La baja en junio del índice de inflación al 6% se explica por los precios de la carne, porque el resto de los principales alimentos tuvieron aumentos de dos dígitos. Si se excluyen los precios de la carne, el índice rondaría el 7% en línea con la inflación de los últimos meses.
El peso de la carne en el índice de inflación es fuerte: equivale al 25,6% del rubro “Alimentos” y a un 9% del IPC. Es decir que, ante una suba del 10% promedio en la carne, como pasó con buena parte del resto de los alimentos, el índice se mueve un 0,9%.
De la propia información del INDEC surge que el precio del pan lactal aumentó en junio el 13,1%, galletitas 10,1%, arroz 12,7%, fideos 10,8%, azúcar 33,9%, yerba mate 16,6%, etc.
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Así, a la hora de ir al supermercado, los consumidores “sienten” en sus bolsillos una inflación muy superior al 6%. En cambio, en las carnicerías encuentran precios más estables con relación a los meses anteriores. En junio, las carnes aumentaron entre un 0,9% y un 2,5%, según cada región del país.
En los últimos 12 meses, los precios de la carne y derivados tuvieron un alza del 85,5% contra una inflación del 115,6%, del 162,4 % en verduras, del 154,5% en frutas y del 140,8% en leche y lácteos. Una diferencia de 30 puntos frente a la inflación promedio y mucho más en relación al resto de los principales alimentos.
En consecuencia, si no se considera a la carne en la medición de la suba de los precios, el índice arrojaría un valor muy superior.
Eso indica el enorme problema que tiene el Gobierno para desacelerar la suba de los precios, si el precio de la carne intenta achicar las diferencias.
La menor suba del precio de la carne no es para siempre, ya que ese fenómeno tuvo que ver esencialmente con un hecho coyuntural: el fenómeno de la sequía que obligó a los productores ganaderos a liquidar ganado en pie antes de tiempo ante la catástrofe en los campos. Por eso se descuenta que hacia delante podría cambiar la tendencia y la carne intentará recuperar los niveles de precios en línea con el resto de los productos alimenticios.
A esto se agregan los precios regulados, que son aquellos fijados por el Estado (gobierno nacional, provincias o municipios): en junio aumentaron el 7,2% por encima de la inflación promedio.
Los bienes y servicios cuyos precios están sujetos a regulación o tienen alto componente impositivo son: combustibles para la vivienda, electricidad, agua y servicios sanitarios, sistemas de salud y servicios auxiliares, transporte público de pasajeros, funcionamiento y mantenimiento de vehículos, correo, teléfono, educación formal y cigarrillos y accesorios.
Todos estos precios, muchos de los cuales tienen programados aumentos mensuales, están en la mira del FMI que exige que sigan su escala ascendente.
Además, por razones estacionales, hay otros precios que también están subiendo “más de la cuenta”, como Restaurantes y hoteles (57,4%) o Educación (58%) en estos primeros seis meses versus un 50,7% de inflación promedio.




