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Economía Coronavirus | Argentina | cuarentena

La economía, el ambiente y la salud bajo la amenaza del coronavirus

La Argentina no enfrenta una crisis clásica, porque a la declinación económica de arrastre se suman las consecuencias de la cuarententa sobre un tejido productivo que ya estaba muy golpeado.

La cuarentena por el coronavirus encontró a la Argentina con el tejido económico, financiero y social deteriorado. Con 10 años de estancamiento y recesión, aumento del endeudamiento público, con ingresos de la población, en especial trabajadores y jubilados, carcomidos por la inflación, con niveles de indigencia y pobreza del orden del 35% de la población, virtual cesación de pagos y con el riesgo país por encima de los 4.000 puntos, la cuarentena golpeó y semiparalizó aún más la actividad económica, la cadena de pagos, la producción, la inversión y el consumo.

Hasta las exportaciones tuvieron "un parate" por la menor demanda mundial, las dificultades para trabajar en los puertos, todo agravado por la caída en torno del 10% de los precios internacionales de los productos que Argentina exporta, como soja, trigo, maíz y carne.

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Es difícil pronosticar la magnitud de este golpe a la actividad y a la economía familiar porque no sabemos siquiera si estamos “a mitad de camino” o dónde estamos paramos en el desarrollo de la pandemia y si el coronavirus tiene todavía un largo trecho hasta ser derrotado en Argentina y en el resto del mundo.

En el plano sanitario, el coronavirus encontró también a la Argentina desguarnecida por el deterioro de la salud púbica, como lo revela el deterioro y la falta de hospitales, clínicas, salas de terapia intensiva, camas, equipos y cuerpos médicos.

A pesar de los congelamientos de los precios, la inflación de marzo, en especial en el rubro de alimentos, volvió a pegar un salto por el incremento de los costos, pero también por las remarcaciones abusivas.

Desde hace largos años, el presupuesto de salud fue también otra de las variables de ajuste, con sus recursos que fueron destinados a pagar los altísimos intereses de deuda y financiar la salida de capitales, además con endeudamiento interno (como Letras del Tesoro, Lebac, Leliq) y externo.

Para paliar este cuadro de situación, con el auxilio de la emisión de pesos por parte del Banco Central, el Gobierno lanzó una serie de medidas desde “ayudas extraordinarias” a jubilados, pensionados, AUH, informales, suspensión de los cortes de los servicios por falta de pago y subsidios a pequeñas y hasta grandes empresas que, en el cuadro de situación actual, resultan más que insuficientes y muestran la crudeza de la situación. Insuficiencia que refleja, también, la carencia de recursos para enfrentar esta inesperada y cruda pandemia.

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Los millones que se están pre-inscribiendo para recibir la ayuda extraordinaria de $ 10.000 y en plena cuarentena, las larguísimas colas frente a los cajeros automáticos para sacar dinero en efectivo el día y los siguientes de acreditación de las “ayudas” dicen más que miles de palabras. O los reclamos de distintos sectores, como autónomos, monotributistas, pymes, para que se postergue el pago de impuestos o recibir créditos blandos hasta los que, directamente, piden levantar la cuarentena soslayando el peligro de la propagación exponencial de la pandemia.

A pesar de los congelamientos de los precios, la inflación de marzo, en especial en el rubro de alimentos, volvió a pegar un salto por el incremento de los costos, pero también por las remarcaciones abusivas.

Durante enero y febrero, los pagos de intereses durante enero sumaron U$S 1.727 millones y en febrero fueron otros U$S 704 millones, de los cuales U$S 376 millones correspondieron al Fondo Monetario Internacional, de acuerdo al informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso Nacional (OPC).

En la región latinoamericana las desavenencias se agigantan, como con el Brasil de Bolsonaro pidiendo que “Brasil no se pare”, cuestionando las cuarentenas que dispusieron gobernadores en algunos Estados.

En marzo esos pagos continuaron. En los dos primeros meses de este año, la deuda bruta pública interna y externa, en pesos y en moneda extranjera, aumentó por el equivalente a 1.197 millones de dólares, también de acuerdo a los cálculos de la OPC. Y en marzo siguió en aumento, con reperfilamientos y emisiones de bonos. El cepo cambiario acotó la huida al dólar, pero el Banco Central “retoca” casi a diario la cotización del dólar oficial, para no quedar rezagado frente al resto de las monedas de países tan diversos como Brasil, México, Chile o Colombia. En tanto, los mercados paralelos no detienen su actividad durante la cuarentena.

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Es más que evidente que no estamos frente a una crisis clásica. Aquí se combina la declinación económica con la crisis sanitaria y de salud. En Argentina, más de 6 millones de personas no disponen de agua o baño.

La pandemia detonó una nueva realidad en el país y en el orden mundial, donde se están potenciando y no amortiguando las disputas comerciales y no comerciales, los desequilibrios y las rivalidades anteriores, como el conflicto EE.UU., Brexit, choques por el petróleo.

Como escribió el colega Marcelo Cantelmi, “hay una guerra planetaria que continúa pese a la pandemia o, más bien, acelerada por esta pesadilla. Estados Unidos y China, atrapados cada uno a su modo en la crisis del coronavirus, han escalado su enfrentamiento por el liderazgo global. Y lo hacen, por momentos con estrategias geopolíticas seniles que emulan formatos en blanco y negro de la Guerra Fría”.

En la región latinoamericana las desavenencias se agigantan, como con el Brasil de Bolsonaro pidiendo que “Brasil no se pare”, cuestionando las cuarentenas que dispusieron gobernadores en algunos Estados.

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