El 13 de mayo del 2019, en horas de la tarde/noche, Walter Sueldo conducía su vehículo por avenida General Paz, acompañado por su esposa y su pequeño hijo en el asiento trasero, cuando un violento impacto en la parte trasera del automóvil les cambió la vida.
El baúl del auto de la familia Sueldo prácticamente desapareció, y su hijo Francisco se llevó la peor parte. Por la gravedad de las lesiones debió ser trasladado de urgencia al hospital, pero no lograron salvarle la vida.
Luego se supo que el protagonista del accidente era un vecino de la zona que se dirigía a su casa, identificado como Francisco Lascurain, un kinesiólogo de 40 años. Tras el impacto, Lascurain bajó de su automóvil y siguió a pie hasta su domicilio, donde fue detenido por la policía.
En audiencia imputativa el hombre comenzó a referirse al momento del accidente y su relato se fue tornando incoherente, hasta el extremo de llegar a declararse inmortal por estar "constituido de acero" y ser "el hijo de Dios". A las 48 horas se impuso su prisión preventiva.
El devenir de la investigación determinó que Lascurain padece desde hace años una grave afección en su salud mental, que incluso debió ser internado varias veces, y que al momento del accidente no estaba en dominio de sus facultades mentales. En palabras simples, el conductor estaba padeciendo un brote de delirio persecutorio y no registró la realidad de lo acontecido.
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En febrero de este año, el juez Pablo Busaniche con acuerdo de la Fiscalía y la querella que representa a los padres de Francisco, sobreseyó a Lascurain y lo declaró inimputable, por lo que se dispuso una medida de seguridad para que el hombre fuera trasladado de la cárcel al hospital psiquiátrico Mira y López, para recibir el tratamiento que necesita. Sin embargo, las autoridades del nosocomio manifestaron no poder garantizar la seguridad de Lascurain, o que éste no se fugue del establecimiento. Entonces, continuó detenido en Las Flores.
En una clínica de La Gallareta
Con intervención del Ministerio de Salud de la Provincia, en abril se logró que Lascurain fuera trasladado a una clínica en La Gallareta, donde las autoridades garantizaban poder cumplir con los requisitos legales para la atención del paciente. Pero otra vez se vio frustrado el traslado: el temor de la comunidad a recibir a una persona que provenía desde un penal, en el marco de la emergencia sanitaria por el coronavirus, frustró la internación.
Finalmente, la defensa de Lascurain, junto con los funcionarios del Ministerio de Salud de Santa Fe, lograron que otra clínica ubicada en la misma localidad aceptara recibirlo y tras casi un año preso, Lascurain fue trasladado hace pocos días a un lugar donde se espera reciba la asistencia sanitaria que necesita.
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Mientras tanto los interrogantes que despertó la causa siguen sin respuestas: ¿por qué tenía licencia de conducir y habilitación para ejercer su profesión un hombre con un cuadro de salud tan grave que lo convirtió en un riesgo para sí mismo y para terceros? ¿Debía contar Lascurain con un tutor que controlese sus actividades? ¿Pueden las personas con patologías similares a las de Lascurain conducir vehículos, con el riesgo que esto implica para la vida propia y de terceros?
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