lunes 9 de mayo de 2022
La bitácora | Navidad |

El árbol de los abrazos

Las familias argentinas y de todo el mundo arman su arbolito navideño El Día de la Inmaculada Concepción. La historia detrás de esta costumbre.

Cada 8 de diciembre, la tradición indica que tenemos que iniciar la ceremoniosa empresa de armar el arbolito de Navidad y los más creyentes, también el pesebre con los pastorcitos, las vacas, los burros, ovejas, pero (léase un "peeeeeeeroooo" largo a modo de advertencia) sin colocar aún el niñito Jesús que hasta el 24 no nace, ni los Reyes Magos, que hasta el 6 de enero no pasan. Un error que podría pasar desapercibido pero que los más fanáticos respetan sin discusiones.

La historia viene del año 700 cuando San Bonifacio, un evangelizador europeo reemplazó un roble que era muy venerado por los no cristianos, por un pino, el símbolo del amor eterno de Dios. Este árbol fue adornado con manzanas (que para los cristianos representan las tentaciones) y velas (que simbolizaban la luz del mundo y la gracia divina). Al ser una especie perenne, el pino es el símbolo de la vida eterna. Además, su forma de triángulo representa a la Santísima Trinidad. Acá todo tiene una historia y un por qué. Pero lo más importante de todo, es la reunión alrededor de árbol que nos llena de fe, esperanza y amor (sáquense de la cabeza en este momento, las peleas por dónde se pasan las fiestas, quien cocina o lleva la ensalada rusa, quien va y demás cuestiones, seamos poéticos por un momento).

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Navidad es un término latino que significa “nacimiento” y que, en una forma más arcaica, se expresaba conforme a su etimología como natividad. En el mundo cristiano es la fecha en que se conmemora el nacimiento de nuestro señor Jesucristo.

Navidad es un término latino que significa “nacimiento” y que, en una forma más arcaica, se expresaba conforme a su etimología como natividad. En el mundo cristiano es la fecha en que se conmemora el nacimiento de nuestro señor Jesucristo.

Acá no se trata de plantar un arbolito, sino de armar uno que generalmente es heredado, o que compramos o hicimos con mucho amor, más que con ganas. Porque de eso se trata esto: de intentar plasmar un montón de sentimientos en una estructura de plástico, con adornos de colores, tarjetas con deseos y lucecitas de colores. Tarea que al principio nos puede generar cierto entusiasmo, pero que cuando caemos en la cuenta que durará sólo un mes y después hay que desarmarlo, esa energía se convierte en otros pensamientos, menos festivos.

En mi caso, el año pasado llegué a fines de enero con el arbolito intacto y sin momento para guardar ordenadamente todo en cajas, por temas para que no se arruine nada ni se rompa. Llegó febrero y agarré el árbol, así como estaba, lo guarde en las penumbras hasta ahora, situación que luego me indicaron traía muy mala suerte y hasta podría haber desencadenado la pandemia de coronavirus. Perdón a todos, no sabía que era tan malo guardar el coso ese así.

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La forma triangular del árbol (por ser generalmente una conífera, con particular incidencia del abeto) representa a la Santísima Trinidad.

La forma triangular del árbol (por ser generalmente una conífera, con particular incidencia del abeto) representa a la Santísima Trinidad.

La decoración, una tradición navideña

A pesar de este acto desalmado, me confieso que soy una militante de la decoración navideña, del espíritu festivo y del armado del arbolito. Y este año en especial, donde nos suspendieron la alegría del festejo para controlar el Covid, lo considero casi como un acto de venganza y rebeldía hacia esa enfermedad traicionera que nos cambió la vida a todos. Es casi como decirle un poco en la cara al bicho: mirá, no me sacaste las ganas de festejar. Y si bien pasamos cumpleaños en cuarentena, aniversarios en aislamiento, de pronto la Navidad y el año Nuevo se convierten en una preocupación, y hasta casi un límite a tolerar. Nos bancamos soplar las velitas por videollamada, pero, ¿qué va a pasar con el abrazo de las fiestas?, es casi una placa roja de Crónica. De hecho, si tuviera que escribir hoy mi cartita a Santa Clauss, el niño Dios o a quien crean conveniente le pondría:

"Querido Papá Noel: para esta navidad, quiero que vuelvan los abrazos".

Y por eso con ganas voy a sacar el árbol armado de la oscuridad, para ponerle lucecitas, y vamos a hacer esas decoraciones hogareñas que siempre salen horrorosas, pero nos permiten compartir un momento con quienes amamos. Y vamos a llenar nuestra casa de deseos con alcohol (en gel) para que el virus pare un poco, se conmueva con árboles tan llenos de deseos materializados en adornitos o salga espantado por lo feo que nos quedó. Arboles altos, bajos, flaquitos de hojas o regordetes, con luces o sin ellas, pero que tengan la energía de esos abrazos que contuvimos este año y necesitamos tanto, esos que pueden enfermar el cuerpo, pero curan el alma, y que estamos guardando para cuando podamos volver a sentirnos refugiados, en los brazos de otro. Mientras tanto, pongamos esos brazos abiertos y sentimientos en el árbol, sin perder la fe en los milagros de Navidad.

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