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Lo que no se dice también pesa: el estrés silencioso en la vejez

Cuando la soledad, la incertidumbre y la falta de acceso a contención emocional pesan más que la jubilación. La coach transpersonal Alicia Rossini dialogó con AIRE sobre los desafíos que llegan durante la vejez.

En Argentina, muchas personas mayores viven con una carga emocional que no siempre reconocen como tal. Según el Observatorio Humanitario de la Cruz Roja Argentina, más del 65% de los adultos mayores no accede a ningún tipo de atención de salud mental. En paralelo, un 33% admite sentirse solo u olvidado, una cifra que ha escalado en los últimos años. Este aislamiento prolongado actúa como un detonante silencioso del estrés emocional, generado por la falta de vínculo, conversación y reconocimiento.

Aunque no todos reportan angustia explícita, múltiples encuestas señalan que el malestar se manifiesta en síntomas como insomnio persistente, irritabilidad, falta de apetito o dolores inexplicables. Muchas veces no se identifican como consecuencia del estrés, sino como efecto de la edad o enfermedades crónicas.

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La jubilación, lejos de ser una etapa de descanso, puede desarmar proyectos existenciales. Al perderse el rol laboral, también se difuminan los vínculos, la rutina y el sentido del día a día. La falta de actividades recreativas también pesa: el 41% afirma que sus necesidades de recreación están “poco o nada satisfechas”. La desconexión social y la ausencia de propósito operan como factores que aceleran el agotamiento emocional.

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Muchos adultos mayores pierden el rumbo al jubilarse, por lo que es importante que establezcan rutinas con propósito y compañía para mantener su calidad de vida.

Muchos adultos mayores pierden el rumbo al jubilarse, por lo que es importante que establezcan rutinas con propósito y compañía para mantener su calidad de vida.

Estrategias que recomiendas los expertos

A pesar del contexto, hay rutas de alivio. Los expertos recomiendan estrategias simples y accesibles centradas en reconectar con lo corporal y lo comunitario:

  • Movimiento con intención, aunque sea breve: caminar, hacer ejercicios adaptados, participar de actividades suaves como tai chi o estiramientos, ayuda a reducir la tensión física y mental.
  • Rituales diarios que estructuren el día: desayuno con compañía, lectura, juegos, jardinería o tareas livianas. No se trata de llenar el tiempo, sino de llenarlo con cosas sentidas.
  • Reactivar vínculos, incluso en espacios básicos: redes vecinales, grupos barriales, centros de jubilados o talleres gratuitos que ofrecen contención y sentido compartido.
  • Expresión emocional y escucha: encontrarse con alguien que valide lo que se siente —familia, vecino, voluntario— permite nombrar el estrés y desactivarlo.
  • Prácticas de calma, como respiración consciente o meditación guiada sencilla, pueden ofrecer un respiro interno, aunque sean apenas unos minutos al día.

Desde la comunidad, es clave generar espacios de contención emocional accesibles. El informe menciona que los programas comunitarios y talleres grupales podrían ser herramientas poderosas para frenar la soledad y mejorar el ánimo . Cada pequeño círculo de escucha o encuentro sostenido puede convertirse en una forma real de bienestar.

En última instancia, el mensaje es claro: la vejez no debería ser sinónimo de resignación emocional. Identificar el estrés, aunque no siempre se escuche como tal, y dotarse de estrategias cotidianas para reconectar, pueden transformar la experiencia de envejecer en serenidad. Porque vivir con menos angustia, más sentido y más presencia es posible a cualquier edad.

Mirá la entrevista completa por AIRE

En este contexto, la coach transpersonal especializada en el manejo del estrés Alicia Rossini dialogó con el programa Cuál es el Plan? de AIRE sobre los parámetros específicos de estrés que caracterizan a la tercera edad.

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