La última nota realizada a Alan Moore en The Guardian respecto de su opinión acerca de la industria de superhéroes, despertó la necesidad de escribir una reflexión sobre los dichos del mago de Northampton. Debemos aclarar que la opinión dura y radical del famoso guionista de cómics no nos es ajena. Todo lo contrario, Moore ha sostenido su repudio al consumo de superhéroes por parte del público adulto desde hace décadas, mucho antes del surgimiento de franquicias como el MCU.
Si bien es cierto que en esta oportunidad Moore agrega la temática del fascismo, dudo que esto sea una idea nueva. De hecho, es una postura que la prensa de tanto en tanto sacan a flote a través de un par de llamadas telefónicas a Moore a su teléfono fijo en donde repite su discurso hasta el cansancio. A pesar de ello, la radical postura del ex guionista de comics sigue siendo lo suficientemente jugosa para atraer a los lectores de The Guardian y asimismo ser replicado en distintos portales de internet.
Ahora bien, ¿podemos decir que tiene razón, total o parcialmente? Es cierto que los personajes de superhéroes fueron pensados en un principio para un público infantil y que por mucho tiempo apuntaron a esa franja etaria. También podemos decir que en la década de los ochenta esto cambió, y que figuras como el propio Alan Moore reinventaron el género, en algunos casos renovando los personajes e incorporando otros estilos estéticos, como en el caso de Frank Miller. Alan Moore lo hizo principalmente desde la óptica de la crítica al género superheroico: de aquí surgió Watchmen.
Pero no sólo criticó al género superheroico. También utilizó la historieta para incorporar personajes afines al Anarquismo, como en V de Vendetta, traer al comic personajes literarios como en La Liga Extraordinaria y exponer sus creencias mágicas como en Promethea. Alan Moore intentó desde todas estas perspectivas rescatar la historieta y transformarla en un género mayor, hacerla más cercana a la literatura, darle prestigio. Pero el fantasma de los superhéroes seguía ahí.
Y no sólo eso. Alan Moore conserva un enfrentamiento desde tiempos inmemoriales con la industria, tanto con Marvel Comics como con DC Comics, Elipse e Image; todas ellas por problemas de derechos. Es lógico que habiendo tenido tantos enfrentamientos legales se sienta frustrado y decepcionado por esa industria que le debe tanto a personas como Moore.
El problema de los derechos de los personajes sigue siendo un tema pendiente de debate. ¿Qué pasa con los creadores de personajes, tanto guionistas como dibujantes, los cuales utilizan su trabajo en los universos cinematográficos?. En realidad, salvo muy contadas excepciones, los derechos pertenecen a las editoriales (DC Comics, Marvel Comics, etc.) y no a sus creadores. Un problema parecido se planteó cuando Scarlett Johansson reclamó las ganancias de Black Widow cuando había permanecido tan poco tiempo en los cines y aterrizado prematuramente en Disney+. El tema de los derechos de autor es tan antiguo como el propio comic. El primer reclamo formal fue hecho en sede judicial por los herederos de Jerry Siegel y Joe Shuster por el personaje de Superman y, en este caso, Alan Moore no fue la excepción.
Me resulta imposible pensar una historieta sin la influencia de Moore. Creo que Vertigo (sello editorial perteneciente a DC Comics) fue un lugar en donde grandes autores confluyeron de la mano de Karen Berger, la cual les dio la libertad creativa de generar una nueva forma de hacer comics. Es cierto que la saturación de películas de superhéroes ha originado una forma de hacer cine que contempla más los números de taquilla que las historias que se cuentan. Pero también es cierto que la máscara de Guy Fawkes, dibujada por David Lloyd para V de Vendetta, se popularizó gracias al film de las hermanas Wachowsky convirtiéndolo en un símbolo de resistencia que alienta el corazón del mago.
Vale la pena decir que el hecho de que sea posible una serie como The Sandman en una plataforma tan popular como es Netflix ayuda a que muchas personas que no conocían ese comic, ni ningún otro, se animen a leerlo por primera vez. Aunque el horizonte del género superheroico parezca monótono y gris se vislumbran pequeñas estrellas, como los ojos de Morfeo, en el cielo de la historieta y eso alienta el corazón de todos los amantes del comic.
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