Dos empresas santafesinas llegaron al Mundial de la Innovación de la ONU y pusieron a Santa Fe en la élite

Infira y Antech fueron seleccionadas entre las 33 empresas más innovadoras del mundo en un certamen organizado por la ONU.

Durante la entrevista también abordó uno de los principales desafíos del sistema de innovación: acercar el mundo científico al empresarial.

Durante la entrevista también abordó uno de los principales desafíos del sistema de innovación: acercar el mundo científico al empresarial.

Jean-Marc Ferré / ONU

Santa Fe volvió a mostrar que su capacidad de generar innovación trasciende las fronteras del país. Dos empresas nacidas en el ecosistema científico-tecnológico de la provincia, Infira y Antech, alcanzaron la final del denominado "Mundial de la Innovación" organizado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), organismo de las Naciones Unidas (ONU). Entre más de 1.300 empresas de más de 120 países, ambas quedaron seleccionadas entre las 33 mejores del mundo por el impacto social de sus desarrollos y la calidad de su estrategia de propiedad intelectual.

El ingeniero químico Marcelo Grabois, CEO de ITERA y uno de los principales referentes latinoamericanos en inteligencia tecnológica e innovación, explicó en diálogo con Milla Extra, el programa de AIRE Negocios, que este logro es el resultado de un proceso mucho más amplio que el éxito de dos compañías. "Santa Fe está haciéndose escuchar internacionalmente. Hay un ecosistema que viene trabajando hace décadas y hoy empieza a mostrar resultados", sostuvo.

Un ecosistema que tardó décadas en dar sus frutos en Santa Fe

Para Grabois, el reconocimiento internacional no puede entenderse únicamente desde el talento de los equipos que lideran las empresas. Detrás existe una red integrada por universidades, científicos, organismos públicos, laboratorios, instituciones de vinculación tecnológica y empresas que durante años invirtieron en investigación y transferencia de conocimiento.

En ese sentido, destacó especialmente el trabajo desarrollado por la Universidad Nacional del Litoral en materia de ciencia y vinculación tecnológica. Según explicó, la provincia logró construir un ecosistema capaz de acompañar un desarrollo desde la investigación básica hasta la protección mediante patentes y la búsqueda de inversiones para escalar los proyectos.

Desde ITERA, la consultora que dirige y que cuenta con una oficina en el Polo Tecnológico Litoral Centro, acompañan precisamente ese recorrido: realizan inteligencia estratégica, estudios tecnológicos, gestión de propiedad intelectual, redacción de patentes y asesoramiento para transformar una innovación científica en un negocio con potencial internacional.

Dos desarrollos con impacto global

Las dos empresas santafesinas llegaron a la competencia internacional con proyectos muy diferentes, aunque unidos por un mismo objetivo: resolver problemas concretos mediante innovación científica.

En el caso de Infira, el desarrollo parte de una investigación en biología molecular liderada por Renata Reinheimer. El equipo logró identificar un mecanismo genético que permite transformar cultivos anuales en cultivos perennes. El primer caso fue un arroz capaz de sembrarse una sola vez y cosecharse durante varios ciclos, con el consecuente ahorro económico y una importante reducción del impacto ambiental.

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Grabois recordó que cuando conoció el proyecto entendió que estaba frente a una innovación disruptiva. A partir de allí comenzó el proceso de protección internacional mediante patentes, que hoy continúa con nuevas generaciones de desarrollos tecnológicos.

Por su parte, Antech, liderada por Alberto Ramos, desarrolló una formulación destinada al tratamiento de heridas crónicas, un problema para el que actualmente no existen medicamentos que logren su curación. El trabajo científico incluyó años de investigación y fue acompañado por una estrategia de validación tecnológica y protección intelectual que permitió demostrar el carácter innovador de la invención.

Innovar también es saber proteger el conocimiento

Uno de los conceptos que Grabois enfatizó durante la entrevista fue que innovar no consiste únicamente en tener una buena idea. Para competir globalmente también resulta indispensable proteger ese conocimiento y convertirlo en un activo para la empresa.

En ese sentido explicó que una patente no solo debe demostrar que un desarrollo es nuevo, sino también que representa un avance no evidente para un especialista en la materia. Esa combinación entre ciencia, estrategia y propiedad intelectual fue precisamente uno de los aspectos que evaluó el jurado internacional de la OMPI.

El especialista remarcó además que la propiedad intelectual dejó de ser una cuestión exclusivamente jurídica para transformarse en una herramienta central de competitividad, capaz de aumentar el valor de las empresas y facilitar su inserción en mercados internacionales.

Ciencia y empresas: un puente cada vez más necesario

Durante la entrevista también abordó uno de los principales desafíos del sistema de innovación: acercar el mundo científico al empresarial.

Grabois sostuvo que científicos y empresarios persiguen objetivos diferentes y que esa diferencia no constituye un problema. Mientras los investigadores buscan generar conocimiento, los empresarios procuran desarrollar negocios y crecer. La clave está en construir puentes entre ambos mundos mediante profesionales especializados en vinculación tecnológica.

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Finalmente, advirtió que la innovación dejó de ser una opción para transformarse en una condición de supervivencia empresarial. Como integrante del comité internacional que desarrolla las normas ISO sobre gestión de la innovación, explicó que hoy existen estándares globales para gestionar ideas, propiedad intelectual, toma de decisiones basada en evidencia y procesos innovadores.

"La información crece exponencialmente y las empresas que no inviertan en innovación dentro de cinco años no van a existir más", concluyó. Para Santa Fe, el desempeño de Infira y Antech en el escenario de las Naciones Unidas representa una muestra de que la combinación entre ciencia, tecnología y sector productivo ya comenzó a dar resultados con proyección mundial.

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