La fiscal Carla Ranciari confirmó que la muerte de Sophia Civarelli ocurrió entre 10 y 15 horas antes de que se hallara su cuerpo. Este dato es crucial: durante ese tiempo, el agresor permaneció en la vivienda ejecutando maniobras de distracción.
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Las tres revelaciones clave de los peritos que apuntan al femicidio
La investigación se apoya en tres puntos fundamentales que desmoronan la versión del agresor:
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La policía de Rosario encontró los rastros de una escena montada para distraer a la justicia y esconder un femicidio.
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La carta como "maniobra de distracción": en el departamento se encontró un escrito donde el joven afirmaba que Sophia se había quitado la vida y que él no había podido salvarla. Para los investigadores, el documento no es un mensaje de despedida real, sino una pieza fabricada para eludir su responsabilidad legal.
Protocolo de autopsia: el cuerpo de la joven de 22 años presentaba una herida profunda en el cuello. El análisis bajo protocolo de femicidio descartó de plano la posibilidad de lesiones autoinfligidas, reforzando la autoría de Alcida.
Un contexto de control y violencia psicológica en Rosario
Más allá de lo técnico, los testimonios del entorno de la víctima terminaron de cerrar el perfil del agresor. Amigas de Sophia describieron una relación marcada por la violencia de género, donde Alcida ejercía un control constante y celos extremos.
Sophia, oriunda de Villa Amelia, se había mudado a Rosario para estudiar Psicología y facilitar su cursada. Sin embargo, la convivencia se había vuelto insostenible. Según consta en el expediente, la joven ya había manifestado su firme intención de separarse en cuanto lograra cierta estabilidad económica.
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Minutos después de abandonar el departamento donde yacía Sophia, Alcida llamó al 911 y se arrojó desde el octavo piso de un edificio a trece cuadras de distancia. Lo que en un principio pareció un caso de muertes cruzadas, hoy se lee a través de las pericias como un plan de encubrimiento que no logró engañar a los especialistas forenses.
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