La escena era tan bizarra que sorprendió a los propios agentes de inteligencia de la Agencia de Investigación Criminal (AIC). Una soga negra estaba atada a una viga de hierro del techo. Era una horca. Sobre una repisa había un ladrillo que parecía ser de cocaína, pero no lo era. En ese ambiente tan particular se encontraba un hombre mayor en silla de ruedas que dijo estar enfermo de HIV y tenía una pierna lastimada, con síntomas de gangrena. Los policías estaban desconcertados con el escenario que se completaba con una escopeta 12/70 cargada.
El hombre contó que la soga era para suicidarse. Y que el ladrillo no era de cocaína, sino que era un ladrillo de material, real, cubierto con talco. La confusión de los agentes era aún mayor. Parecía una escena de la película "Feos, sucios y malos", de Ettore Scola, adaptada al fenómeno narco de Rosario. El “viejo” contó que había fabricado ese ladrillo de cocaína fake para entregárselo a los ladrones.
Como sabían que él vendía drogas y su condición física estaba deteriorada, los soldaditos del barrio se aprovechaban e irrumpían en la casa de forma frecuente para robarle. Entonces, el hombre se las ingenió para engañarlos. Cuando entraban a su casa les entregaba un pan de talco macizo que parecía ser de cocaína.
La historia de la horca era más truculenta. El hombre enfermo de HIV quería suicidarse desde hacía tiempo, les comentó a los policías, pero no tenía el valor para hacerlo. La muerte rondaba cerca de ese lugar.
Los agentes de la AIC llegaron hasta allí porque el yerno del hombre en silla de ruedas, Miguel Ángel Blando, preso en el penal de Coronda y detenido cuatro veces, seguía con la venta de drogas a través de un celular desde la cárcel de Coronda, donde había ingresado en abril pasado. El hombre enfermo y su hija recibían las órdenes de Blando desde la penitenciaría para mantener el negocio de la droga.
En Coronda, Blando repetía como un loro a sus compañeros de pabellón que él era miembro de Los Monos. Un tipo pesado. Con un celular daba las directivas y anotaba de manera puntillosa en una libretita los pormenores del negocio ilegal. También escribía cartas de amor con errores de ortografía a la hija del “viejo”.
Blando sustenta su historia de ser un alfil de Los Monos asegurando que era uno de los proveedores de la banda. Sus contactos más aceitados para ejercer ese rol estaban en Corrientes. En esa provincia fue detenido dos veces. La primera, el 13 de julio de 2008 con 161 kilos de marihuana. Según esa causa judicial, a la que tuvo acceso AIRE, Blando iba en un Ford Taunus con un acompañante, Carlos Ayala, cuando los interceptó Gendarmería en la ruta 118. El viejo Taunus desvencijado iba cargado hasta el techo de marihuana.
No habían puesto mucho esmero en disimular la droga que llevaban en el baúl y en asiento de atrás. Los gendarmes no tuvieron que revisar mucho el auto para descubrirla. En la declaración indagatoria frente al entonces juez federal Carlos Soto Dávila -quien renunció en febrero de 2019 tras ser detenido por la llamada causa Sapucay que tiene a varios funcionarios e integrantes de las fuerzas de seguridad procesados y en medio de un megajuicio-, Blando dijo que lo habían contratado para ir a buscar cigarrillos a Corrientes. Juró que no sabía que los paquetes contenían marihuana.
Dos años después de ser detenido, Blando fue condenado a cuatro años de prisión en un juicio abreviado y fue enviado a la Unidad Penal Nº 7 de Resistencia, donde diez años después fue enviado quien él dice ser su jefe Máximo Ariel Cantero, el líder de Los Monos.
Como si fuera una casualidad del destino, el año en que Guille Cantero fue enviado del penal de Piero a Resistencia, por orden de la justicia federal, Blando fue detenido por segunda vez en Corrientes. El traslado de Cantero a ese penal fue lo que generó la ola de ataques contra jueces y edificios judiciales que terminó con una condena a 22 años de prisión en agosto pasado.
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Blando fue detenido por agentes del área de investigaciones de la Policía de Corrientes en la calle, según la información oficial. Dio un nombre falso y cuando pidieron sus antecedentes tenía un pedido de captura por el Tribunal Oral Federal Nº 1 de Rosario en una causa en la que estaban involucrados varios miembros de Los Monos. En 2018 fue trasladado a Rosario.
En abril pasado fue detenido otra vez en barrio Cristalería, donde los policías encontraron gran cantidad de droga. Un mes después de ser detenido, los agentes de inteligencia de la AIC detectaron que mantenía comunicaciones a través de un teléfono celular con su pareja y su suegro, quienes continuaron con el negocio criminal después de que Blando fue detenido el 20 de abril pasado, luego de unos allanamientos que ordenó la fiscal Valeria Haurigot.
Blando tenía pedido de captura desde el 4 de febrero de 2021 por parte del Tribunal Oral Federal Nº 1 de Rosario. Según señalaron fuentes de la AIC, en esa oportunidad los agentes de esa dependencia secuestraron tres ladrillos de marihuana prensada en una casa donde vivía en el barrio Cristalería, en el norte de la ciudad. Y otras cinco bolsas de cannabis con hojas y cogollos. Además, incautaron una escopeta calibre 12/70 sin marca ni numeración visible que se encontraba cargada y montada en condiciones de disparar, y cuatro motos.
Luego de ese operativo, Blando fue enviado al penal de Coronda. Un mes después los investigadores detectaron que seguía operando desde la cárcel y usaba a su pareja y a su suegro como los alfiles más importantes de la organización criminal. Este jueves fue allanada la celda de Blando en el penal de Coronda, donde los efectivos de la AIC incautaron un teléfono celular y anotaciones que tienen que ver con la investigación. También se llevaron adelante allanamientos, por orden del juzgado federal Nº3 de Rosario a cargo de Carlos Vera Barros, en las localidades de Granadero Baigorria y Villa Gobernador Gálvez, donde vivían familiares y se sospecha que se vendía la droga. En una de las casas allanadas estaba su suegro, el hombre que no soportaba vivir así y no juntaba valor para matarse.
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