La marina mercante ha jugado un rol determinante en la carrera de Los Beatles, desde la infancia de sus integrantes en su Liverpool natal y sus inicios como banda, hasta para infiltrarlos en aquellos lugares donde su música estaba prohibida.
A través del puerto de Mersey, en Liverpool, llegaban los discos de Elvis Presley que un soñador John Lennon se desesperaba por conseguir, siguiendo sus sueños de fama y rock n’ roll. Luego, fueron los marineros borrachos en los tugurios del puerto de Hamburgo que se convirtieron en feroces entrenadores para que los Silver Beatles tocaran durante horas sin parar, y por último, los marinos que atracaban en el puerto de Leningrado (hoy San Petersburgo), que contrabandeaban los discos de Los Beatles y demás mercancía occidental prohibida en la entonces Unión Soviética.
Beatles piratas
La Unión Soviética se mantuvo vigente desde la revolución en 1922 hasta 1991, y el régimen comunista prohibió el ingreso, la venta y difusión de la música británica, y de cualquier producto de consumo cultural generado en el mundo capitalista. Los músicos británicos eran considerados una amenaza, con actitudes rebeldes, sus pelos largos y costumbres occidentales que difundían el capitalismo.
Con la prohibición, se impuso también el castigo para cualquier habitante de la URSS que era sospechado de escuchar música en inglés, y si algún joven soviético era advertido llevando flequillo y cabello por debajo de la nuca, se ganaba un corte de pelo gratis en la comisaría más cercana.
A pesar de eso, o justamente por eso, los discos de los Beatles eran requeridos como pepitas de oro en el mercado clandestino. Eran ingresados al país a través de marineros, actores, comerciantes, entre otros, y los vendían a precios exorbitantes.
Una vez que un disco de Los Beatles entraba en la URSS era reproducido por todos lados. Una forma que encontraron para hacerlo, burlando a las autoridades, fue a través de los llamados "Roentgenizdat" ("Huesos" o "Costillas" en ruso), que eran discos hechos con radiografías: sobre el plástico de las placas de rayos X se podían hacer surcos como en los vinilos, aunque de un solo lado, y como eran flexibles, se podían comercializar fácilmente sin que nadie se diera cuenta.
Además, tenían un costo de producción muy baratos, ya que se extraían del material descartado de los hospitales. La calidad de sonido era horrible, pero para la mayoría de los jóvenes soviéticos era la única forma de escuchar el rock y el jazz de occidente.
Back in the USSR
Los Beatles sabían que estaban prohibidos en la Unión Soviética; lo que no sabían es que a pesar de eso su música se infiltraba y se convertía en una de las bases de una revolución cultural silenciosa que hizo temblar el régimen. Para el músico ruso Sasha Lipnitsky, entrevistado por el ensayista y director Leslie Woodhead para la obra How the Beatles Rocked the Kremlin (Cómo The Beatles rockearon/sacudieron al Kremlin), los fab four "fueron el primer agujero en la Cortina de Hierro".
Los Beatles lograron atravesar las fronteras y llegar a los jóvenes soviéticos, que descubrieron no sólo que no había nada malo en ellos sino que eran quienes mejor representaban el sonido de su generación.
A mediados de la década del 80’, cuando ya hacía mucho tiempo que la banda de Liverpool se había disuelto, Mijail Gorbachov inició el proceso de reforma de la URSS, denominado Perestroika. Con ello se logró un contrato único entre la compañía soviética de grabación Melodiya y EMI dio como resultado el lanzamiento de 300.000 copias de dos álbumes, A Hard Day's Night y una compilación titulada A Taste Of Honey.
Paul McCartney tomó conocimiento entonces de los sacrificios que durante años realizaron los fanáticos de los Beatles para acceder a su música, y en 1988 editó un disco especial para los rusos, llamado como la canción del Álbum Blanco, Back in the USSR, pero en alfabeto ruso. En 2003 se presentaría por primera vez en la Plaza Roja ante más de 130 mil personas.
En tanto, en 2009 se inauguró un monumento a los Beatles en pleno corazón de Ekaterimburgo, Rusia, y en 2017 cuatro figuras fueron colocadas cruzando la senda peatonal en el ingreso de la Universidad Tomsk State.
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En Cuba también
Los Beatles no sólo se metieron en el corazón del régimen comunista en la Unión Soviética, sino que además cuentan con varios homenajes en Cuba, tal vez el último bastión del comunismo.
En La Habana está la plaza John Lennon, donde una escultura del músico reposa en un banco y los turistas hacen fila para sacarse fotos; a pocos metros, una señora con poca paciencia se encarga de llevarse los lentecitos de metal cada vez que se termina el turno. A una cuadra de esa plaza, un submarino amarillo da la bienvenida a bar oscuro, plagado de imágenes de los Beatles.
Además, en las turísticas ciudades de Varadero y Trinidad también hay sendos bares dedicado a los fab four, y en la mismísima Santa Clara, donde el Che Guevara hizo gesta de uno de sus grandes golpes para la revolución cubana, una plazoleta tiene en sus paredes las caras de John, Paul, George y Ringo.
Cuanta razón tuvo la corona británica al nombrarlos Miembros de la Orden del Imperio en 1965, pero ese es otro capítulo de un libro que aún no tiene escrita su última página.
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