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Policiales Rosario | Germán de los Santos |

La historia de la torre de un Fonavi que irradió sangre y terror en Rosario

Está ubicada en el parque del Mercado, que fue allanado esta semana por la PDI para buscar a miembros de la banda de René Ungaro, quien junto a otro preso, intentaron generar pánico al ordenar el ataque a un colectivo.

En la pandemia, el hueco del ascensor de una de las torres del Fonavi del Parque del Mercado, en la zona sur de Rosario, se transformó en un basurero. El elevador estaba descompuesto y los habitantes de uno de los edificios decidieron tirar sus residuos en el hueco del ascensor. El olor era nauseabundo y todo se llenó de ratas.

Gran parte de los departamentos estaban usurpados, varios aún hoy, por gente del Brujo, de René Ungaro, que a pesar de que estaba preso en ese momento en el penal de Rawson, seguía dando órdenes. El municipio tuvo que pedir varios volquetes para retirar la basura de ese compost vertical.

En esa zona, Ungaro ordenó decenas de crímenes, entre ellos, los de la profesora de danzas árabes Virginia Ferreyra y su madre, Claudia Deldedebbio, que en julio de 2022 esperaban el colectivo en la plaza Rodolfo Walsh y un grupo de soldaditos del Brujo les disparó para provocar pánico y tratar de evitar que su jefe fuera trasladado al penal patagónico.

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Ese lugar, copado durante años por soldaditos de Ungaro, fue allanado este martes. Cuando los policías irrumpieron en la torre 8 del Fonavi más grande del país, donde viven más de 50.000 personas en el sur de Rosario, encontraron 10 kilos de cocaína en un departamento que estaba vacío.

El hallazgo se produjo en el marco de 30 allanamientos en ese sector de la ciudad contra la banda que lidera Ungaro, actualmente preso en Marcos Paz, y que se sospecha, junto a otro preso en la cárcel de Piñero, a 20 kilómetros de Rosario, habrían planeado el ataque a balazos contra un colectivo hace dos semanas.

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Ungaro ordenó decenas de crímenes, entre ellos, los de la profesora de danzas árabes Virginia Ferreyra y su madre, Claudia Deldedebbio.

Ungaro ordenó decenas de crímenes, entre ellos, los de la profesora de danzas árabes Virginia Ferreyra y su madre, Claudia Deldedebbio.

Los allanamientos fueron ordenados por los fiscales Gisela Paolicelli, Franco Carbone y Ramiro González Raggio, y fueron realizados por la Policía de Investigaciones y la División de Asuntos Internos, con colaboración de la Tropa de Operaciones Especiales. La raíz de la causa es un hecho que ocurrió a principios de setiembre, cuando un adolescente de 16 años atacó a tiros un ómnibus de la línea 146 bandera roja.

Este hecho provocó preocupación en el gobierno de Santa Fe, ya que hizo encender el fantasma de que podría repetirse algo similar a lo que ocurrió a principios de marzo pasado, cuando desde la cárcel de Piñero y Ezeiza presos vinculados a Esteban Alvarado ordenaron matar a cuatro trabajadores al azar, dos taxistas, un chofer de colectivos y un empleado de una estación de servicio.

Estas maniobras mafiosas generaron pánico en Rosario, donde la ministra de Seguridad Patricia Bullirich se vio obligada a reforzar el llamado operativo Bandera. Desde ese momento, en Rosario bajaron los homicidios de manera abrupta. En los primeros ocho meses del año el descenso de los asesinatos fue de más del 62 por ciento, con respecto al año pasado.

El joven fue detenido unas horas después en un departamento del complejo Fonavi de Sánchez de Thompson al 100 bis, cerca del lugar del atentado, junto a dos adultos que también quedaron arrestados por la posesión de 39 envoltorios de cocaína, un chaleco balístico, una balanza de precisión, cuatro chips de una empresa de telefonía y dinero en efectivo. Esa zona fue este martes blanco de nuevos allanamientos. Una de las sospechas es que un recluso del penal de Piñero habría ordenado el ataque contra el colectivo. Este preso, que está en uno de los sectores considerados de alto perfil, tiene vínculo con Ungaro, que dominó ese sector de la ciudad durante mucho tiempo.

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Los investigadores secuestraron el teléfono del menor, en el que encontraron un video que grabó el mismo chico en el momento de disparar contra el ómnibus. Este tipo de videos los realizan los soldaditos para acreditar ante quienes le encargaron el atentado que cumplió con el objetivo. Esa filmación habría ido a parar al recluso de Piñero, que cuando allanaron el pabellón rompió el teléfono y lo arrojó a la cloaca.

El chico detenido, que fue la clave para avanzar en la investigación, carga con un apodo conocido en la zona sur: “Soretito”. Los adolescentes están dentro del mercado de la muerte desde hace tiempo. Cuando se habla de crimen organizado en Rosario de manera general muchos piensan, incluida parte de la dirigencia política, de un sistema que se enfrenta al Estado con herramientas y estrategias sofisticadas de una mafia, que en Rosario nunca llegó a consolidarse.

El error está en desconocer a los protagonistas de una violencia que se alimenta de la venta de drogas al menudeo y otros emprendimientos criminales que son rústicos, precarios, y que demarcan que sin una mínima complicidad no podrían persistir mucho tiempo. Y es, justamente, eso lo que evidencia la permanencia del negocio ilegal de jóvenes que matan como forma de una subsistencia macabra.

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Ungaro dio las directivas desde el penal de Ezeiza.

Ungaro dio las directivas desde el penal de Ezeiza.

Por 30.000 pesos los Cortez, padre e hijo, asesinaron, por orden de Ungaro, a dos mujeres que esperaban el colectivo el 23 de julio de 2022, en la zona que fue allanada este martes. Ungaro dio las directivas desde el penal de Ezeiza, días antes de ser trasladado a Rawson. El objetivo del ataque era disparar contra “cualquiera”, no importaba quién fuera el blanco. La lejanía y soledad de la Patagonia había encendido la rabia de este hombre que nació en el barrio La Tablada, en la zona sur de Rosario, y que proviene de una familia que estuvo enredada en los inicios de la expansión del negocio de la venta de drogas.

Por 30 dólares Fernando Cortez, de 45, y su hijo Lautaro, de 20, cumplieron con la orden de matar a cualquier persona que se atravesara en su camino, sin importar quiénes eran. El 23 de julio de 2022 Claudia Deldedebbio y su hija Virginia Ferreyra esperaban el colectivo en la plaza Rodolfo Walsh, en el sur de Rosario. Claudia, de 58 años, había preferido acompañar a su hija a la parada por temor a la inseguridad. Ambas estaban paradas cuando un auto paró a unos metros de donde se encontraban. Lautaro Cortez se bajó del vehículo que conducía su padre y comenzó a disparar contra la torre Nº11, donde viven varios tranzas que venden droga en la zona. El joven de 19 años preguntó a las dos mujeres: “Y ustedes qué miran”. Y comenzó a dispararles, a cumplir la orden que les había dado Ungaro. Claudia falleció en el acto, a causa de las heridas de bala, y su hija agonizó casi dos meses, y falleció 24 de septiembre de 2022.

El padre e hijo que actuaron de sicarios fueron acusados no sólo por el doble homicidio, sino también por balear el Centro Municipal de Distrito Sur el 4 de septiembre de 2022. Ese atentado también fue instigado, según la acusación, por Ungaro, que proviene de una familia de mafiosos y narcos de la zona sur de Rosario. El Brujo fue condenado por narcotráfico y por asesinar en 2010 al jefe de la barra de Newell’s Roberto Pimpi Camino. Se alió luego con otra familia de narcos de la zona como el clan Funes. Y desde la cárcel, donde estuvo gran parte de su vida, continuó con la administración de la violencia y sus negocios.

Esta trama exhibe con nitidez la naturalidad con la que se usa una violencia extrema en Rosario, que utiliza una mano de obra de personas, que nacieron y se criaron fuera del sistema. Es un sicariato prácticamente de subsistencia.