A dos semanas del secuestro extorsivo del barrio 7 Jefes, en donde un empleado del Ministerio de Salud resultó víctima, la causa que investigó el hecho logró establecer cómo fue la trama criminal que terminó con dos taxistas presos. De hecho, este lunes, el juez federal Marcelo Bailaque resolvió procesarlos y ordenar que permanezcan detenidos con prisión preventiva hasta tanto el fallo quede firme y sea elevado a juicio al Tribunal Oral Federal de Santa Fe.
Por la causa, que fue instruida por el fiscal Walter Rodríguez, fueron detenidos dos hombres identificados como Rodolfo Ariel Quiroga (34), sindicado como el cabecilla o cerebro de la banda, y Hugo Soto (47), el cual fue sorprendido por los investigadores en las inmediaciones de la Estación Belgrano luego de ir a buscar el pago del rescate. Este último no solo fue quien ofició como “cobrador” del grupo, sino que también dirigió una aterradora frase a la esposa de la víctima en el momento más caliente del secuestro.
Es que los delincuentes pautaron que la esposa de la víctima deje el dinero sobre un árbol ubicado en la Estación Belgrano y su intersección con calle Chacabuco y que luego se vaya de aquel lugar. Sin embargo, le dijeron que mantendrían una llamada en directo con ella para controlar el pago.
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Lo que nunca imaginaron los secuestradores es que, para ese entonces, la zona ya estaba copada de investigadores de la Agencia de Investigación Criminal, los cuales al ver a Soto con la riñonera en donde había sido colocado el dinero, lo detuvieron inmediatamente.
Acorralado por la situación, el taxista le dijo a la mujer una de las peores frases que pueden existir en un momento dramático como es un secuestro extorsivo. “Hija de puta, llamaste a la cana, está la cana por todos lados”, le gritó Soto a la esposa de la víctima por teléfono. “Hija de re mil puta, me agarraron, no lo encontrás más”, agregó antes de ser esposado y detenido.
Minutos después de esa secuencia, Gastón Cabrera, la víctima del caso, fue liberado y abandonado en su automóvil Peugeot 307 negro en la esquina de Naciones Unidas y Pasaje Mitre, frente a Villa Oculta. Luego fue trasladado hasta la Agencia de Investigación Criminal en donde contó, con detalles, el terrible momento que le tocó atravesar el pasado 22 de febrero.
Se estima, según entienden los investigadores, que el hoy procesado Quiroga utilizó una camioneta Fiat Fiorino blanca para trasladar a los secuestradores de Cabrera y llevarlos hasta el barrio 7 Jefes. Después partió hasta calle 25 de mayo y Cándido Pujato, en donde levantó -a las 7:38- a Soto, el cual dejó estacionada su motocicleta en una estación de servicio en la esquina de bulevar y 25 de Mayo.
Ambos se dirigieron luego hasta las inmediaciones de la Estación Belgrano para cobrar el rescate. Sin embargo, ante el procedimiento de la AIC, que terminó con Soto detenido, Quiroga se fue del lugar a bordo de la Fiat Fiorino y se dirigió hacia su casa, en Necochea al 2700, donde un día después fue detenido.
La causa no solo develó cómo fue la trama que habrían utilizado Soto y Quiroga, sino que también estableció que los tres hombres que abordaron y secuestraron a Cabrera en 7 Jefes, a las 6:50 de aquel día, utilizaron guantes de látex para evitar dejar rastros en el Peugeot 307 donde mantuvieron cautivo al empleado del Ministerio de Salud.
Tal sospecha surgió a partir del secuestro de una caja de guantes que se encontraba en la casa de Quiroga el día que fue allanada por los agentes de la AIC. En ese entonces, los investigadores encontraron también un guante de látex que había sido usado y descartado en una bolsa de nylon negra que estaba en el patio de la vivienda.
A su vez, dos personas que declararon en la causa dijeron haber visto a los hombres que secuestraron a Cabrera llevar puestos en sus manos guantes de látex. Una clara maniobra para evitar dejar sus huellas en el vehículo que fue abandonado unos metros después del Puente Negro de Naciones Unidas y el Pasaje Mitre.
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