El Institut für Sexualwissenschaft: el centro pionero en sexualidad que los nazis intentaron borrar de la historia
Fundado en Alemania en 1919, fue el primer instituto dedicado al estudio científico de la sexualidad y el género. Destruido por los nazis, su legado perdura.
Fiesta de disfraces en el Instituto para la Ciencia Sexual. Magnus Hirschfeld (con gafas y bigote) toma de la mano a su compañero de vida, Karl Giese.
Luego de la primera guerra mundial, cuando Alemania intentaba reinventarse en plena República de Weimar, Magnus Hirschfeld, un médico judío y homosexual, decidió impulsar una revolución silenciosa: estudiar la sexualidad humana sin prejuicios ni moralismos. Así nació el Institut für Sexualwissenschaft (Instituto para la Ciencia Sexual) en Berlín, una institución que mezcló ciencia, activismo y atención médica, y fue única en su época.
Al día de hoy, Hirschfeld es considerado un pionero en el movimiento temprano por los derechos de la comunidad LGBTQ+. Su historia y la de su instituto son tan fascinantes como trágicas.
Un laboratorio de ideas en una ciudad que respiraba libertad
El instituto abrió oficialmente sus puertas en 1919, en una casona rodeada de jardines en el barrio de Tiergarten. No era solo un centro científico: era un espacio de diálogo, encuentros y experimentación en una época en la que Europa todavía arrastraba conservadurismos profundos.
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El Instituto para la Ciencia Sexual fue fundado en Berlín, en la Alemania de 1919.
Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos, cortesía de la Sociedad Magnus-Hirschfeld
En su interior convivían consultorios médicos para la atención cotidiana, una biblioteca con más de 20.000 volúmenes dedicada a temas vinculados a la sexualidad, un archivo fotográfico y documental sin precedentes y aulas donde se dictaban conferencias abiertas al público.
Miles de personas pasaron por el instituto en sus primeros años: parejas que buscaban orientación, estudiantes, investigadores extranjeros y aquellos que no encontraban en ningún otro lugar contención, respeto ni una escucha profesional.
Magnus Hirschfeld, el médico pionero en estudios de género y sexualidad
Magnus Hirschfeld fue mucho más que un científico. Militante, escritor y conferencista, fundó además el Comité Científico-Humanitario, la primera organización en el mundo dedicada a defender los derechos de personas homosexuales. Su campaña para eliminar el Parágrafo 175, el estatuto en el código penal alemán que criminalizaba las relaciones sexuales entre hombres, lo puso en el centro del debate público.
Hirschfeld fue uno de los primeros teóricos en promover el concepto de que existe una amplia variedad de identidades de género. Describió un espectro continuo de identidades de género únicas, “entre las cuales no hay puntos vacíos, sino líneas de conexión ininterrumpidas”.
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Magnus Hirschfeld en 1928.
Süddeutsche Zeitung Photo/Alamy
En 1919, fue el mismo Hirschfeld el que acuñó el término “travesti” (en alemán, transvestit). Esta palabra era utilizada para nombrar, de forma no discriminatoria, a las identidades de género fuera de la norma. Así, personas que vestían ropa de un género diferente al asignado al nacer, drag queens y personas no binarias, eran identificadas bajo este término. Si bien en el presente es una categoría cuestionada en algunos territorios, en otros, como Argentina, es un término ampliamente utilizado y reconocido por las comunidades LGBTQ+.
Creía profundamente en el poder de la educación sexual para reducir la violencia, los embarazos no deseados y la persecución moral, y su visión de una sexualidad diversa incomodaba tanto a conservadores como a sectores políticos radicalizados. Su trabajo adelantó discusiones que recién llegarían masivamente a fines del siglo XX.
Uno de los aspectos más revolucionarios del instituto fue su enfoque sobre la identidad de género. Mientras gran parte del mundo médico clasificaba estas experiencias como patologías, el equipo de Hirschfeld entendía la diversidad como parte natural de la humanidad.
Allí se ofrecía acompañamiento médico y social a personas trans, se gestionaban permisos legales que les permitían vestir acorde a su identidad (certificados de travesti, "transvestitenschein”) —algo inédito para la época— y se desarrollaban investigaciones que describían la identidad de género como un espectro, mucho antes de que esas discusiones llegaran al ámbito académico. Ese enfoque convirtió al instituto en un referente internacional para quienes buscaban vivir su identidad con libertad.
El ataque nazi: cuando una hoguera quiso apagar la diversidad
censura nazi
Dos jóvenes alemanes, uno con el uniforme de la SS, examinan los materiales saqueados del Instituto para la Ciencia Sexual.
Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos
En 1933, apenas semanas después de que Hitler asumiera el poder, el Institut für Sexualwissenschaft se convirtió en un objetivo político. Para el nazismo, la diversidad sexual era incompatible con la idea de una nación “pura”.
El 6 de mayo, grupos de la Liga de Estudiantes Alemanes irrumpieron en el edificio, confiscaron los archivos y expulsaron al personal. Diez días después, en una de las escenas más brutales de la censura moderna, más de 20.000 libros, fotos, investigaciones y expedientes médicos fueron arrojados al fuego en la plaza de la Ópera de Berlín.
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Quema de obras del Instituto para la Ciencia Sexual consideradas “no alemanas” en Berlín.
Archivo federal, imagen 102-14597 / Georg Pahl
Esa misma hoguera, inmortalizada en fotografías, marcó el final del instituto. Hirschfeld, que estaba de gira en el extranjero, jamás regresó. Murió en el exilio dos años más tarde, con el corazón roto por haber perdido el trabajo de su vida.
La figura de Hirschfeld continuó siendo usada por el nazismo como la cultura supuestamente anti-alemana y decadente que el Nacional Socialismo condenaba.
Lo que sobrevivió: un legado reconstruido a partir de cenizas
Una vez llegado el final de la guerra, los colegas sobrevivientes de Hirschfeld no pudieron reclamar lo que había quedado del instituto, ya que los juicios de la posguerra consideraron su expropiación legal. Sin embargo, y a pesar de la destrucción casi total, parte del archivo logró sobrevivir porque Hirschfeld había trasladado documentos durante sus giras internacionales.
certificado transvestit
El llamado certificado o licencia de travesti era un documento expedido desde 1909 hasta, presumiblemente, la década de 1950, que permitía a su titular vestir ropa del sexo opuesto en público sin temor a represalias policiales.
Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos, cortesía de la Sociedad Magnus-Hirschfeld
Con el paso de las décadas, investigadores y archivistas consiguieron reconstruir fragmentos de la historia institucional. Hoy el Institut für Sexualwissenschaft es considerado el antecedente directo de la sexología moderna, un punto de partida para los estudios de género y un hito en la historia de los derechos LGBTQ+.
Su trayectoria demuestra el poder de la ciencia para enfrentar la intolerancia y también la vulnerabilidad del conocimiento frente a los autoritarismos que buscan imponer un único modelo de vida.
En 2011, el Gabinete Federal alemán estableció la Fundación Nacional Magnus Hirschfeld, cuyo objetivo principal es continuar el trabajo de su homónimo, abogar por los derechos de la comunidad LGBTQ+ en Alemania, y además asegurarse de que la historia de este médico pionero no se pierda en el olvido.
Por qué hablar del instituto hoy sigue siendo urgente
La historia del Institut für Sexualwissenschaft revela que los debates sobre el cuerpo, la identidad y el deseo no son nuevos, y también muestra que la censura y la persecución política casi siempre empiezan por controlar la intimidad de las personas.
Recordar su existencia es reivindicar a quienes eligieron estudiar la sexualidad como un derecho humano y es, también, un recordatorio de que la libertad siempre es más frágil de lo que parece.
Por estos motivos, y a pesar de que el querido Instituto de Hirschfeld fue bombardeado hasta los cimientos, lo mejor y más poderoso que se puede hacer hoy en día para asegurarse de que estas atrocidades no se repitan es simple: contar y recordar la historia.