Por Lic. Bernarda Guerezta, docente del Ciclo de Licenciatura en Acompañamiento Terapéutico de la UGR
“Lo importante que hemos demostrado es que lo imposible se ha vuelto posible. Diez, quince, veinte años
atrás, era impensable que un manicomio pudiera ser destruido. Tal vez los manicomios vuelvan a ser cerrados,
incluso más cerrados que antes, yo no lo sé, pero de todas maneras nosotros hemos demostrado que se puede
asistir a la persona loca de otra manera, y el testimonio es fundamental. No creo que el hecho de que una
acción logre generalizarse quiera decir que se ha vencido. El punto importante es otro, es que ahora se sabe
qué se puede hacer”. Franco Bassaglia
Hablar de Acompañamiento Terapéutico en Argentina implica remontarnos en el tiempo. En la década del 60, un grupo de psiquiatras llamados reformistas, comenzaron a disputarle terreno a la forma clásica de ejercer la psiquiatría, -esa que utilizaba el encierro como solución a enfermedades mentales y mecanismos hoy calificados de tortura-, para “curar” los “males” que éstas traían aparejadas. La marginación y estigmatización de las personas con sufrimientos mentales (hoy denominados padecimientos subjetivos) así como la internación obligada y cronificada, comenzó a problematizarse. ¿Qué hacer con esos cuerpos condenados a una vida de privaciones y vejaciones? ¿Qué hacer con sus historias?
La alternativa surge de la mano de experiencias positivas que venían llevándose adelante en otros países; del auge de nuevas teorías y del reconocimiento de que esas maneras culturales de abordajes, constituían una violación a los derechos humanos.
En el libro “Acompañantes terapéuticos: actualización teórica clínica”, Susana Kuras y Silvia Resniky dicen que: “El rol del A.T. encuentra su origen en una concepción psiquiátrica dinámica opuesta al planteo clásico que confina al enfermo mental con el rótulo de loco, alejándolo de su familia y de la comunidad. El A.T. como agente de salud, se inscribe en la corriente que busca restituir la posibilidad de diálogo con la sin razón”.
Buscar nuevas herramientas terapéuticas para trabajar con esas patologías que parecían castigar a la persona, se convirtió en una tarea llevada adelante desde distintas teorías. Así, el psicoanálisis, el psicodrama, la psicología social, la terapia ocupacional y hasta la misma psiquiatría, ensayaron respuestas a la pregunta de cómo acompañar distintos procesos terapéuticos.
El “amigo calificado” pensado por Eduardo Kalina como aquel que interviene en la cotidianeidad de la persona, devino Acompañante Terapéutico, agente de salud que trabaja bajo derivación, y cuya presencia está “marcada por una paradójica simultaneidad de proximidad y distancia”. Un hoy profesional, que no responde en su hacer a estándares clásicos, sino que está en permanente interpelación de su rol como agente de cambio.
¿Y qué hace un/a AT?
Definir las tareas que desempeñan quienes trabajan en acompañamiento terapéutico, no es sencillo.
“Acompañamos desde un abordaje transdisciplinario, proponiendo el ejercicio de los derechos humanos, y pensado desde un paradigma de la salud mental comunitaria”, explica una de las primeras la Licenciada en Acompañamiento Terapéutico, Paola Tomalino. Y amplía: “trabajamos en la cotidianeidad de la persona, allí donde duele, donde está sucediendo el malestar”.
Por su parte, Sabrina Pollio, quien tiene una vasta trayectoria en el trabajo de acompañar, es docente universitaria y autora de un libro llamado Epistemología del Acompañamiento Terapéutico, dice que hoy su tarea consiste en “estar atenta a las barreras cotidianas de mi persona acompañada y acordar alternativas para sortearlas, siempre agenciando estrategias con el equipo de salud"
Agenciamientos. Multiplicidades. Alianzas. Enunciados. Una relación de co-funcionamiento entre elementos heterogéneos. Eso también hacen.
“Estoy alerta todo el tiempo durante el acompañamiento”, cuenta Genoveva Guerezta, Técnica en AT. “Hablo con las familias para facilitarles posibles estrategias para una mejor convivencia, pienso qué recursos poder usar, estrategias para llegar a los objetivos terapéuticos. También pienso en los riesgos de quienes ponemos el cuerpo, de quienes a veces trabajamos sin equipo que se involucre. Todavía salir a la calle con un acompañado es estar en la mira, es entrar a un negocio y que la gente no sepa como actuar, que le hablen al AT en vez del acompañado”.
AT, Salud Mental y legislaciones
Según la Ley N°26.657 de Salud Mental, “Debe promoverse que la atención en salud mental esté a cargo de un equipo interdisciplinario integrado por profesionales, técnicos y otros trabajadores capacitados con la debida acreditación de la autoridad competente. Se incluyen las áreas de psicología, psiquiatría, trabajo social, enfermería, terapia ocupacional y otras disciplinas o campos pertinentes”.
Lo pertinente entonces, es que AT’s formen parte de esos equipos. Por eso pelean por una ley a nivel nacional, que equipare las diversas realidades provinciales y reglamente el ejercicio de la profesión. Y por ello también, eligen el camino de la formación continua, de los encuentros entres pares y del posicionamiento como profesionales.
La provincia de Santa Fe tiene, como otras provincias, ley de reglamentación del ejercicio. La misma se reglamentó bajo el número 13970 en el año 2020, y declara que la actividad de acompañantes, incluye la docencia y tareas sanitarias, sociales, educativas y comunitarias.
¿Dónde estudiar?
La Universidad del Gran Rosario ofrece, desde el año 2018, la Tecnicatura Universitaria en Acompañamiento Terapéutico, carrera de dos años y medio de duración que actualmente se cursa a distancia.
También, desde el año 2021, cuenta entre sus propuestas académicas con el primer Ciclo de Licenciatura en Acompañamiento Terapéutico, que otorga título de grado a quienes cuentan con título superior.
Más información: ugr.edu.ar
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