapia, esto es, una profesional que con una serie de herramientas logra que pueda contar, dos develamientos paralelos que resultan en un relato verosímil, inmotivado, coherente entre sí”.

Por último, se lo cuenta a su papá y a la pareja en agosto de 2020, haciendo la denuncia en septiembre de ese año. Previo a esto, en julio de 2020, la joven logró irse de la casa que su madre y Rizza compartían en Colastiné, y se mudó con su papá. El hombre declaró en el juicio y sostuvo que se enteró de los abusos de Rizza porque en junio o julio de 2020 su hija le dice que no quiere estar más en la casa materna, que se quiere ir, entonces va a vivir a su casa; así empezó a ir a terapia y a los dos o tres meses le dijo que quería contarles algo: "Julio me abusaba"; el padre le dijo que se quede tranquila, que la iba a apoyar e iban a hacer la denuncia.

La psicóloga de la joven también declaró en el juicio y refirió que cuando comenzó la terapia estaba en un estado emocional muy delicado, que el tratamiento al principio era muy difícil, miraba para abajo, le costaba muchísimo explicar las cosas. Le llamó la atención su higiene, había cuestiones que no registraba y fue un proceso muy lento para que ella empiece a hablar y pueda expresar lo que le pasaba: "Le horroriza que no le crean", dijo en el juicio la profesional.

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Por último el tribunal explicó por qué no dictó la prisión preventiva de Rizza, quien continuará con medidas alternativas hasta que la sentencia quede firme. Para los jueces, no hay peligro de fuga ya que Rizza conocía la pena que se pedía y también la prueba en su contra “e igualmente se presentó al debate –destacándose en este punto su conducta procesal”, entendió el tribunal.

Agregaron los jueces que el enjuiciado tiene un fuerte arraigo familiar, con una familia numerosa y un hijo pequeño y que posee arraigo laboral atento a su actividad ligada al sindicalismo. Finalmente, en cuanto al entorpecimiento probatorio, añadieron que “si bien no fue planteado por la Fiscalía, vale precisar que tampoco ningún testigo refirió encontrarse amedrentado, de modo que no corresponde hacer lugar a la medida” de prisión preventiva que solicitó la Fiscalía hasta que la presente condena -en su caso- quede firme.