El crimen se tramó como una especie de emboscada. La idea era que Claudio Casco reapareciera en escena en Santa Fe para ejecutarlo. El Pulga, como apodan a este narco, se había esfumado. Estaba prófugo junto con su pareja Lorena Melgarejo desde el 22 de febrero de 2020 –ambos fueron detenidos en un hotel en Resistencia el miércoles pasado–, cuando una avioneta aterrizó en un camino rural de San Justo con 200 kilos de cocaína que provenían de Paraguay. Se presume que vivían “escondidos” en Uruguayana, en la frontera entre Argentina y Brasil, donde los límites son difusos, aunque retornaban cada tanto a la ciudad de Santa Fe, a visitar a los parientes e incluso a atenderse en un sanatorio de la capital santafesina, ante la extraña pasividad de la policía santafesina.
La estrategia se basaba en que el crimen de un soldadito iba hacer visible a Casco, y lograría dejar al descubierto que algo comenzaba a resquebrajarse en un negocio donde el que desaparece siempre está amenazado de perder el control. El elegido fue Gonzalo Ojeda, conocido como Pandu, que fue asesinado el 13 de marzo pasado en la puerta del boliche La Loca. Según información de la causa, Pandu pertenecía a la organización criminal que dominaban Casco y Melgarejo a la distancia. Ojeda era ahijado de la mujer.
Su muerte, según la mirada de los investigadores, iba a forzar un regreso cargado de urgencia del Pulga. Pero eso no ocurrió. Casco no reapareció, como pensaban sus enemigos. Mandó un soldadito con un bolso lleno de plata que le entregó a la familia de Ojeda cuando lo estaban velando. Una moto paró y entregó el dinero, una retribución que configuraba una especie de indemnización, y desapareció.
La hipótesis que se manejaba en la causa es que los Bergallo querían aprovechar la situación para correr del negocio a los prófugos. Todos habían pertenecido a la misma banda pero ahora los caminos se habían bifurcado.
Uno de los tres imputados en el crimen de Ojeda fue Sandro Mendoza, yerno de Luis Bergallo, conocido como Coco, que fue detenido en 2017, cuando se había postulado a concejal por Compromiso Ciudadano, por tráfico y venta de drogas en Santa Fe. Coco manejaba el negocio de la droga, de acuerdo al procesamiento de la causa que investigó el fiscal Walter Rodríguez, junto con sus hermanos, entre ellos, Darío, que tenía contactos aceitados en la cárcel de Coronda. Ahora Coco está en libertad y maneja una verdulería, según allegados al excandidato.
Uno de los nexos que prueba la relación entre Casco y Melgarejo con los Bergallo es a través del expolicía Carlos Maldonado, alias Pipi, que fue detenido cuando cayó el clan del excandidato a concejal y también luego de que la avioneta cargada de cocaína –droga que desapareció– aterrizó en San Justo. Maldonado era el que esperaba en un Fiat Palio Azul el cargamento de droga que traía el piloto paraguayo Juan Fleitas González. Dos días después fue detenido en Tostado, donde se había refugiado porque sabía que lo buscaban. Sus jefes Casco y Melgarejo también habían desaparecido.
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Otra punta que acerca esta hipótesis del crimen de Ojeda es que fue condenada como partícipe del crimen Brenda Bergallo, la hija de Coco, que era pareja de Mendoza, uno de los supuestos sicarios. Para desligarse de esa trama desde el entorno del exconcejal dicen que Coco tiene ahora una mala relación con la hija por este tema.
Lo concreto es que esta supuesta tensión entre grupos ligados al narcotráfico nunca terminó con el objetivo de dejar fuera del negocio a Casco y Melgarejo, que –de acuerdo a las fuentes consultadas en el Ministerio de Seguridad de la Nación- eran jugadores de alto nivel en la geografía narco santafesina y la región. La sospecha es que tras huir de Santa Fe empezaron a tejer relaciones con otros grupos cercanos a la frontera con Brasil y Paraguay.
Incluso, hay información de tareas de inteligencia criminal que señalan que Casco y Melgarejo tenían contactos estrechos con “sintonías” –jefes en la logia narco– de Primer Comando Capital, el grupo criminal que se originó en Brasil en la década del 90 y está en un periodo de expansión hacia otros países del Mercosur, con un foco de interés en la hidrovía Paraná-Paraguay.
Melgarejo y Casco fueron atrapados el miércoles por un grupo de la Policía Federal en un hotel céntrico en Resistencia, Chaco. Estaban alojados con identidades falsas. ¿Qué hacían en Resistencia si su lugar de residencia era Uruguayana? La hipótesis que manejan en el Ministerio de Seguridad de la Nación, que siguieron el caso, es que la pareja de prófugos seguía en el negocio del narcotráfico. “Se movían por la zona de fronteras entre Paraguay y Brasil, una región donde hay que tener mucho dinero para mantenerse prófugo durante tanto tiempo”, explicaron.
El viernes Casco y Melgarejo fueron indagados en el Juzgado Federal de Santa Fe pero, como era de esperar, no abrieron la boca. Es probable que nunca lo hagan. Esta pareja quedó en el radar, porque la DEA estaba siguiendo los nexos de grupos criminales brasileños, entre ellos PCC, en Paraguay. La avioneta que piloteaba el paraguayo Fleitas González estaba siendo monitoreada por la agencia estadounidense que compartió la información con el ministro de Seguridad en ese momento Marcelo Saín. Sólo por ese motivo, la avioneta fue interceptada tras aterrizar en un camino rural de Naré, en San Justo, porque los controles del tráfico aéreo argentino son poco eficientes.
El caso de Melgarejo y Casco dejó detalles claros sobre uno de los canales mejor aceitados de cómo llega la cocaína a Santa Fe, y también abrió sospechas de cómo sectores de la policía de Santa Fe brindaban asistencia a este grupo criminal.
La investigación del fiscal Rodríguez amplió el radar para detectar maniobras de lavado de esta organización, a la que se vinculó con una trama de creación de Sociedades Anónimas Simplificadas -una figura con escaso control que se gestó en 2017 para encuadrar a los llamados “emprendedores”-, que se utilizaban supuestamente para blanquear dinero y para comercializar facturas apócrifas en distintas partes del país.
Este fenómeno delictivo se produjo desde marzo de 2018 hasta abril de 2020. Se habrían creado a través de distintas sociedades 8.544 facturas por un total aproximado de 731.485.352 pesos. Esta matriz delictiva habría sido aprovechada por 1.381 contribuyentes que viven en varias provincias, entre ellas la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde se radicaban las empresas truchas, y Mendoza, Corrientes, Chaco, Santa Fe, entre otras.
Esta pareja aparece ligada al narcotráfico en distintas causas en el fuero federal desde hace casi dos décadas, con condenas por tráfico de estupefacientes. Y volvieron a ser investigadas hace un par de años, pero luego en las causas contra la cúpula de la PFA en Santa Fe se detectó que tenían protección de esa fuerza.
En su momento el fiscal Rodríguez detectó que Melgarejo aparecía vinculada al clan de Luis Paz, quien está preso en la cárcel de Rawson, condenado por liderar una organización narco con contactos internacionales. Este ex manager de boxeadores es el padre de Martín, alias Fantasma, quien fue acribillado el 8 de setiembre de 2012 por la banda de Los Monos, un crimen que derivó luego en el asesinato del líder de esa organización Claudio Cantero, alias Pájaro, y en un raid de venganzas que tiene sus ramificaciones hasta hoy.
Melgarejo volvió a aparecer en escena judicial años después cuando terminó salpicada en la causa que investigó por lavado de activos al hijastro de Luis Paz, Emanuel González. Rodríguez unió cabos y confirmó que González en 2017 puso en venta una propiedad en el barrio Jorge Newbery de Sauce Viejo y una de las personas que apareció como posible compradora fue Melgarejo, a quien mantenía una relación fluida con los policías federales.
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