Los cactus tienen fama de ser indestructibles. Aguantan el calor, la sequía y hasta el olvido. Pero esa resistencia puede jugarles en contra: muchos no saben cuándo realmente necesitan atención.
La clave no está en el riego ni en el fertilizante. La señal secreta es el ablandamiento del tallo. Si al tocarlo lo sentís gomoso, flexible o menos firme, tu cactus está pidiendo auxilio.
Según la ingeniera agrónoma Florencia Peña, el cactus funciona “como un reservorio natural de agua”. Si se ablanda, es porque no puede mantener su estructura interna. ¿El motivo? Casi siempre, demasiada humedad o falta de luz.
Si ves que tu cactus empieza a “estirarse” hacia un lado, está sufriendo etioliación. Es la forma en que la planta muestra que busca luz desesperadamente. En ese caso, también necesita un cambio de ubicación urgente.