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Policiales Santa Fe | Rosario | Fuga

El ataque a la cárcel de Piñero marca una bisagra: las bandas criminales se animan a todo  

Los pabellones, en una cárcel que no fue planificada como una prisión de alta seguridad, tienen dueños y el Estado todavía no logró neutralizar las redes que les permiten a los criminales manejar sus bandas detrás de las rejas.

Desde hace más de siete años, las cárceles se transformaron en el foco de los problemas de criminalidad en Santa Fe, luego de que los líderes de las bandas detenidos a partir de 2013 trasladaran la gestión de las organizaciones mafiosas hacia dentro de los penales, como se comprueba en decenas de investigaciones judiciales –varias de ellas reveladas en Aire de Santa Fe-.

Nunca el Estado logró neutralizar que las órdenes para matar y para seguir manejando los hilos de las organizaciones narcocriminales, con las facilidades que dan los smartphone, partieran de los pabellones que hoy tienen dueños. La gestión interna de la cárcel está tercerizada. La paz de los penales subsiste al darle las llaves y dejar en manos de los líderes de las bandas el manejo de los pabellones.

La cárcel de Piñero fue inaugurada en 2007, pero su construcción nunca fue planificada como una prisión de alta seguridad. Un ejemplo simple de este esquema es que la prisión, que se encuentra en el medio del campo cerca de la ruta 14, nunca tuvo un muro perimetral, sino simples alambrados que separan el adentro y el afuera. Los guardias que custodian ese perímetro estaban hasta el año pasado “regalados” si venían a atacarlos. Se edificaron unas paredes de material para que pudieran resguardarse.

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Este lunes, el ministro de Gobierno Roberto Sukerman anunció que se construirá un muro y avanzarán con el proyecto de dotar con tecnología de Invap a las prisiones santafesinas. Como siempre, la urgencia acelera acciones. La lentitud de la burocracia del Estado va en la retaguardia de los planes criminales.

El ataque a la cárcel de Piñero se transformó en un hecho inédito en la Argentina. No hay muchos antecedentes recientes de situaciones tan extremas, de que un grupo armado se anime a enfrentarse en posiciones deficitarias a un número superior de agentes penitenciarios, que no están capacitados para este tipo de enfrentamientos.

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Personal de seguridad penitenciaria en el penal que fue atacado este domingo.

Personal de seguridad penitenciaria en el penal que fue atacado este domingo.

En agosto de 2018 se encendió una alerta en Misiones por un hecho similar. El grupo brasileño Bala Na Cara, aliado del Primer Comando Capital (PCC) en el sur de Brasil, intentó copar el penal de Oberá, en esa provincia, para rescatar a Vanderlei Vando Lopes y a su hermano Rudinei, detenidos el 29 de diciembre de 2017 en el paraje El Soberbio, fronterizo con Brasil, con un arsenal de fusiles FAL, municiones de alto calibre y explosivos plásticos.

Hoy en Piñero están alojados más de 2.100 internos, cuando la capacidad máxima es de 1.400. Piñero fue la única cárcel de la provincia que se podía ampliar, por las características edilicias, luego del incremento de las personas detenidas que generó la puesta en marcha del nuevo sistema procesal penal en 2014. El penal fue cambiando en su fisonomía pero en la mirada de las autoridades seguía siendo seguro, a pesar de que un alambre circunda la prisión.

En un momento alguien se iba a animar a atacar la cárcel y rescatar a un grupo de presos. Poder de fuego les sobra a las bandas como lo muestran a diario las calles de Rosario, donde con mayor frecuencia se secuestran armas largas, de guerra, cada vez más poderosas, como ametralladoras FMK3, pistolas 9 mm con cargadores largos, de 30 disparos, y hasta fusiles. También sobra temeridad entre las organizaciones criminales que muy pocas veces se enfrentan con la policía por propia decisión de los uniformados.

Del otro lado, en el Estado, y no sólo desde ahora sino desde hace tiempo, parece haber una mirada que subestima el problema de violencia extrema que supura en Rosario. El Estado va siempre detrás de los hechos.

Hasta ahora los presos que se habían evadido salieron por la puerta, como ocurrió el 17 de mayo pasado, cuando huyeron de Piñero Hugo Peralta y Carlos D'Angelo, quienes salieron escondidos dentro de cajas en dos carritos que trasladaban dos mujeres, una de ellas embarazada.

Alambrado cárcel Piñero
La Provincia anunció que construirá un muro en la cárcel de Piñero, que solo tiene un alambrado perimetral.

La Provincia anunció que construirá un muro en la cárcel de Piñero, que solo tiene un alambrado perimetral.

Estos dos reclusos pertenecían al pabellón Nº13, dominado por la banda que lidera René Ungaro, quien cumple una condena a 13 años por el asesinato del exjefe de la barra brava de Newell's Roberto Caminos. En mayo pasado sumó otra sentencia a siete años de prisión como jefe de una asociación ilícita, que integraba Alan Funes. El fin de semana siete agentes del Servicio Penitenciario fueron excarcelados por facilitar el escape de Peralta y D'Angelo.

La fuga de este domingo fue del pabellón Nº14, que también domina este hombre que apodan El Brujo y carga con una de las historias criminales más pesadas de la zona sur de Rosario. Ese sector estaba bajo dominio de uno de sus lugartenientes dentro de Piñero, Claudio Mansilla, alias Morocho, un hombre de 38 años, que este lunes a las 7.30 debía ser trasladado al Centro de Justicia Penal de Rosario.

Estaba siendo sometido a un juicio por los crímenes de Leonel Bubacar y Kevin Neri, ocurridos el 23 de septiembre de 2018. Mansilla había logrado escapar del penal el 3 de mayo de 2011, con la ayuda de dos mujeres, una de ellas su pareja, que lo esperaban en un auto Fiat Tipo bordó. El Morocho fue recapturado en la ruta 11, cerca de Desvío Arijón. Su mujer Pamela Escalla fue asesinada por su socia, oriunda de Santa Fe.

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Esta vez, el domingo Mansilla logró huir. Aún no fue recapturado. La policía detuvo este lunes a dos internos que escaparon por el alambrado, mientras desde afuera disparaban. En total se escaparon ocho reclusos. En Cabín 9, en el límite entre Pérez y Rosario, fueron detenidos Sergio Cañete y Joel Rojas. Iban escondidos dentro de un Honda Civic, que era conducido por una mujer. Se secuestraron armas.

En los últimos seis años se produjeron 19 fugas de las tres prisiones más importantes de la provincia, como Las Flores, Coronda y Piñero. Mansilla protagonizó la segunda fuga. Y otro de los que integró el grupo de los evadidos, como Alejandro Candia es la tercera vez que huye de una cárcel en los últimos cinco años.

Candia, junto con Peralta y D'Angelo, protagonizaron la tercera evasión en dos años. Estos tres internos ya vivieron esa adrenalina de escaparse el 8 de mayo de 2019, cuando lograron huir junto con otros siete internos del colectivo que los trasladaba al penal de Coronda por la autopista Santa Fe-Rosario.