El octavo crimen en Rosario en los primeros 14 días de este 2021 expuso el nivel de extrema resolución de conflictos que antes no aparecían entre las motivaciones de los hechos de sangre. Fabián Norberto Iunnisi, un hombre de 48 años apreciado entre sus vecinos por su generosidad, fue asesinado a puñaladas dentro de su casa del tradicional barrio Azcuénaga. Se negó a vender y entregar la escritura de una propiedad a personas que lo conocían, pero no tuvieron piedad y lo mataron a puñaladas frente a su madre. Detuvieron e imputaron a un sospechoso del brutal homicidio.
El asesinato de Iunnisi no parece estar vinculado al fenómeno de las usurpaciones de viviendas, que en los últimos tiempos dejó a la vista la actividad de bandas criminales que extorsionan y balean a vecinos a los que no les queda otro camino que mudarse a la fuerza de sus propias casas. En algunos casos los inmuebles son revendidos con documentación falsa, o utilizados como boca de expendio de estupefacientes.
Violentos, rústicos y con escasos recursos
En este homicidio existe el componente del inmueble como factor desencadenante de un conflicto previo, que adornado por cuestiones personales previas, con vínculos esporádicos entre la víctima y los victimarios, que en principio no aparecen como actores de peso en el mundo criminal, pero al final demuestran que la violencia extrema es el único recurso que tienen a mano para dirimir un conflicto.
Los sospechosos de este nuevo crimen que conmocionó a Rosario la última semana parecen ser personas rústicas y ásperas a la vez, con escaso o nulo recurso intelectual para tramar una maniobra delictiva sofisticada. El horario, el lugar, la escena y sus movimientos toscos así lo demuestran.
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El jueves a las 7.30 los comerciantes y vecinos del corredor de Mendoza a la altura de Pascual Rosas se disponían a transitar un día más de enero. Un sector del barrio Azcuénaga con incesante tránsito vehicular y peatonal, precisamente por la gran cantidad de negocios. Pero el horror de otra muerte violenta despabiló bien temprano a la ciudad.
A esa hora tres personas, dos hombres y un joven trans, llegaron en una moto de baja cilindrada y algo destartalada hasta un domicilio de Mendoza al 4622. Tocaron el timbre del pasillo donde vivía Iunnisi con su madre y esperaron. El dueño de casa salió para recibirlos porque los conocía, intercambiaron algunas palabras, y luego todos ingresaron al inmueble.
Ya adentro, el joven trans encerró a Juana, la mamá de la víctima, en el baño. Esa persona tenía un vínculo de muchos años con la familia porque le alquilaba a Iunnisi una vivienda en el barrio Parque Casas. En ese momento se desató una áspera duscusión entre los hombres que derivó en una pelea.
“Parece que los dos hombres que llegaron con este joven le sub alquilaron la casa al joven trans. Es gente pesada de la zona norte, y le propusieron, o casi que le exigieron al muerto, que se las venda. Le hicieron una oferta pero no aceptó. Entonces le reclamaron el título de propiedad. Como se negó y les dijo que sólo tenía copias de esos documentos, todo se desmadró”, deslizó una fuente policial sobre la principal motivación del crimen.
La mamá de Iunnisi fue testigo visual de esos primeros momentos de la pelea. Luego, al ser encerrada, detrás de la puerta escuchó la escena más dramática de su vida: los gritos y gemidos de su hijo mientras los dos hombres lo golpearon salvajemente en el piso, y para rematarlo le aplicaron al menos seis puñaladas entre el tórax y el abdomen.
Todo ocurrió en media hora, entre las 8.06 y las 8.36. Los intrusos salieron de la casa con total desparpajo, sin ningún cuidado ni reparo y huyeron los tres en la misma moto que llegaron. Fueron tomados por al menos 10 cámaras de videovigilancia de comercios de la zona, entre ellas las de un banco y una concesionaria de autos, según el relevamiento ordenado por el fiscal Adrián Spelta, de la unidad de Homicidios Dolosos.
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En la casa se hizo un silencio. Apenas pudo, la madre de Iunnissi abrió la puerta del baño y vio a su hijo moribundo en el piso de la cocina. Juana, de 76 años, salió a la calle shockeada y tambaleando. “Me lo mataron, me lo mataron”, se desgarró a los gritos delante de un vecino que le brindó el primer abrazo de contención y llamó a la policía.
Cuando el fiscal y el personal de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) llegaron al lugar sobre las 11 de la mañana, se encontraron con una escena sangrienta y un vecindario demolido por la muerte de Fabián. A primera vista, su cuerpo yacía en una habitación con el torso y el abdomen bañados en sangre producto de las heridas cortantes. Y otras que recibió en los antebrazos, por la resistencia que opuso antes de morir.
Exceso de confianza, y una casa alquilada a gente pretenciosa
Iunnisi conocía a las personas que lo mataron, y la reunión con ellos la había pautado el miércoles a la noche. De los tres, Fabián tenía un vínculo más cercano con Martín T., a quien años atrás le había alquilado la vivienda en el barrio Parque Casas. Ese joven sub alquiló la casa a personas que podrían estar vinculadas a la venta de droga en el populoso barrio del noroeste rosarino.
“Mi hermano conocía a estas personas”, confirmó a los pocas horas del hecho ante los periodistas una hermana del hombre asesinado. Y esa pista hilvanaron los investigadores, porque además, la declaración de la mamá de Fabian fue clave, ya que reconoció a Fabián T.
Los pesquisas apuntalaron la idea de que los otros dos hombres que estaban con el joven transexual llegaron a la casa con el objetivo de comprarle la vivienda a Inunnisi, quien se negó. El rechazo tensionó todo, y directamente lo presionaron para que les entregara el título de la propiedad del inmueble. La víctima les dijo que sólo tenía una copia del documento. Eso enfureció a los asesinos aún más y decidieron matar a Fabián.
Desprolijos, captados y el “inquilino” detenido
Cuando los tres intrusos escaparon, dejaron huellas de su accionar. Uno de ellos, antes de subirse a la moto intentó ingresar a un cajero automático del Banco Municipal que está en la esquina de la casa. Las cámaras de la entidad captaron el rostro, y otros nueve dispositivos de comercios de la zona grabaron los movimientos previos a huir.
“Una cámara ubicada a 20 metros permite ver lo sucedido. Los tres escaparon en la misma moto en la que llegaron”, indicó Spelta, que observó esas filmaciones, ordenó resguardarlas para la investigación y dispuso medidas urgentes.
Luego entrevistó a Juana, que le dio la identidad de Martín T. el joven transexual que conocía desde hace años y la encerró en el baño. Al conectar esa información, el fiscal solicitó órdenes de allanamientos para inmuebles de la zona de Parque Casas. Los agentes se trasladaron allí y detuvieron a ese joven arriba de una moto, muy parecida a la que pudo verse en las cámaras de videovigilancia.
Ya con esa primera detención, Spelta también dispuso requisar una casa ubicada en la misma zona (Del Carril al 1600) donde Martín T. tiene su taller mecánico, y una casa lindera en la que vive con su madre. En las inmediaciones de Rauch y Del Carril los investigadores requisaron otras viviendas.
Lo mataron para lograr impunidad
Mientras aún no se pudo dar con los otros dos hombres que participaron del homicidio de Iunnisi, Martín T. fue imputado el viernes. En un trámite por videoconferencia el fiscal lo responsabilizó como coautor del delito de homicidio calificado por el concurso premeditado de tres personas, y criminis causa (para ocultar otro de delito), en concurso real con robo calificado por el uso de arma blanca.
Según la hipótesis oficial, ese joven acordó un encuentro en la casa de la víctima del barrio Azcuénaga para controlar los papeles de un inmueble que poseía en Rauch al 1100, que el imputado tenía intenciones de comprar. Junto a los cómplices llegó al lugar y una vez dentro intentaron maniatar a la víctima.
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En esa instancia el dueño de la casa se resistió, y como respuesta le ocasionaron diversas heridas en el cuerpo con armas blancas, lo cual derivó en su muerte por shock hipovolémico por lesiones viscerales.
Según Spelta, esa acción fue cometida para obtener la impunidad, ya que conocía a la víctima, y también para poder sustraer la escritura y otros elementos. El juez de primera Instancia Florentino Malaponte tuvo por admitida la calificación legal presentada por la Fiscalía y ordenó que el imputado quede en prisión preventiva efectiva por el plazo de ley.
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