“Tiene derecho a elegir un abogado de su confianza” es una de las frases que los jueces les dicen a los imputados antes de comenzar cada audiencia. Una persona que se encuentra sometida a un proceso penal no puede elegir el juez, no puede elegir el fiscal, sólo puede elegir quién va a velar por sus derechos para tener un juicio justo.
Y si de justicia se habla, cuando se recorta la realidad siempre es un poco injusto. En el fuero penal de Santa Fe hay juezas, de primera y de segunda instancia, hay fiscales mujeres y defensoras públicas, hay abogadas que eligen representar a las víctimas como querellantes, y hay una ministra en la Corte Suprema.
Sin embargo, este recorte de realidad se centra en cuatro mujeres que eligieron ejercer el derecho de manera particular para defender a personas sospechadas de haber quebrado la ley y que son juzgadas por eso. Son cuatro mujeres que representan tres generaciones de abogadas: Tracy Dunigan, Hilda Knaeblein, Natalia Giordano y Celeste Roa Hertelendy.
Son cuatro abogadas que pisan lugares y escuchan historias reservadas para espíritus con un temple especial: caminar los pasillos de las cárceles y decirle frente a frente a un hombre (o a una mujer) que no va a recuperar la libertad por varios años, aunque tal vez antes le dijo lo contrario, sin dudas no es una actividad para cualquiera. AIRE mantuvo un encuentro con las cuatro profesionales para conocer la perspectiva de tres mujeres con historias de vida muy distintas, que se encontraron con una pasión compartida: el derecho penal.
¿Por qué la defensa penal?
“De chica miraba una serie que se llamaba Petrocelli, y era un abogado que defendía gente por un dinero que nunca cobraba.. Y yo lo veía y decía voy a defender a gente que no pueda pagar y voy a demostrar su inocencia, porque se veían muchas injusticias en la serie”, explicó Knaeblein, nacida en Buenos Aires en 1967. Algo similar manifestó Roa Hertelendi, nacida en Formosa en 1989 y radicada en Santa Fe desde el 2008, donde viajó siempre con la mira en el fuero penal: “me parecía lo más correcto, defender a personas sin recursos y demostrar su inocencia. Además éramos pocas mujeres, hoy eso va cambiando”.
Natalia Giordano nació en Santa Fe en 1989 y se inclinó por el derecho penal en la facultad: “me apasionó desde la primera clase”, sin embargo, admitió que “es un ambiente hostil, no por una cuestión de género sino porque lo penal de por sí son cuestiones difíciles. Y si te ven mujer, y joven, te miran con desconfianza. Después de la audiencia te felicitan”, sostuvo Giordano. Es difícil acceder, hacerse un lugar. Yo no vengo de familia de abogados, me llevó mucho trabajo".
Tracy Dunigan nació en Vera hace 83 años y se enamoró del derecho en el colegio secundario, inspirada por las clases del juez Agustín Rossi. Egresó con título de maestra de escuela y dio clases en la cuña boscosa: “ahí vi las injusticias que sufría la gente, y pensaba cómo podía hacer para ayudarlos”.
En 1974, Dunigan se radicó en la ciudad de Santa Fe y comenzó a trabajar en la legislatura, mientras estudiaba procuración en la Universidad Católica de Santa Fe, donde se recibió a los 37 años. Cuando se jubiló de su trabajo en la legislatura tras 25 años de servicio, en 1995, quiso matricularse en el colegio de abogados, y rindió las 10 materias que le faltaban para ser abogada y se recibió a los 53 años. Durante 20 años trabajó en el estudio de Carlos Renna, hasta que el abogado concursó para ser camarista y fue asignado justamente a Vera, la ciudad natal de Dunigan: “hoy por hoy estoy muy agradecida porque creo que hago mucho por la gente”.
La defensa, trabajo a tiempo completo
Abocarse a representar a una persona involucrada en un delito puede convertirse en una labor “full time”, y no sólo con la causa y el imputado, sino también con todo el círculo cercano, que muchas veces padece el error cometido: “las personas sospechadas de un delito son padres, madres, hijos, esposos y esposas de alguien más, y eso también les repercute en el ámbito familiar al momento de entablar una relación con el profesional que lo defienda, sea culpable o inocente. Así mismo hacia la mirada social o hacia la reinserción, porque si se demuestra su inocencia ya ha sido señalado, apuntado en todos los lugares, y sacarse ese estigma lleva una lucha familiar muy complicada,” expresó Roa Hertelendy.
En el mismo sentido, Dunigan destacó el vínculo que forja con las personas que defiende y sus familiares: “se trata mucho con las familias, hacemos de psicólogos con el detenido y con las familias. Hay familiares que están muy enojados con el detenido, y hay que tratar de acercarlos, de darle una oportunidad, apoyarlos. Y con el detenido hago mucho hincapié en el comportamiento”. Para esto, entiende que su experiencia como docente le brinda un bagaje fundamental: “verdaderamente a la mayoría de los privados de la libertad los tenemos que tratar como niños porque su preparación no da para más… Lo principal es inculcar el comportamiento, el respeto.. A mí mi padre me enseñó que cuando llegamos a adultos la sociedad no va a cambiar, los que debemos adaptarnos somos nosotros. Y para el detenido es lo mismo. Y mis detenidos hacen los talleres, terminan la escuela…”, expresó con orgullo.
Por su parte, Giordano agregó que más allá del resultado de un juicio, lo importante es lograr el respeto de los derechos y garantías constitucionales al máximo. En este sentido, la abogada remarcó que “la defensa es una cuestión meramente técnica, yo no encuentro diferencias” al trabajo realizado por un hombre, y con esto coincide con esto Dunigan: “diferencia por género no encuentro, creo que es más por cómo me ocupo durante el trayecto (de la causa). Con muchos de ellos ha quedado un vínculo muy fuerte y algunos que me llaman de nuevo para que los vuelva a representar o me recomiendan un familiar”.
En cambio, Knaeblein y Roa Hertelendy tienen una opinión diferente: “para mí si hay diferencias… las mujeres tenemos una especie de sexto sentido y podemos percibir situaciones que los hombres no.. logramos tener un trato de obtener ciertas informaciones que tal vez el hombre no lo consigue.. a mi me ha pasado”, relató Knaeblein.
Roa Hertelendy coincidió: “podemos lograr otro tipo de información del cliente, por otro tipo de confianza que genera al ser mujer la profesional, pero a los ojos de la justicia veo que también hay mucha diferencia en los juzgadores. Por ejemplo, en los juicios por femicidios no se ve que los tribunales estén conformados siempre con una mujer, o que sea mayoría una mujer, para que tenga otra mirada.. Eso sería muy bueno incorporarlo”.
Mujeres en los penales
Como mujeres que se dedican a la defensa penal, enfrentan situaciones y lugares que no son habituales para el común de las personas. Para ellas, ir a entrevistar a un detenido al penal de Coronda o de Las Flores, incluso a Ezeiza, es algo cotidiano, lugares que sólo son visitados por las familiares de los detenidos.
A diferencia de lo que muestran las películas, las abogadas son recibidas con respeto dentro del penal, y la explicación es sencilla: “Al detenido le importan dos cosas: su familia y su causa, y nosotras somos la representación de esas dos cosas”, explicó Giordano. En este sentido, Knaeblein agregó que “ellos respetan mucho a su madre, son el sostén de cualquier detenido, y esa figura materna la ven reflejada en nosotras”.
Dunigan sostuvo que “recorro las cárceles cada 15 días, nos cruzamos con las colegas y somos muy bien atendidas con el personal penitenciario, son correctos, nos facilitan los datos de los clientes”. En cuanto a la situación que se genera al momento de hablar con el detenido, cuando las noticias generalmente no son las esperadas, la abogada remarcó que lo importante es darle lugar a la persona para que exprese lo que siente: “en la facultad fui alumna de García Porta, y siempre nos decía cómo debíamos dirigirnos con los internos, siempre hay que decirles “hola que tal como estas, decime que te anda pasando””, recordó.
Qué lugar ocupan las mujeres en la justicia
A raíz de esto, sobre la actualidad de las mujeres en la justicia santafesina, las profesionales coinciden en que es necesario avanzar hacia la paridad de género. Si bien la cantidad de mujeres que se desempeñan como fiscales y defensoras públicas es similar a la cantidad de varones, la situación cambia cuando la mirada se fija en la magistratura: de los 13 jueces que hay en primera instancia del fuero penal en la Circunscripción 1, sólo tres son mujeres; de los 11 jueces que hay en la Cámara de Apelaciones sólo una es mujer, y también sólo hay una mujer en la Corte conformada por seis ministros.
Para tres de las profesionales, es necesario que las mujeres cuenten con mayor representación en los lugares de toma de decisiones. A modo de ejemplo, grafican que con esta cantidad de magistrados, hay juicios por abuso sexual o por femicidios, cuyos tribunales son conformados sólo por hombres, y la mirada de una mujer para juzgar este tipo de delitos es fundamental.
“Hoy tenemos juezas con una capacidad jurídica notable que deberían llegar a la Corte. Se debe garantizar la mirada global de la mujer, tenemos otro tipo de perspectiva, si no estamos armando un rompecabezas al que le falta una pieza”, coincidieron Knaeblein, Roa Hertelendy y Giordano. En este sentido, estas tres profesionales advirtieron que “se ha dado una naturalización que ha ido en desmedro del género”.
Sin embargo, Tracy no coincide con la mirada de sus compañeras: “creo que a esos cargos hay que llegar por capacidad, no por género. Hoy por hoy coincido con la conformación de la Corte y la Cámara. Es una cuestión netamente técnica, no hay que menospreciar la capacidad de la gente que está ocupando esos cargos”, sostuvo.
¿Quién fue la primera abogada argentina?
La primera mujer en matricularse en derecho en nuestro país fue María Angélica Barreda, nacida el 16 de mayo de 1887 en La Plata. Estudió en la universidad de esa ciudad y se recibió cuando tenía 22 años, en 1909. A principios del siglo XX aún existía mucha resistencia a que una mujer pudiera ser independiente y tener una carrera profesional; cuando recibió su diploma de abogada y quiso matricularse en la Provincia de Buenos Aires su solicitud fue rechazada. Barreda debió librar una larga batalla judicial para poder ejercer su profesión. Su caso llegó a la Suprema Corte Bonaerense, en donde, con un fallo dividido, obtuvo el permiso que reclamaba.
Fue una activista en la lucha por los derechos de la mujer y participó en la Asociación de Universitarias Argentinas. Justamente, una de sus frases más resonantes tiene que ver con esta reivindicación: “No se puede volver atrás para destruir una conquista. La mujer ha ganado su puesto y nadie puede estorbarle el paso”.
A lo largo de su trayectoria, Barreda fue jefa de asuntos legales de la Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires. Se retiró del ejercicio de la profesión en 1952 y falleció en La Plata, el 21 de julio de 1963.
En cuanto al fuero penal, la primera abogada en participar en una defensa penal fue Patricia Perelló, quien formó parte del equipo que representó a Carlos Monzón en el juicio por el crimen de Alicia Muñiz en 1988, cuando aún no se hablaba de femicidio.
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