Su nombre es Claudio Javier Mansilla. Le dicen “Morocho” y tiene 38 años. En Rosario, lo consideran un “pesado” del mundo del hampa y cuenta con antecedentes en la Justicia penal vinculados a homicidios, portaciones de arma de fuego y también por narcotráfico. De hecho, este lunes, debía presenciar un juicio oral y público en el Centro de Justicia Penal en el que está implicado por el doble homicidio de Kevin Nieri, de 16 años y Leonel Bubacar, de 18, ambos muertos en 2018 en Lima y Cerrito de esa ciudad.
Por ese caso, la fiscal de la Unidad Especial de Homicidios Dolosos, Marisol Fabbro, había anticipado que iba a pedir, en sus alegatos de apertura del debate, una pena de 25 años de prisión efectiva. Sin embargo, el juicio quedó trunco desde la tarde del domingo, cuando Mansilla, junto con otros reclusos alojados en el pabellón N°14, logró escapar de la Unidad Penitenciaria N°11 de Piñero tras un ataque externo extramuros. O, mejor dicho, “extra cercos”.
Desde el ámbito penitenciario creen que el violento escape que protagonizó Mansilla pudo haberse evitado. Es que meses atrás, el Servicio había dispuesto que el recluso permanezca detenido en la cárcel de Coronda luego de haber protagonizado un incidente en Piñero en donde lesionó a un empleado penitenciario. “Es un serio riesgo a la seguridad de la Unidad y del personal que allí se desempeña”, calificaron en su momento desde los altos mandos carcelarios.
En efecto, fue alojado en un pabellón de resguardo del penal del departamento San Jerónimo hasta que intervino la Justicia provincial, luego de que su abogado defensor (particular) presentara un habeas corpus en donde pedía la revisión de la medida dispuesta por el Servicio Penitenciario.
Ese planteo fue analizado el pasado 28 de mayo por la jueza penal de Rosario, Silvia Castelli, quien hizo lugar al planteo de la defensa de Mansilla, de volver a estar alojado en la Unidad N°11 para estar cerca de su familia y compartir el encierro con el resto de la población penal.
La resolución de la magistrada, ofició en ese entonces al Servicio Penitenciario para que, por medio de la Unidad de Traslados Judiciales, el “Morocho” Mansilla sea nuevamente llevado a Piñero para cumplir la medida cautelar.
La medida, fue luego comunicada al director de la Unidad Penitenciaria N°1 de Coronda por medio de una resolución (la N°1227) que si bien mostró su acato a los resuelto por la jueza Castelli, aclaró que el lugar más conveniente para alojar a Mansilla debía ser la prisión corondina, fundada en 1933 del siglo pasado.
Casi un mes después de esa resolución de la jueza, Mansilla logró fugarse de la cárcel de Piñero, ubicado a 30 kilómetros de Rosario. Se cree que el grupo comando que irrumpió en la unidad carcelaria y que por medio de moladoras y metralletas vulneró las medidas de seguridad, tenía como objetivo sacar al recluso de la prisión.
Por el ataque falleció un muchacho identificado como Walter Ezequiel Soraire, de 30 años, que fue herido por uno de los agentes penitenciarios que intentó frenar la fuga, a los tiros, desde las garitas.
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