domingo 28 de noviembre de 2021
Opinión | Santa Fe | Marcelo Sain | Coronavirus

Inseguridad: terminada la novela Sain-Sarnaglia, es hora de avanzar

¿Los niveles de corrupción empeoraron drásticamente en las instituciones santafesinas durante los últimos meses, o durante los últimos meses esta maraña de corruptela estructural comenzó a salir a flote?

Un verdadero despropósito: en el preciso momento en que el coronavirus estallaba en la provincia de Santa Fe y el gobernador Omar Perotti anunciaba medidas para preservar un sistema de salud que enfrenta el mayor desafío de su historia; la sociedad asistía al desenlace de los conocidos y desgastados desencuentros entre el ministro de Seguridad y el jefe de la Policía santafesina.

Marcelo Sain nunca se sintió cómodo con Víctor Sarnaglia, el jefe elegido personalmente por Perotti cuando todavía no había asumido como jefe de la Casa Gris. Los enfrentamientos entre ambos funcionarios se repitieron durante nueve interminables meses. Y el desenlace fue tan controvertido como esta relación: Sarnaglia terminó siendo desplazado de su cargo, luego de denunciar públicamente que estaba siendo víctima de una operación política de Sain.

A estas alturas de las circunstancias no se sabe si Sarnaglia infringió alguna ley o si su nombre está siendo manchado de manera injusta. Pero de lo que no quedan dudas, es que la jugada de Sarnaglia fue a todo o nada y sin retorno. Quizá no supo medir las consecuencias, pero al hacer pública sus sospechas puso a Perotti entre la espada y la pared: el gobernador se vio obligado a elegir entre su ministro o su jefe de Policía.

Quizá no supo medir las consecuencias, pero al hacer pública sus sospechas puso a Perotti entre la espada y la pared: el gobernador se vio obligado a elegir entre su ministro o su jefe de Policía.

Quienes entienden de política saben que esta jugada resultó temeraria. Sobre todo, frente a un gobernador que, a decir verdad, demoró demasiado en tomar decisiones al respecto y terminó pagando un costo político innecesario en medio de una crisis sanitaria sin precedentes.

Su bandera de campaña fue la lucha contra la inseguridad. Pero los hechos demuestran que nueve meses después de haber asumido como gobernador, la provincia de Santa Fe sigue siendo tan insegura como antes. Da la sensación de que la avalancha de violencia no arrastra a la sociedad santafesina aun con mayor fuerza porque, de alguna manera, el coronavirus lo trastocó todo.

Las consecuencias de la pandemia

Omar Perotti sabe que la pandemia no sólo dejará enfermos y muertos. También multiplicará la miseria y el hambre, condiciones ideales para que haya más inseguridad, más violencia y más muertes. Por eso, es hora de mirar hacia adelante y avanzar cuanto antes en las verdaderas transformaciones que tanto se pregonaron, a pesar de que el coronavirus sea prioritario.

El 11 de diciembre de 2019, cuando asumió como gobernador, Perotti anunció que enviaría a la Legislatura provincial una serie de leyes para transformar la corroída, vetusta y corrompida Policía de Santa Fe. El 1 de mayo, durante la apertura de sesiones ordinarias, repitió el mismo anuncio. Sin embargo, a nueve meses del inicio de gestión, ninguna de las tres leyes prometidas ingresó a las cámaras del Poder Legislativo.

Desde la oposición reclaman tener acceso cuanto antes a estos tres proyectos de ley que, según el oficialismo, prometen modificar la situación desde la raíz: una ley de seguridad pública que establece el marco general de la institución policial, otra ley que fija nuevos parámetros de funcionamiento interno de la policía y una tercera que plantea novedosos mecanismos de control.

El gobierno dijo que, antes de enviar estos proyectos a la Legislatura, los sometería al análisis de distintos estamentos sociales. Sin embargo, el coronavirus generó escollos insalvables en este sentido y apenas si el tema pudo ser evaluado por especialistas de algunas universidades.

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Oficialistas y opositores deben dar cuentas de situaciones anómalas que se vienen produciendo en la provincia de Santa Fe. El revoltijo de las sospechas arrastra a referentes de distintos sectores políticos y a instituciones esenciales para el sistema.

Oficialistas y opositores deben dar cuentas de situaciones anómalas que se vienen produciendo en la provincia de Santa Fe. El revoltijo de las sospechas arrastra a referentes de distintos sectores políticos y a instituciones esenciales para el sistema.

También es verdad que, más allá de las declaraciones de ocasión por parte del oficialismo, hasta el momento no estuvieron dadas las condiciones políticas como para que estas leyes avanzaran en la Legislatura. Primero, Omar Perotti acusó al Frente Progresista de haber generado un cogobierno con el narcotráfico. Luego, el ministro Sain hizo fuertes denuncias contra sectores del mismo peronismo con representación en el Senado y mantuvo duros enfrentamientos verbales con miembros de la oposición.

Pero a estas alturas de las circunstancias, el río de la política y de las instituciones santafesinas se encuentra tan revuelto, que pocos parecen en condiciones de quedar al margen de los reproches y de las sospechas.

O las cosas empeoraron drásticamente en las instituciones santafesinas durante los últimos meses, o durante los últimos meses esta maraña de corrupción estructural comenzó a salir a flote.

La oposición debe explicar por qué contrató en su momento a ciertos abogados que terminaron defendiendo a los más peligrosos narcotraficantes de la provincia. Referentes del peronismo deben dar cuentas de por qué sus nombres aparecen entre posibles contactos con narcos o líderes del juego clandestino. Encumbrados fiscales se encuentran detenidos o sospechados. Autoridades del MPA deberán aclarar por qué tantas irregularidades se produjeron sin ser detectadas a tiempo.

Frente a este fétido revoltijo que tiene como protagonistas a encumbrados referentes políticos y a organismos esenciales para el sistema surgen, por lo menos, dos lecturas: o las cosas empeoraron drásticamente en las instituciones santafesinas durante los últimos meses, o durante los últimos meses esta maraña de corrupción estructural comenzó a salir a flote.

Lo paradójico, en todo caso, es que quizá sea éste el momento adecuado para que las leyes de transformación de los organismos de seguridad de Santa Fe ingresen al fin en la Legislatura.

Es cierto que la prioridad en estos momentos aciagos es la lucha contra el coronavirus. Pero también es verdad que la miseria y la inseguridad matan al igual que este maldito virus. Más allá de nombres propios y de mezquinos intereses sectoriales, la política santafesina tiene en este sentido una enorme deuda con la sociedad a la que dice representar. Y es hora de que comience a pagarla.

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