Tal como venían anunciando científicos y organismos especializados, el año 2023 termina con una temperatura media global que –entre enero y noviembre– estuvo 1,46 grados centígrados por encima de los valores de la era preindustrial (antes del siglo XX) y 0,13 grados por encima del promedio del año 2016, que era hasta ahora había sido año más caliente de la historia registrada. El Fenómeno de El Niño y la aceleración del cambio climático provocado por el ser humano explican estos datos.
Durante los últimos 12 meses se registraron temperaturas sin precedentes tanto en la parte terrestre del globo como en los océanos, que llegaron a medir 20,96 grados, algo nunca registrado.
En algunos países los termómetros estallaron durante el verano del hemisferio boreal: en Túnez llegaron a registrarse 55 grados, en el Valle de la Muerte en Estados Unidos 53 grados y en China 52.
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Argentina, a tono con la tendencia mundial
Según datos preliminares (enero/octubre) recopilados por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la temperatura media en la Argentina durante 2023 fue de 0.96 grados centígrados por sobre el período de referencia, lo que sitúa al año que acaba de terminar como el año más cálido desde 1961 (el reporte definitivo estará listo los últimos días de enero).
El reporte incluye otros datos interesantes sobre lo que pasó en Argentina a nivel climático: el primero de ellos es que la temperatura media entre enero y octubre de 2023 fue más cálida que lo normal en todas las estaciones antárticas, con la mayor anomalía positiva (+2.0 grados) en la base Belgrano II.
Además, durante el verano de 2022/23 el país fue testigo de diez olas de calor, “un hecho sin precedentes. Entre noviembre y marzo, todos los meses registraron al menos un evento extremo de calor”.
Por el lado de las lluvias, la precipitación a nivel país se mantuvo por debajo del promedio del período climático de referencia y ubica, hasta ahora, al 2023 en el puesto 8 de los años más secos desde 1961, siempre según el SMN. “Las condiciones de sequía se agravaron durante la primera mitad del año, principalmente en la región central. En febrero y marzo se observó sequía de extrema a excepcional en gran parte del centro-noreste del país, el noroeste de Patagonia y sur de Cuyo”.
De Niña a Niño
El organismo estatal recordó que el año 2023 “comenzó con el tercer año consecutivo de La Niña, evento que finalizó en febrero”. A partir de marzo, la temperatura superficial del mar en el océano Pacífico ecuatorial fue aumentando de manera sostenida. A fin del invierno, la atmósfera comenzó a acoplar su circulación a este calentamiento, lo que llevó al inicio de la fase positiva del ENOS o El Niño.
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Otro dato a tener en cuenta es el relativo a las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI): la información oficial explica que los valores superficiales de dióxido de carbono y metano –dos de los principales gases de efecto invernadero– “continuaron en aumento durante 2023 en Ushuaia y Marambio”, una tendencia similar a lo que ocurrió a nivel mundial.
El costo del cambio climático
El “nuevo clima” asociado al calentamiento del planeta tiene innumerables consecuencias de todo tipo: ambientales, sociales, productivas y, por todo esto, económicas. “Las olas de calor, las sequías y los incendios formarán parte de la nueva normalidad. Estos fenómenos no sólo provocan daños al medio ambiente, los humanos y el resto de las especies, sino que tienen también un enorme impacto económico”, explicaron desde el SMN.
En ese sentido, agregaron que un informe publicado este año por la gigante de los seguros de Alemania Allianz que analiza el efecto económico de las olas de calor globales, estimó que los eventos ocurridos a lo largo de 2023 “podrían costar el equivalente a 0,6 puntos porcentuales del Producto Bruto Interno (PBI) mundial”.
El reporte de Allianz estudió la correlación entre la extensión de las olas de calor en seis países diferentes con la pérdida de productividad laboral y la reducción del PBI nacional. Luego, considerando el aporte de cada país al producto mundial, estimó la reducción en el PBI global asociada.
“Los desastres provocados por amenazas meteorológicas producen pérdidas directas e indirectas en todos los países donde ocurren, aunque para los países desarrollados las pérdidas netas suelen ser menores. Estos países pueden acceder a fondos de reconstrucción (a través de emisión de deuda a bajo costo) y de esta manera compensar parte de la pérdida en la producción con la creación de producto. Con la reconstrucción se inicia un proceso de renovación del capital destruido que de alguna manera compensa las pérdidas (aunque no totalmente) brindando un estímulo temporal al aumento de la producción. En el caso de economías en desarrollo o de bajos ingresos la falta de disponibilidad a fondos para reconstruirse puede reducir notablemente la capacidad de reconstrucción y el consiguiente estímulo a la producción”, explica el documento de Allianz.





