Käthe Kollwitz en Santa Fe: el legado que unió al arte de Alemania y a las vanguardias argentinas a través del grabado social
La obra de Käthe Kollwitz, figura del expresionismo alemán y pionera en la denuncia social a través del grabado, volvió a cobrar vida en el Museo Rosa Galisteo. Una muestra reciente y el análisis del especialista Sergio Baur permiten reconstruir el profundo impacto que la artista tuvo en las vanguardias argentinas del siglo XX.
Käthe Kollwitz, una de las grandes maestras del expresionismo alemán, transformó el dolor social y personal en un lenguaje visual que marcó a generaciones de artistas en todo el mundo.
Käthe Kollwitz fue una de las artistas más influyentes del expresionismo de Alemania y una figura clave en la denuncia social del siglo XX. El Museo Rosa Galisteo adquirió, en 1927, una serie de grabados originales de Kollwitz que durante el 2025 fueron expuestos en el museo, confirmando la importancia histórica de ese patrimonio.
En ese marco, el historiador, diplomático y miembro de la Academia Argentina de Bellas ArtesSergio Baur brindó una conferencia en la que destacó los profundos vínculos entre la obra de la artista alemana y la vanguardia social argentina. De esta manera se retoman algunas de las apreciaciones de Baur para repasar el impacto que la obra de Kollwitz tuvo en los grabadores argentinos del siglo XX y para comprender cómo se construyó este fascinante puente estético e ideológico entre Berlín y Argentina.
La artista de Alemania testigo de su tiempo: de la tragedia personal a la denuncia social
Käthe Kollwitz es una figura clave del expresionismo alemán, cuya obra se consolidó como un testimonio crítico de las injusticias sociales de su época. La artista es particularmente conocida por sus grabados.
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Käthe Kollwitz, artista plástica alemana conocida por sus grabados realizados en los años 20 y 30 del siglo XX.
Proveniente de un hogar humilde e instalada en Berlín tras su matrimonio, vivió en un barrio obrero marcado por el crecimiento industrial y las duras condiciones laborales. Ese contacto cotidiano con la pobreza, los trabajadores y las desigualdades moldeó el núcleo de su producción artística, profundamente enfocada en la denuncia social.
La tragedia que atravesó en 1914 —la muerte de su hijo durante la Primera Guerra Mundial— marcó un antes y un después en su mirada: desde entonces, su obra reflexionó sobre el dolor, la pérdida y el impacto humano de la guerra, convirtiéndose en un símbolo de la vanguardia social durante la década de los años veinte y los treinta.
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Grabados de la artista de Alemania Käthe Kollwitz forman parte del patrimonio del museo Rosa Galisteo en Santa Fe.
Con el ascenso del nazismo, Kollwitz fue marginada y señalada como parte del “arte degenerado”, una etiqueta que también recayó sobre varios artistas de la vanguardia alemana. “Era una categoría desafortunada y absolutamente discriminatoria”, explica Baur. A diferencia de muchos de sus colegas, decidió no abandonar Berlín pese a la persecución, incluso cuando su estudio fue destruido.
“A diferencia de muchos artistas colegas expresionistas, Käthe no abandonó la ciudad de Berlín. Su atelier fue destruido por fuerzas de choque y ella tuvo una suerte de autoexilio hasta fallecer a pocos meses de la finalización de la Segunda Guerra Mundial”, continúa Sergio Baur. “Lo interesante de la artista es que de alguna manera los hitos de su vida la convierten no solo en una artista fundamental de la primera mitad del siglo XX, sino también en una testigo de su tiempo”, afirma.
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La cuerda de presos, Käthe Kollwitz.
Su legado trasciende lo estético: dejó diez volúmenes de diarios considerados un aporte histórico central y su influencia llegó hasta Argentina, donde sus grabados impactaron en el grupo de los Artistas del Pueblo. Obras como “Pan”, reproducidas en publicaciones de vanguardia de los años veinte y treinta, se convirtieron en referentes para generaciones de grabadores locales y consolidaron a Käthe Kollwitz como una de las grandes cronistas visuales de su tiempo.
De Berlín a Boedo: la influencia de Käthe Kollwitz en los grabadores argentinos
Las similitudes temáticas y estéticas que unieron las vanguardias sociales alemana y argentina se centraron en la denuncia social, la representación de las clases trabajadoras y el uso estratégico del grabado como medio de difusión accesible.
La artista expresionista alemana Käthe Kollwitz sirvió como una influencia importante y un punto de referencia fundamental en las temáticas y técnicas utilizadas por los grabadores argentinos, particularmente el grupo conocido como Los Artistas del Pueblo o la vanguardia de Boedo.
Ambas vanguardias sociales estuvieron preocupadas por los conceptos críticos de su momento y se enfocaron en la vida y las necesidades de los sectores más vulnerables de la sociedad.
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Afilando el hacha, Käthe Kollwitz.
En Argentina, la vanguardia se dividió en dos vertientes principales: la estética (el grupo de Florida, con figuras como Jorge Luis Borges y Oliverio Girondo en el mundo de las letras y con figuras como Xul Solar, Norah Borges y Emilio Pettoruti en el de las artes visuales) y la social (el grupo de Boedo). Mientras que la vanguardia de Florida fue descrita como una “especie de torre de marfil, o sea, artistas que están absolutamente comprometidos con el cambio estético más que como testimonio de lo que sucedía en ese momento en el país y en el mundo”, el grupo de Boedo se preocupó por “cuestiones que tienen que ver con lo social en Argentina”, explica Baur.
Los artistas de Boedo, como Adolfo Bellocq (ilustrador de Historia de Arrabal), Guillermo Facio Hebequer y José Arato se hicieron eco del fenómeno de la inmigración, la llegada de ideologías de izquierda y las formaciones gremiales. Eran, según Baur, los “depositarios o los traductores, puesto entre comillas de ese movimiento y de esas preocupaciones que Käthe también compartía, sin conocerlos y sin tener vínculo con ellos, pero con una fuerte coincidencia en lo que es el lenguaje estético”.
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Grabados patrimoniales de Käthe Kollwitz en el museo Rosa Galisteo de Santa Fe.
La presencia de Kollwitz en Argentina no era casual. Su obra tenía “lazos visibles e invisibles y conexiones y nexos con lo que sucedía en ese momento en la escena plástica de la Argentina”. De hecho, sus imágenes circulaban en publicaciones de la vanguardia de Boedo, como en un suplemento del diario La Protesta a mediados de los años 20.
El grabado: un vehículo para la democratización del arte
La principal convergencia entre ambos movimientos fue la elección estratégica del grabado. Esta técnica fue, como afirma Baur, “una influencia, yo creo que importante y un punto de referencia fundamental en las temáticas y en las técnicas utilizadas por nuestros grabadores”.
El grabado se valoraba por su capacidad de difusión social. Su naturaleza reproducible lo hacía ideal para transmitir mensajes críticos a la sociedad emergente y de bajos recursos: “El grabado tiene una circulación que es mucho mayor al de las otras obras de arte en soportes como puede ser la tela, el óleo, la escultura en sí. Podemos reproducir grabados que son obras originales, tantos como el artista quisiera”.
sergio baur
Licenciado en Historia por la Universidad de Belgrano con posgrado en Estados Unidos. Es diplomático de carrera, fue director de Asuntos Culturales de la Cancillería, y es miembro de número de la Academia Argentina de Bellas Artes.
Esto fue uno de los factores clave que permitió que la obra de Kollwitz llegara a la Argentina en aquel contexto, ya que sus grabados pudieron ser conocidos en una galería porteña y fueran, eventualmente, adquiridos por el Rosa Galisteo.
En Buenos Aires, este medio se usó para crear arte a bajo costo. Por ejemplo, la carpeta de 12 litografías de Facio Hebequer, “Tu historia compañero”, se vendía a solo 30 centavos, permitiendo que la gente tuviera “una obra original” en su poder. Esas piezas, antes relativamente accesibles, son hoy piezas patrimoniales de diferentes museos del mundo.
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En resumen, el grabado actuó como una imprenta artística social. Al ser un medio inherentemente replicable y asequible, permitió a las vanguardias sociales, como la de Boedo, superar las barreras elitistas de otras formas de arte y comunicar directamente sus ideales de denuncia y solidaridad a la clase trabajadora que representaban.
El diálogo exhibido en el Museo Rosa Galisteo demuestra cómo los artistas argentinos, en “tierras remotas”, perseguían los mismos ideales sociales y humanistas que Kollwitz, ya que se expusieron grabados de la artista alemana junto a obras de artistas contemporáneos, pero argentinos, pertenecientes a las vanguardias descritas anteriormente que también hicieron uso del accesible lenguaje visual del grabado.