Mario Pereyra y Daniel Balaguer no se conocían. Pero ambos estuvieron durante años en el mismo lugar, en la cárcel de Piñero. Y no es el único rasgo que tenían en común, sino algo más complicado: ambos salieron de la prisión y los fueron a matar. Es una dinámica dentro de la mafia que se repite, cuando la libertad deja a la intemperie todos los peligros. La calle se transforma en un sitio más hostil que un pabellón en Piñero.
A “Coyote” Balaguer lo acribillaron el martes en el barrio Las Heras, en la zona sur de Rosario, cuando un sicario encapuchado esperó que saliera de su casa y lo acribilló de siete disparos. Este hombre de 47 años, que murió mientras hablaba por teléfono, era uno de los hombres de confianza de René Ungaro, uno de los mafiosos más violentos de Rosario, que está preso por el crimen del jefe de la barra brava de Newell’s Roberto "Pimpi" Caminos. Ahora sumará otra condena en un juicio que se está llevando adelante en el Centro de Justicia Penal. Comparte el banquillo de los acusados con Alan Funes, un joven de una generación anterior a la del "Brujo", pero a quien lo une el amor por las balas. Están imputados por asociación ilícita y varios crímenes que se sucedieron a principios de 2018 en los barrios Municipal y La Tablada.
Balaguer era del núcleo duro de Ungaro, un histórico. Pasó la mitad de su vida preso, por delitos que empezó a cometer hace más de 20 años, cuando era menor. Era un ladrón pesado que devino en narco, como muchos de los delincuentes veteranos. Sumó sentencias, que se unificaron, por 26 años de cárcel. Su vida pasó por los pabellones de Piñero. Su expareja era Elvira Ávalos, conocida como "la Gringa", que murió hace dos semanas tras una descompensación. Esta mujer manejaba kioscos de venta de droga del clan Ungaro, en el barrio La Tablada.
La hipótesis de los investigadores es simple, elemental, como casi todo lo que rodea estos casos de violencia extrema. Piensan que tras el fallecimiento de "la Gringa", "Coyote" iba a quedarse con el manejo de los puntos de venta de drogas. Al quedar vacante ese pequeñísimo territorio de dos o tres cuadras, lo fueron a matar los que se quieren quedar con esas bocas de expendio.
Todo lo que transita alrededor de las balas es precario, una especie de narcomenudeo de supervivencia, que sigue siendo más rentable que cualquier otro rubro de la economía formal, más en tiempos de crisis extrema como este. Por ejemplo, "la Gringa" y Balaguer eran los que apretaban a un sindicalista trucho, como el cantante de cumbia Adalberto Ribadero, conocido como "Beto" Riba, que decía representar a los carribares y también apretaba a los vendedores ambulantes con la chapa de ser hombre de Los Monos.
A Mario Pereyra lo fueron a matar un día antes de que acribillaran a Balaguer. Esperaron que el lunes a la tarde sus familiares lo fueran a buscar a la cárcel de Piñero, donde había purgado una condena por 12 años por un homicidio. La que terminó muerta fue una remisera Vanesa Hernández que nada tenía que ver con estas historias de narcos pobres y violentos.
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Hernández fue asesinada en el kilómetro 6 de la ruta 14 cuando fue a ayudar a remolcar una Renault Kangoo, donde iban Pereyra y sus parientes. Se acercó una Toyota Hilux a los autos y comenzaron a disparar a mansalva. Vanesa estaba al volante de un Volkswagen Fox, recibió múltiples impactos y falleció en el lugar mientras que un joven que estaba en la Kangoo que era remolcada fue alcanzado por las balas y quedó internado grave en el Heca.
Pereyra está en pareja con la hermana de "Pandu", cuyo nombre oficial es Nelson Alexis Aguirre, un muchacho que fue condenado a 16 años de prisión por varios crímenes vinculados al narcomenudeo en Villa Banana. Los investigadores tejen como hipótesis algo también simple: que la ejecución de Pereyra era en realidad un mensaje para Pandu, que está preso en Piñero y la semana pasadas ordenó varios ataques a balazos en la zona oeste.
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