El dólar luce imparable, con un Banco Central sin reservas y un escenario de crisis electoral. De aquí al 1° de noviembre hay vencimientos por unos U$S 3.500 millones con el FMI. De ese total, unos U$S 840 millones corresponden a intereses. El primer pago de deuda vence el 6 de octubre por unos U$S 1.300 millones. Luego le sigue otro vencimiento el 12 de octubre, otro el 30 de octubre y los siguientes el 1ª de noviembre.
En total hasta fin de año, hay vencimientos en moneda extranjera por poco casi U$S 5.500 millones que se desglosan en U$S 3.042 millones en octubre, U$S 1.136 millones en noviembre y U$S 1.291 millones en diciembre, según los datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC). Por otro lado, hay vencimientos por la deuda en pesos por más de 4.000.000 millones.
De acuerdo al Banco Central, del último desembolso bruto del Fondo Monetario Internacional por U$S 7.321 millones, hubo pagos de capital, intereses y cargos al propio FMI por U$S 1.761 millones.
Además, en agosto se cancelaron vencimientos de capital e intereses con otros organismos internacionales y otra deuda financiera del Tesoro Nacional por U$S 1.750 millones, disminuyeron las tenencias en moneda extranjera de los bancos, cayó la cotización en dólares estadounidenses de los activos que componen las reservas por U$S 313 millones y por los pagos netos liquidados del BCRA a través del Sistema de Pagos de Moneda Local.
Todos estos datos ilustran el peso de la deuda en la economía argentina, con un Banco Central sin reservas y en medio de una campaña electoral donde el tema de dolarización o el bimonetarismo está en el centro de los debates, sin que ninguno de los candidatos que las propician puedan explicar en qué consiste lo que proponen, confundiendo aún más a una población confundida y agobiada por la altísima inflación.
Pero sus asesores, por ejemplo, como el economista Carlos Rodríguez, del equipo de Javier Milei, “La única propuesta factible para despesificar rápidamente es una híper o un Bonex. Lo único que es necesario inmediatamente para que la economía no explote es implementar un fuerte ajuste en el gasto público y regulaciones que traban los mercados”. Es decir, una licuación y el cambio forzoso de los depósitos en bonos a 10 o más años.
Por otro lado, como refugio, las tenencias de dólares bajo el colchón o en cajas de seguridad o en cuentas y propiedades en el exterior siguen creciendo, alimentando la disparada de los dólares alternativos y un Banco Central administrando distintos tipos de cambio, sin mayores resultados, facilitando el negocio de las “cuevas” y de las grandes empresa que embolsan miles y miles de dólares comprando y vendiendo dólares MEP, CCL y Blue.
El Gobierno anunció un “dólar Vaca Muerta”, que habilita a liquidar a la cuarta parte de las exportaciones petroleras con el dólar financiero y volvió a prorrogar el dólar soja hasta el 20 de octubre, con un FMI que viene insistiendo con que el Gobierno devalúe en forma rápida y abrupta el peso y lleve el dólar oficial a valores muy superiores, sin hacerse responsable por el impacto inflacionario de semejante devaluación en un país que carga con más del 40% de pobres ( 19 millones de personas), una pobreza infantil que golpea a 6 millones de chicos y chicas menores de 14 años ( 60%) y una precarización e informalidad laboral del 40%. En la Argentina tener un empleo dejó de ser una condición para salir de la pobreza.
Temas
Te puede interesar



