El 26 de mayo de 2019 parecía un domingo más en Punta Norte hasta que el horror se apoderó del barrio: Verónica Ramírez (34 años) y su hija, Valentina Escalante (10), fueron encontradas asesinadas en la casa en la que vivían, en Azopardo al 10.400. Una carta en la mesa de la vivienda no dejaba lugar a dudas sobre quién era el responsable del doble femicidio. Se trataba de Hugo Daniel Blanco, expareja de Verónica quien de puño y letra confesó: "Perdón mundo, lo que pasó no lo hice porque esté loco sino porque me cansó. Me voy a matar, policía no me busque".
Pero no cumplió con lo que prometía: Blanco no puso fin a su vida sino que se dirigió a la casa de su hermana, le confesó lo que había hecho y luego escapó. Permaneció prófugo hasta las 22 del lunes 27 de mayo, momento en que se entregó en la Comisaría 10ª. Sabía que la Policía y la Justicia lo buscaban y que huyendo sólo complicaba su situación procesal.
Durante las 36 horas que el femicida estuvo prófugo, la familia, los amigos y los vecinos de Verónica y Valentina transitaron los peores momentos de sus vidas. Desde el trance de reconocer los cuerpos hasta tener que hacer una colecta de dinero para poder adquirir los ataúdes para un velatorio que, por falta de recursos económicos, se realizó –tras la autopsia de rigor– en el mismo inmueble en el que horas antes ambas habían sido asesinadas a puñaladas.
Durante las 36 horas que el femicida estuvo prófugo, la familia, los amigos y los vecinos de Verónica y Valentina transitaron los peores momentos de sus vidas. Desde el trance de reconocer los cuerpos hasta tener que hacer una colecta de dinero para poder adquirir los ataúdes para un velatorio que, por falta de recursos económicos, se realizó –tras la autopsia de rigor– en el mismo inmueble en el que horas antes ambas habían sido asesinadas a puñaladas.
Cuando todavía no salían del estupor por lo ocurrido, los vecinos de Punta Norte confesaron que el sábado a la noche habían escuchado gritos en la vivienda, pero que nadie había intervenido ni llamado a la Policía.
Los detalles del caso estremecen. Gustavo Escalante, el papá biológico de Valentina, conversó el 27 de mayo por la mañana con los periodistas Bruno Ballesteros y Fabiana Chiappero. En la entrevista desde el móvil de Aire de Santa Fe explicó que sabía que su expareja, Verónica, era agredida habitualmente por el acusado, aunque nadie imaginó que esa violencia pudiera dirigirse también a la pequeña.
Dos días después, estuvo presente en la audiencia del 29 de mayo por la tarde, en la que Blanco fue imputado por los dos homicidios en concurso real agravados por el vínculo y por mediar violencia de género (femicidio). Al salir de Tribunales, contó que los primeros peritajes habían determinado que la pequeña había sido asesinada primero, frente a su madre, como forma de causarle sufrimiento a ésta.
Ese día, en las puertas de Tribunales se congregaron tanto la Mesa Ni Una Menos Santa Fe como el grupo de mujeres de Punta Norte. Macarena, integrante de este último espacio, denunció que el doble femicidio estuvo signado por la ausencia del Estado: "Hubo denuncias previas, pero no fueron atendidas adecuadamente", reveló la joven y agregó que el femicida "tenía una restricción perimetral que no cumplió". "Estamos muy abandonadas, queremos justicia y un Estado presente", reclamó. Un pedido que, un año después, sigue vigente y desatendido.
Desde el 29 de mayo de 2019, Blanco permanece en prisión preventiva. La causa judicial no ha tenido casi novedades: actualmente se evalúa si es posible cerrarla con un procedimiento abreviado en el que el imputado acepte formalmente su autoría en los hechos y la pena que por ella le cabe.
Las lecciones del horror
Como cada caso en el que la violencia de género se cobra vidas, el doble femicidio de Verónica y Valentina deja al menos tres lecciones:
– Que el Estado al no amparar a las víctimas, al no brindarles las herramientas necesarias para escapar de la situación de peligro, al hacer caso omiso a las denuncias y limitar su acción a un papel –la medida de alejamiento– que sirve de poco y nada, se convierte en cómplice de los femicidas.
– Que la sociedad, los vecinos y la comunidad deben involucrarse en estas situaciones. Todos tenemos la posibilidad de frenar la violencia y asistir a quienes la padecen. Quizás, si alguna de las personas que escucharon los gritos de Verónica y Valentina hubiera llamado pronto al 911, el final de la historia hubiera sido diferente.
– Que las víctimas de la violencia de género no son solo las mujeres adultas: son también los niños, las niñas, los adolescentes, las personas mayores, todos los individuos a los que un violento tenga bajo su poder.
Lamentablemente, los crímenes de Verónica y Valentina no fueron un hecho aislado. En Argentina, durante los primeros 45 días de aislamiento social, preventivo y obligatorio hubo 55 femicidios, de acuerdo a los datos publicados este lunes 25 de mayo por el Observatorio de Violencia de Género "Ahora que sí nos ven". Es decir que en nuestro país cada 19 horas una mujer es asesinada por el hecho de ser mujer. Cada 19 horas se repiten las lecciones que hace un año nos dejó el doble femicidio de Punta Norte. Ojalá que pronto la sociedad y el Estado las entiendan, las aprendan y comiencen a hacer lo necesario para ponerle fin a este horror.
Si sufrís violencia de género o querés auxiliar a alguien que pasa por esa situación llamá al 144 (línea nacional) o al 0800-777-5000 (línea de Atención Ciudadana de la Municipalidad de Santa Fe)
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