Desde que comenzó a aparecer en la tele, primero con Bake Off y luego con MasterChef, Damián Betular se convirtió rápidamente en una de las figuras más queridas en los hogares argentinos.
Sin embargo, debido al formato típico del reality, poco y nada se revela sobre la vida de "Betu" en sus programas, por lo que más allá de su sentido del humor, su carisma y su gran capacidad para mejorar el humor de los participantes, poco se sabe sobre él.
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La historia de Damián Betular
Damián Betular nació en Dolores, hijo de Carmen y Néstor. De libra, tiene 40 años y fue a la escuela técnica, por lo que cuando anunció que quería dedicarse a la gastronomía sus padres se mostraron muy sorprendidos, aunque siempre lo apoyaron.
Ellos me dijeron "Vamos la semana que viene a Buenos Aires y elegí dónde querés estudiar", recuerda con cariño.
Fue en la casa de sus padres donde se dieron los primeros acercamientos a la cocina: uno de los grandes recuerdos que guarda de su infancia son los aromas de la cocina de su madre, sumado al televisor prendido todo el día en Utilísima. “La época de Patricia Miccio, de Francis Mallmann, de Osvaldo Gross", rememora.
La casa de sus abuelos Pocha y Pirucho también fue una fuente de inspiración para el ahora celebrado maestro pastelero: “En la casa de Pichuco y Pocha, los papás de mamá, siempre había tres cosas, pollo al horno, puchero y una pasta. Y en Semana Santa había dorado al horno, mayonesa de atún con 18 mil latas, y todo se preparaba con mucho tiempo”.
También recuerda con mucho amor a sus abuelos paternos, Amelia y Perico, quienes eran caseros de una estancia y nunca tuvieron nada de sobra. Por esta crianza y esta forma de crecer, para Damián Betular aún hoy la familia es lo más importante.
Respecto al amor y los sentimientos que recibe de parte del público, lo más importante para él no es necesariamente caer bien, sino saber que puede hacer sentir mejor a las personas, con su humor y carisma típicos.
"Trato de levantar a mi entorno si veo que es necesario. No es que alguien me lo haya pedido, pero me hace bien el aflojar, el desdramatizar, el descontracturar, el romper. No hay nada tan grave, salvo lo verdaderamente importante, que no se pueda hacer un poco más llevadero", dice con convicción.
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