Sin margen para improvisar, el portazo de Guzmán retumbó con fuerza en el laberinto que atrapa por estos días al presidente Alberto Fernández y su equipo de Gobierno.
En las últimas semanas, la presión sobre el funcionario a cargo de conducir el área económica se había intensificado tanto, dentro como fuera de la coalición gobernante.
Este domingo al mediodía, Fernández se reunió en la quinta presidencial con Sergio Massa y, tras una charla telefónica con Cristina Kirchner, designaron a Silvina Batakis como la sucesora de Martín Guzmán, que dejó el ministerio luego de 935 días en su cargo (2 años, 6 meses y 23 días).
En ese tiempo a cargo de la cartera económica pudo lograr con éxito una fuerte restructuración de deuda pública con acreedores privados por casi US$ 68.000 millones, lo que significó un alivio de US$ 42.000 millones entre el 2020 y 2024, al extender el calendario de vencimientos y fue el encargado de renegociar con el Fondo Monetario Internacional (FMI) un nuevo programa de Facilidades Extendidas por US$ 44.000 millones, con postergación de vencimientos, aplanando las exigencias del organismo para los próximos años.
Pero sin el apoyo contundente necesario para intensificar las reformas que el funcionario quería llevar adelante, no pudo dar respuesta al flagelo de la inflación que se descontroló en el último tiempo y complicó los planes de todo el equipo económico.
Con más pena que gloria, Guzmán se fue del Ejecutivo sin haber podido coordinar una política conjunta con el Banco Central (BCRA) para alinear con tiempo el plano fiscal, monetario, cambiario y de ingresos. No diagramó un programa integral que desde hace tiempo la economía pide a gritos para anclar las expectativas.
Podríamos posar las miradas en la praxis del hoy “exministro”, Martín Guzmán, pero lo cierto es que toda la gestión de Alberto Fernández, sumada a la coalición del Frente de Todos, acumuló pésimos resultados en las principales variables económicas.
Desde que asumió en el cargo, en diciembre del 2019, la inflación acumulada es de un 165,5%. Durante la gestión del Frente de Todos (FdT), el IPC-Nacional que mide el Indec, fue del +36,1% en el primer año (2020), subió a +50,9% en 2021 y en lo que va del 2022 ya supera el 30%.
La cotización del dólar fue otra variable que no lograron controlar. El tipo de cambio oficial pasó de $63 en diciembre del 2019 a los actuales $130,70.
El blue o paralelo se despachó con un salto del +243% al llegar desde $69,50, al récord de $239 del viernes pasado.
En cuanto a la actividad, la Argentina vivió un duro cimbronazo durante el 2020, producto de las cuarentenas para combatir la emergencia sanitaria del Covid-19, que acusó recibo el sistema productivo. El PIB se despachó con un derrumbe del -9,9% en el primer año de gestión.
Durante el 2021, llegó el tiempo de la recuperación, al subir +10,3%, dejando un arrastre estadístico positivo para el arranque del 2022, que todavía sostiene la recuperación con un +0,9% en el primer trimestre.
A pesar de los avances en materia de deuda externa, el Riesgo País hoy se mantiene por arriba de los 2.300 puntos expresando la fragilidad financiera de la economía doméstica.
La volatilidad que impera en los mercados, la desconfianza sobre la sostenibilidad de la deuda en pesos, el elevado nivel de asistencia monetaria al Tesoro por parte del BCRA y la imposibilidad de reducir la brecha fiscal, son frentes de tormenta que tendrá que navegar quién asuma en el Ministerio de Hacienda.
En una economía que transita un contexto muy adverso, el presidente Fernández y sus colaboradores analizan la profundidad de los cambios.
Algunos advierten que inclusive podrían venir modificaciones el plano político -dentro de la Jefatura de Gabinete- y el equipo que hoy conduce el Banco Central, un sector clave para el manejo de las políticas económicas que se definan de ahora en más.
Con un final abierto, son muchos los desafíos que vienen y no queda margen para improvisar.
Temas
Te puede interesar





