El asesinato a sangre fría de un supermercadista chino en Rosario esta semana, ejecutado por un sicario que parecía no tener más intenciones que eliminarlo, reflota la inquietante hipótesis de los sigilosos movimientos de la mafia china en la zona sur del territorio santafesino, donde ya se han dado casos sangrientos bajo el telón de las extorsiones y los aprietes. Un método que también utilizan las bandas criminales locales a fuerza de plomo y fuego.
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Hace 15 años, de rodillas
Un primer indicio escalofriante de la posible presencia de la mafia china en Rosario surgió hace 15 años. Fue el 19 de julio de 2005 con el crimen de Gao Sheng Feng, conocido como “Leo”, de 28 años. Su cuerpo fue encontrado en cuclillas en Gutiérrez y las vías (acceso sur), entumecido por el correr de las horas.
Estaba maniatado y tenía dos balazos calibre 22 en la cabeza. Pero los asesinos dejaron otro mensaje para quien quisiera interpretarlo. Le cortaron una oreja y le provocaron lesiones con una especie de trincheta o estilete. En ese momento los investigadores relacionaron el homicidio a sicarios que se reconocían bajo el grupo “axxion”, aunque nunca más se volvió a citar esa descripción delictiva.
Nadie reclamó el cuerpo de Leo, que fue sepultado en el cementerio La Piedad en 2007. Según los relevamientos, la víctima era un extorsionador y apretador, un recaudador infiel que mejicaneaba a sus jefes. Con antecedentes policiales en Capital Federal, iba y venía a Rosario, donde había levantado un mercado en barrio Godoy.
Dos crímenes en 2008, y un secuestro “por lindo”
Otro hecho fatal que acumuló tinta y minutos de aire en las crónicas policiales fue el ocurrido el 2 de abril de 2008, cuando Ping Guo, de 44 años, resultó asesinado a balazos en el supermercado Sonrisas, en San Martín y José Ingenieros, de San Lorenzo. Seis meses después, el 23 de octubre de ese mismo año, Cou Lin Fhi, de 22 años, fue acribillado en el supermercado que atendía con su padre en Callao al 5600. Los testigos indicaron que los sicarios "eran dos criollos".
El 20 de julio de 2010 los investigadores alertaron sobre la actividad de asiáticos sospechados de estar vinculado al delito en Rosario. Fue luego de pesquisar el secuestro extorsivo del dueño de una cadena de supermercados chinos. Ese día, dos hombres aparentemente del mismo origen, retuvieron a Lin Zhan, de 25 años. Para liberarlo reclamaron 500 mil dólares. El secretario de Seguridad de la provincia del momento, Horacio Ghirardi, había dicho que hasta esa fecha “no había antecedentes” de un hecho similar en la región.
El joven había sido raptado y subido a un utilitario Peugeot Partner sin patente con vidrios polarizados. Lo levantaron de Riccheri al 1000, donde estaba su negocio. Un vecino que vio la escena y escuchó disparos llamó al 911. Cuando llegó el patrullero la hermana de la víctima, Lixia Lin (Mónica), le dijo a los policías que su hermano, conocido como Víctor, había sido secuestrado.
Diez minutos más tarde Lin Zhan llamó con un radio Nextel a la hermana y le dijo que tenía que juntar dinero. Un rato después llamó a la madre y le explicó que los captores le habían solicitado 500 mil pesos. Sugestivamente, a los cuatro días apareció sano y salvo. Cuando lo llevaron a declarar a la sede de la Tropa de Operaciones Especiales (TOE) la víctima entregó una versión disparatada. Con apenas algunas escoriaciones y de buen semblante argumentó que lo habían secuestrado “por ser lindo”.
El expediente judicial por ese caso recaló en la justicia federal. El 6 de agosto el juez Marcelo Bailaque, se excusó de seguir adelante con la investigación, porque no pudo establecer si el joven había sido secuestrado o privado de su libertad. Es que después de idas y vueltas, los familiares del supermercadista negaron el pedido de cobro de rescate.
Mientras se pesquisaba el hecho se ordenaron escuchas telefónicas que se mandaron a traducir, de las cuales nunca se supo su contenido, mucho menos si configuraban evidencia seria para pensar en un accionar de la mafia china. Un hecho gravísimo que la víctima y su círculo íntimo se encargó de aplacar, por temor a represalias o porque tal vez se trató de una hecho si relevancia.
Bajo el "imperio" del juego, la usura y las balas
Otro mojón de la presencia de la supuesta mafia china en Rosario se dio el 27 de julio de 2012 a las 2.30 de la madrugada. En Eva Perón al 5800, un auto Mazda color gris fue emboscado por un motociclista cuyo acompañante roció a balazos a sus tres ocupantes. Uno de ellos, Li Zhi Huang, de 32 años y nacionalidad china, murió en el acto por la herida de un proyectil calibre 9 milímetros que se le incrustó en el cráneo. Su dos compañeros resultaron lesionados también, pero salvaron la vida por centímetros.
Los agresores se fueron sin robar nada a pesar de que las víctimas llevaban bolsos con dinero en efectivo y fichas del Casino City Center. Li Zhihuang tenía domicilio en la localidad bonaerense de Longchamps, partido de Almirante Brown, y estaba ubicado en el asiento del lado del acompañante. Presentaba un tiro en lado izquierdo de su rostro y el otro a la altura del tórax del mismo lado.
En la escena del crimen se secuestraron diez vainas servidas de calibre 9 milímetros y el parabrisas del Mazda quedó perforado por los impactos. Los otros dos ocupantes del auto fueron identificados como Liu Fukiang, de 33 años, y Lin Chin Yong, de la misma edad, ambos domiciliados en Laguna Blanca, Córdoba. Sufrieron heridas de bala en los brazos y fueron derivados al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez, donde se recuperaron satisfactoriamente.
A los dos días declararon a través de un traductor, porque dijeron que no hablan en español. Confirmaron que habían asistido al casino, de donde se retiraron con ocho mil doscientos pesos en efectivo y fichas. En ese momento y de acuerdo a las características del hecho, distintas fuentes policiales no descartaron que la motivación del tremendo ataque hubiese girado alrededor de un ajuste de cuentas de la denominada "mafia china". Es que según algunas pistas, las víctimas eran “prestamistas” de los supermercados chinos de la región.
Nunca se pudo dar con los autores del letal ataque. Y para abonar a la idea de grupos extorsivos, la noche del 22 de abril de 2013 el supermercadista Li Yu Ling, padre de Li Zhi Huang, fue asesinado en Longchamps. El caso tuvo directo impacto en Rosario, donde unos meses antes su hijo ya había sido objeto de la mismo destino sangriento.
Un arsenal en el súper y la granada en Timbúes
En noviembre de 2015 se realizó un allanamiento en un supermercado chino de San Martín al 1500 de Rosario. La TOE se topó en el lugar con un verdadero arsenal de armas de fuego y una suma millonaria de pesos camuflada en cajas de vino. Los sujetos fueron llevados a la Justicia como responsables de las intimidaciones a otro comercio de San Martín al 2100, donde se halló una granada.
El miércoles 16 de diciembre de ese año un hecho violento alteró a los vecinos de la apacible localidad de Timbúes (38 kilómetros al norte de Rosario). Fue luego de que un comerciante chino de 31 años denunciara en la Comisaría 9ª que un compatriota suyo llegó al negocio y le dejó una granada de mano FMK2, advertencia literal de las consecuencias que sufriría si no colaboraba con dinero. Cuando el chantajista regresó a buscar el botín, fue detenido por agentes de la Policía de Investigaciones (PDI), que lo pusieron a disposición de un fiscal federal y del juez Bailaque.
En junio de 2016 los propietarios de un negocio ubicado en Mendoza al 1800 denunciaron amenazas y extorsión de apretadores que operaban en la zona. Describieron que recibía llamadas telefónicas en las que le pedían 50 mil pesos por mes a cambio de “seguridad”. Era el tercer caso de amenaza a un comerciante de origen asiático en menos de una semana.
La detención de tres jóvenes de nacionalidad china el 25 de diciembre de 2017 en la zona sur, devolvió imágenes que parecían salidas de un thriller oriental. Tenían 17, 29 y 30 años, y llevaban armas y municiones, entre otros elementos sospechosos. Se desplazaban en un auto color gris por calle Amenábar y Pueyrredón y trataron de escabullirse cuando notaron el patrullaje de rutina del Comando Radioeléctrico.
A las pocas cuadras fueron retenidos. Al requisar el auto los policías encontraron un revólver calibre 38 especial marca Colt debajo del asiento del conductor, tres cartuchos del mismo calibre y una cuchilla. Además llevaban tres pasamontañas, pares de guantes, precintos plásticos, antifaces negros, un destornillador, tres teléfonos IPhone y dos chapas patentes dominio CMF 034. Los tres tenían enormes tatuajes de los míticos dragones en sus espaldas, que en alguna culturas representan fortuna y fertilidad, pero en otras destrucción y salvajismo.
Degollados en el triple crimen de Junín
Hace poco menos de un año en Junín, provincia de Buenos Aires, 200 kilómetros al sur de Rosario, ocurrió una masacre: el triple crimen de dos hombres y una mujer, todos de nacionalidad china, identificadas como Weng Chan Xiu, de 30 años, alias “Eric”; su pareja, Zuang Zhehzhu, de la misma edad, alias “Lili”, y Chen Whanwe, de 43 años, que vivían en supermercado “Sky”, ubicado en Bernardo de Irigoyen y 25 de Mayo.
“A simple vista fueron degolladas”, explicó la fiscal del hecho, Vanina Lisazo, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 1 de Junín. En la escena del crimen se incautó un arma blanca ensangrentada. Los investigadores pudieron establecer la noche anterior las víctimas estaban adentro del local con una pareja, también de nacionalidad china, que había llegado a la Argentina hacía pocos días. Fueron identificados como “Liun” y “Mein” y se fugaron en un remis. Tras ser identificados, resultaron detenidos el 29 de marzo en el aeropuerto de Dubai (Emiratos Árabes) donde habían llegado procedentes de Ezeiza.
De Fujián
En los últimos años en Rosario se dieron varios casos de aprietes, amenazas intimidatorias, robos a mano armada a supermercadistas orientales, incluso ataques con bombas tipo molotov y mensajes extorsivos en rústicos carteles con grafología china tirados por debajo de los negocios con pedidos de dinero bajo amenazas de muerte.
Según la entidad que nuclea a los supermercadistas chinos, en Rosario y localidades cercanas están asentados unos 300 locales, de un poco más de 10.000 que funcionan en el país. La mayoría de los comercios radicados en la ciudad tienen como dueños y empleados a personas provenientes de la región china de Fujián, provincia del sureste del país, con más de 34 millones de habitantes. Hablan un dialecto propio, cerrado, con marcadas distinciones lingüísticas respecto del mandarín.
Tal fue la preocupación de las autoridades del Ministerio Público de la Acusación (MPA) de Santa Fe que, como alguno de los autores de esos hechos no pudieron ser identificados y al indagar en las víctimas se tropezaba con aspectos culturales complejos propios de la colectividad y las barreras del idioma, se recurrió a la Embajada de China en Buenos Aires para solicitar la cooperación de las fuerzas de seguridad del ese país.
Además la exfiscal Veronica Caini, de la Unidad de Imputados No Individualizados (NN), y el fiscal general Jorge Baclini, viajaron expresamente a China en junio de 2017 para intercambiar información con el objetivo de desentrañar la compleja trama de la mafia china.
Los investigadores sacaron algunas conclusiones y obtuvieron algunas pistas. Se pudo saber que muchos de ciudadanos chinos radicados en Argentina era militares expulsados del ejército de su país, y aquí se volvían el brazo violento y ejecutor de las mafias. También se determinó que un jefe o importante referente de la mafia china merodea por Rosario cada tanto. Mesas de dinero, prostitución, droga, juego clandestino, prestamistas y venta de protección. Todo puede ser motivo de un crimen en el submundo que cada tanto se paga con sangre, como le ocurrió hace pocos días a Dai Weiquing.
El comerciante, de 35 años, fue asesinado el martes a la mañana de un disparo con una pistola calibre 22 con silenciador en Juan XXIII y Garzón (barrio Hipotecario). Y otra vez se reaviva los interrogantes en torno a la presencia de la mafia china en estas tierras.
El sicario, como se observa en un video que tomó estado público, fue directamente a matarlo y demoró apenas 13 segundos en apuntar y apretar el gatillo.
La fiscal que investiga el homicidio, Georgina Pairola, descartó el robo como motivación y se inclinó más a indagar en un crimen por encargo. Ordenó una serie de medidas que se mantienen en reserva para identificar al agresor, aunque hasta el momento no pudo ser hallado. Es que como se observa en las imágenes, parece ser argentino. Es que al mismo tiempo que se sigue la pista asiática, no se descarta la operatoria de grupos delictivos locales, que desde hace tiempo utilizan la extorsión, los aprietes y las amenazas de muerte como mecanismo para vender seguridad.
Los investigadores consultados por Aire Digital interpretan que, si bien se puede hablar de un despliegue cada vez más ostensible de la temible mafia china y sus particulares códigos, también hay delincuencia local que, desplazada o corrida de sus habituales “nichos o negocios”, apuntan a los supermercadistas orientales, sobre todo a los negocios más vulnerables instaladas en los barrios más alejados del centro de la ciudad.
“También puede haber una mixtura de componentes, con mano de obra local y jefatura oriental. Es complejo porque se tropieza con el idioma y el silencio de las víctimas atemorizadas. Por lo que sabemos, los chinos se ajustan entre ellos con armas blancas, es una tradición. Cuando hay crímenes con armas de fuego, se cree que actuaron sicarios locales contratados”, confió un pesquisa.
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