jueves 2 de julio de 2020
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Cómo hacer un pudín de chía delicioso para el desayuno

El pudín de chía para el desayuno es la idea perfecta para comenzar tu día con más energía.

El pudín de chía para el desayuno es una receta que se caracteriza por su interesante aporte de nutrientes. Además de ser fácil de preparar, nos ayuda a obtener energía a primera hora del día. A continuación te contamos cuáles son sus propiedades y cómo prepararla. ¡Toma nota!

Pudín de chía para el desayuno: importancia de desayunar

Para comenzar, hablemos de la importancia de desayunar. Al ser la primera comida del día, su consumo puede contribuir a una mejor calidad de la dieta, mejores niveles de energía y, por ende, mayor bienestar. Esto siempre y cuando hagamos buenas elecciones alimentarias.

Propiedades de las semillas de chía

  • Contienen proteína (principalmente prolaminas) y ácidos grasos poliinsaturados (omega 3 y omega 6).
  • Aportan vitaminas del complejo B y minerales (potasio, magnesio, calcio y fósforo).
  • Asimismo, tienen antioxidantes (principalmente ácido clorogénico y caféico, quercentina y kaempferol).
  • Adicionalmente, ayudan a obtener cierta cantidad de fibra soluble.

Receta de pudín de chía para el desayuno

Un delicioso pudín de chía puede ayudar a tener desayuno completo y saludable. No se excede con las calorías, es energético y brinda nutrientes que son determinantes para el bienestar.

Ingredientes

  • 3–4 cucharadas de semillas de chía (45 g)
  • 1 taza de leche vegetal o animal (250 ml)
  • 1/2 cucharadita de miel de abeja o edulcorante de tu elección (5 g)
  • Vainilla y canela al gusto
  • Para agregar, elegir una fruta de tu elección y un poco de muesli, cereales integrales como avena, etcétera.

Cómo activar las semillas de chía

Simplemente tenes que ponerlas en remojo.

  • Poner las semillas en remojo con agua (que las cubra bien, ya que se van a inchar un poco, según la semilla) durante 6-8 horas. Este tiempo es en general, aunque para las semillas pequeñas puede ser suficiente con 2 ó 4 horas.
  • Escurrir las semillas y enjuagarlas bien con agua nueva. Tené en cuenta que en el agua del remojo se habrán quedado esas sustancias que no queremos ingerir.

¡Listo!

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