El sedentarismo prolongado es uno de los principales problemas de la vida moderna. Investigaciones recientes sugieren que pasar más de diez horas sentado cada día puede aumentar el riesgo de deterioro cognitivo y demencia, especialmente en adultos mayores.
Estar inmóvil reduce el flujo sanguíneo hacia el cerebro, afecta la oxigenación y favorece procesos inflamatorios. También se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas, que a su vez influyen en la salud cerebral.
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Pausas activas de 30 minutos pueden hacer toda la diferencia.
Los especialistas recomiendan realizar pausas activas cada 30 a 60 minutos: levantarse, estirar, caminar unos minutos o realizar movimientos simples. La actividad física diaria, aunque sea moderada, ayuda a mantener la memoria, la atención y la capacidad de aprendizaje.
Organizar el espacio de trabajo para permitir más movimiento —como usar escritorios elevados o configurar recordatorios— puede reducir las horas de sedentarismo. La clave es la regularidad.