El Golpe de la Cucaracha es una novela gráfica la cual representa una realidad que siempre estuvo y que actualmente nos atrevemos a manifestar. Su autora, Gato Fernández, cuenta en un relato autobiográfico cómo fue víctima durante su niñez de abuso sexual intrafamiliar por parte de su progenitor desde la óptica de una niña de cinco años.
Aclara Fernández al comienzo de su obra que Le coup de cafard “es una expresión francesa que significa tener una depresión profunda. Su traducción literal es El Golpe de la Cucaracha”.
Esta historia, aunque desgarradora, tiene momentos de luz en la que nos cuenta cómo era su “yo” de la infancia Lucía, su vida en un departamento donde habitaba con su hermano Fede, su madre, su progenitor Alberto y su abuela Chana. En esos momentos, utiliza el realismo mágico para relatar a través de sus dibujos, los cuales describen a la perfección la imaginación y las fantasías de una niña pequeña.
Los momentos de juego con su hermano cumplen un papel fundamental en la historia. Ella es una guerrera portadora de una espada, que la hace sentir fuerte e invencible, y Fede es un mago. Utiliza este recurso para defenderse de los males de su vida cotidiana, contando también con unos ratones antropomórficos que la rodean constantemente, a veces para protegerla y otras veces para traicionarla.
Por otro lado, la relación con su madre es ambivalente, una psicoanalista que se debate entre situaciones de amor con sus hijos y cuentos de tinte eróticos. Ama muchísimo a su abuela, aunque no termina de comprender cómo puede ser tan buena con ella y a la vez sentir tanto odio hacia su madre; y su progenitor en donde todos los momentos que comparte son de violencia y abuso. Su abuela Chana es la persona encargada de enseñarle sobre Dios, a la que Lucía descubre en el bidet de su casa, charla con él y le reza todos los días, pero es también la persona que le dice “Lucía, tu vieja es una negra de mierda, no la tenés que querer. Es una hija de puta, cuando crezcas lo vas a entender”.
El contexto en donde se desarrolla la vida de Lucía es de tensión y violencia constante, tanto verbal como física entre sus padres. Ella busca refugiarse en su hermano, quien trata de protegerla, y en sus fantasías encontrando una sensación de seguridad.
Lo maravilloso de esta novela gráfica es su relato, el cual se basa en una denuncia que realizó Gato Fernandez contra su progenitor, aclarando que fue sobreseído por prescripción. Eso no la detuvo para seguir luchando y militando, y de este modo nadie más tuviera que pasar por su misma situación y no obtener justicia.
Al final de su trabajo nos cuenta cómo “La Necesidad” la llevó a escribir y dibujar: “todxs mis psicoanalistas coincidieron en que poder dibujar y escribir es lo que me salvó de la locura y el suicidio. Yo hago lo que hago por necesidad”. Cuenta que le llevó diez años poder llevar a cabo este trabajo, no tanto por el guión sino por el dibujo: “Aunque escribir el guión me llevó unos meses, dibujar el libro me costó tres dolosos años, llenos de ataques de pánico, depresión, ansiedad y un lavado de estómago”.
Lo admirable de Gato es su valentía y coraje, el seguir adelante después de tanto padecimiento, el no dejarse atrapar por todos los monstruos que todavía la persiguen y que “siempre le respiran en la nuca”. El dolor no se va, así lo dice y lo siente, y así se siente haber sido víctima, pero también se siente ser una sobreviviente.
Lo valioso de este trabajo es su testimonio, poner en palabras y dibujos lo que se vive, lo que se siente y lo que se padece el haber sido una víctima de abuso sexual. Es hacer conocer a la sociedad lo trascendente de la lucha, de que estos casos no queden impunes, lo importante de no callar y poder denunciar, lo vital del acompañamiento a las víctimas en su recorrido y poder dejar ese lugar para convertirse en sobrevivientes.
Gato Fernandez dedica su obra: “Ante todo a mi, a les sobrevivientes de abuso y a les que no sobrevivieron. ¡Presentes, ahora y siempre!”.
Temas
Te puede interesar









