Jóvenes y desigualdad: cómo la pobreza condiciona el estudio, el trabajo y hasta los vínculos

Uno de cada tres jóvenes de niveles socioeconómicos bajos no estudia ni trabaja. En el promedio general, la cifra es de uno de cada cinco. También hay brechas en educación, salud mental, vínculos y violencia de género, según reveló un estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA.

Uno de cada tres jóvenes de niveles socioeconómicos bajos no estudia ni trabaja.

Uno de cada tres jóvenes de niveles socioeconómicos bajos no estudia ni trabaja.

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La desigualdad entre los jóvenes está marcada por su nivel socioeconómico de origen, que condiciona sus posibilidades de estudiar, acceder a un empleo de calidad, cuidar su salud mental e incluso construir vínculos de amistad, según un estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA).

El informe analizó la situación de los jóvenes de entre 18 y 25 años. En diálogo con AIRE, el investigador Eduardo Donza explicó que las diferencias entre los sectores sociales aparecen en múltiples dimensiones y pueden terminar reproduciéndose de una generación a otra.

Uno de los datos más contundentes aparece a la hora de observar a los jóvenes que no estudian ni trabajan. La proporción es del 20% en el promedio general, pero llega al 34% entre quienes pertenecen a los sectores socioeconómicos más bajos.

Jóvenes y desigualdad: cuando el origen social condiciona las oportunidades

En contacto con el programa Santa Siesta, el investigador habló de una “herencia social” para describir cómo las condiciones del hogar de origen pueden transmitirse a las nuevas generaciones.

La situación laboral de los padres, por ejemplo, tiene un impacto directo. Cuando el jefe o jefa del hogar tiene un empleo precario, el estudio indica que es más difícil que el joven consiga una ocupación de mayor calidad. “Es muy raro que el joven entre 18 y 25 años que creció en la pobreza pueda adquirir un empleo de una mayor calidad que un empleo precario”, explicó Donza.

La brecha también aparece en la educación. En los sectores socioeconómicos altos, la mayoría de los jóvenes terminó o está terminando la universidad. En los sectores de menores recursos, en cambio, muchos no pudieron completar el secundario. Esa diferencia puede trasladarse después al mercado laboral y dificultar la movilidad social ascendente.

La salud mental también marca diferencias entre los jóvenes

La desigualdad también aparece al analizar el malestar psicológico. El 21% de los jóvenes presenta indicadores relacionados con depresión o ansiedad. Sin embargo, el porcentaje aumenta al 28% entre quienes pertenecen a sectores socioeconómicos muy bajos y baja al 15% en los sectores medio altos.

A su vez, los vínculos sociales muestran una diferencia todavía más marcada. El 15% de los jóvenes de sectores muy bajos dice no tener amigos con quienes hablar, confiar o pedir ayuda. En los sectores medio altos, ese indicador cae al 1,7%.

Para Donza, la combinación entre precariedad laboral, dificultades económicas, malestar psicológico y falta de vínculos se entrelazan y profundizan las condiciones de vulnerabilidad de los jóvenes en los sectores más bajos.

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Mujeres jóvenes: cuando el cuidado también se convierte en una barrera

Dentro del grupo de jóvenes que no estudian ni trabajan, una parte importante son mujeres que realizan tareas de cuidado. Muchas están a cargo de hijos, hermanos menores, adultos mayores o personas con discapacidad.

Donza explicó que esta situación responde, en parte, a una distribución desigual de las responsabilidades dentro de los hogares. “Gran parte de este 20% son mujeres que ya están encargadas de lo que son las tareas del hogar, el cuidado de alguna persona”, señaló el investigador.

La sobrecarga no siempre implica una decisión voluntaria. En muchos casos, la falta de alternativas hace que el cuidado recaiga directamente sobre las familias. “No queda otro”, resumió Donza al referirse a situaciones en las que no existen guarderías, espacios de cuidado o instituciones para personas con discapacidad.

De esta manera, explica, una responsabilidad que no es reconocida como empleo puede terminar condicionando las posibilidades de las jóvenes de estudiar, trabajar y construir un proyecto propio.

La desigualdad también se hace notar en la violencia de género: el 19,4% de las jóvenes de sectores socioeconómicos bajos manifestó haber experimentado violencia de género, mientras que entre las jóvenes de sectores medio altos el porcentaje fue del 6%.

La desigualdad también se hace notar en la violencia de género: el 19,4% de las jóvenes de sectores socioeconómicos bajos manifestó haber experimentado violencia de género, mientras que entre las jóvenes de sectores medio altos el porcentaje fue del 6%.

Pobreza y violencia de género: otra brecha entre las jóvenes

La violencia de género también presenta diferencias según el nivel socioeconómico. El 19,4% de las jóvenes de sectores socioeconómicos bajos manifestó haber experimentado violencia de género, mientras que entre las jóvenes de sectores medio altos el porcentaje fue del 6%.

Para Donza, estas situaciones no deben analizarse por separado. “Todas estas cuestiones se van retroalimentando”, sostuvo, al referirse a la relación entre el malestar psicológico, la situación laboral, la falta de vínculos y otras condiciones de vulnerabilidad.

El investigador remarcó que las dificultades también pueden profundizarse cuando las situaciones de violencia permanecen dentro del ámbito familiar y no encuentran espacios de contención. “A veces, sobre todo si son interfamiliares, ni se hablan con otras personas”, explicó.

El diagnóstico de la UCA apunta así a una conclusión que va más allá del empleo: las oportunidades de los jóvenes no parten del mismo lugar.

El origen social puede marcar el recorrido educativo, las posibilidades de acceder a un trabajo de calidad, el bienestar psicológico y la red de vínculos disponible. Para Donza, por eso, la situación de los jóvenes requiere “desarrollar políticas públicas” y un Estado presente, especialmente frente a las desigualdades que se acumulan desde el hogar de origen.

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