Hogares endeudados y morosidad: por qué las familias argentinas quedan atrapadas en una bola de nieve financiera
La economista y periodista especializada en finanzas, Paula Martínez, analizó en AIRE el aumento de la morosidad, el endeudamiento de los hogares y el impacto de las altas tasas de interés. Recomendó ordenar el presupuesto y renegociar los compromisos antes de que se acumulen intereses, punitorios y gastos administrativos.
La desaceleración de la inflación modificó las reglas con las que durante años se manejaron las familias argentinas.
La desaceleración de la inflación modificó las reglas con las que durante años se manejaron las familias argentinas. Una de las consecuencias que comienza a hacerse cada vez más visible es el crecimiento de la morosidad y el endeudamiento, en un escenario donde los ingresos no alcanzan para cubrir todos los gastos y el acceso al crédito es cada vez más sencillo.
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La economista y periodista especializada en finanzas Paula Martínez analizó la situación en el programa Ahora Vengo de AIRE y planteó que el problema no es necesariamente endeudarse, sino entrar en mora y dejar que la deuda crezca sin buscar una solución.
“No sería el problema el endeudamiento en sí, sino la morosidad, que es realmente el problema”, explicó Martínez, que en los últimos tiempos comenzó a escuchar recomendaciones en redes sociales que sugieren dejar de pagar cuando las tasas son demasiado altas. Para la especialista, esa estrategia puede agravar rápidamente la situación.
El fin de la estrategia de “licuar” las deudas
Durante los años de inflación elevada, muchas familias desarrollaron hábitos financieros que podían parecer convenientes en ese contexto. Comprar en cuotas, pagar el supermercado con tarjeta o postergar determinados compromisos permitía que, con el paso del tiempo, el valor real de esas deudas se redujera frente al aumento de los precios.
Pero Martínez explicó que ese mecanismo dejó de funcionar de la misma manera. La razón es que, mientras la inflación comenzó a desacelerarse, las tasas de interés permanecieron en niveles elevados en términos reales. Es decir, por encima de la inflación.
“Esto hace que la deuda vaya creciendo día a día y no poco”, sostuvo la economista, y describió el proceso como una “bola de nieve” que se agranda mientras más tiempo pasa sin resolver el problema.
Según explicó, durante el período de mayor inflación las tasas también llegaron a niveles extremadamente altos. En 2023, recordó, la inflación llegó al 200% anual y el costo financiero total de algunos créditos podía alcanzar el 300%.
El escenario actual es diferente: la inflación ronda un nivel mucho menor, pero las tasas de interés continúan siendo elevadas. “Endeudarse y refinanciar era muy costoso y sigue siéndolo”, afirmó.
Qué hacer cuando ya no alcanza para pagar
Ante una situación de endeudamiento, Martínez recomendó no esconder el problema. Su primera sugerencia es tomar cartas en el asunto antes de entrar en mora o, si ya se produjo el incumplimiento, actuar rápidamente.
La especialista planteó dos caminos simultáneos:
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Ordenar el presupuesto familiar para conocer exactamente cuánto ingresa y cuánto se gasta.
Contactar a la entidad financiera para analizar alternativas de refinanciación.
Esto puede incluir bancos, billeteras virtuales, empresas financieras, comercios que ofrecen financiación u otras entidades de crédito.
La posibilidad de refinanciar puede permitir extender los plazos y reducir el monto de las cuotas, aunque Martínez remarcó que existe una condición fundamental: la nueva cuota debe ser realmente pagable. “Volver a caer en incumplimiento es peor”, explicó.
Intereses, punitorios y gastos: por qué la deuda crece tan rápido
Uno de los principales riesgos de dejar pasar el tiempo está en los costos que comienzan a acumularse. Martínez explicó que, cuando una persona deja de pagar una deuda, pueden sumarse intereses de financiación, intereses punitorios, IVA sobre los intereses y gastos administrativos.
Si además la deuda pasa a una instancia de cobro judicial, pueden incorporarse otros costos, como honorarios y gastos vinculados con abogados. Por eso, una deuda que originalmente era relativamente pequeña puede transformarse con el tiempo en un compromiso mucho mayor.
La economista incluso mencionó casos de personas que terminaron vendiendo bienes importantes para afrontar deudas originadas en consumos cotidianos. “Si uno no lo resuelve, al final termina pagando puro interés”, resumió.
¿Es peor deberle a un banco o a una billetera virtual?
Ante una consulta concreta durante la entrevista, Martínez fue contundente: no hay una opción “mejor” entre deberle a un banco o a una billetera virtual. Explicó que el sistema financiero está interconectado y que las entidades pueden conocer el historial crediticio de una persona.
Por eso, desinstalar una aplicación, dejar de atender llamados o ignorar los reclamos no hace desaparecer una deuda. “Me puedo desinstalar la aplicación, puedo no atender el teléfono, pero desaparecer no desaparece, sino que crece”, sostuvo.
La deuda puede impactar además en el historial crediticio y dificultar el acceso futuro a préstamos. Martínez puso especial énfasis en los jóvenes que acceden rápidamente a créditos digitales sin contar con suficiente educación financiera. Una deuda que inicialmente puede parecer pequeña puede terminar afectando las posibilidades de acceder en el futuro a un préstamo para comprar una vivienda o un automóvil.
El historial crediticio también pesa
La especialista explicó que las deudas quedan registradas dentro del sistema financiero y que existen mecanismos de información crediticia, entre ellos la Central de Deudores del Banco Central.
Por eso, una persona que tiene una deuda pendiente con una fintech puede encontrarse con esa información cuando posteriormente intente solicitar un crédito bancario.
Además, el riesgo crediticio tiene un impacto directo sobre el costo del financiamiento: cuanto mayor es el riesgo, más elevada suele ser la tasa que se aplica.
Martínez planteó así la importancia de cuidar el historial crediticio, especialmente para quienes todavía son jóvenes y pueden necesitar financiamiento en el futuro.
El problema no es solo de las familias: también afecta a las empresas
La transformación del escenario inflacionario también impactó sobre empresas, emprendimientos y pymes. Según Martínez, durante los años de inflación elevada, muchas empresas también se beneficiaron de la licuación de determinados costos y deudas. Con la desaceleración de los precios, esa dinámica cambió.
“También hay que empezar a acomodarse hacia adentro”, sostuvo.
La economista explicó que la inflación podía incluso ocultar problemas de funcionamiento de los negocios. Una empresa podía no tener en claro si realmente ganaba dinero por su actividad o si parte del resultado provenía del efecto financiero generado por la inflación.
Por eso, consideró necesario volver a mirar las cuentas internas y distinguir entre la rentabilidad real del negocio y los efectos financieros.
“La plata nunca alcanza para todo lo que uno quiere hacer”
Para Martínez, el problema excede a quienes tienen ingresos bajos. El desafío de ordenar las finanzas atraviesa a personas de distintos niveles socioeconómicos.
“La plata nunca, nunca alcanza para todo lo que uno quiere hacer”, explicó. La especialista planteó que administrar un presupuesto implica necesariamente elegir: definir qué gastos son prioritarios, cuáles pueden reducirse y cuáles deberán postergarse.
El proceso, reconoció, puede ser “complicado” y “doloroso”, porque implica resignar determinados consumos. Pero, según su mirada, es una condición necesaria para recuperar el control de las finanzas personales.
Cuando la tarjeta se convierte en una rueda difícil de cortar
Uno de los ejemplos que abordó durante la entrevista fue el de las familias que utilizan la tarjeta de crédito para comprar alimentos y otros productos básicos porque no llegan a fin de mes.
En esos casos, puede generarse un círculo difícil de romper. La familia consume durante un mes, llega el vencimiento de la tarjeta y utiliza buena parte de sus ingresos para pagar lo consumido el mes anterior. Como ese dinero ya no está disponible para afrontar los gastos del nuevo mes, vuelve a utilizar la tarjeta. “Entrás en una rueda y en un círculo vicioso”, explicó.
Según la economista, muchas veces la deuda se tomó inicialmente una sola vez, pero después se transforma en una especie de refinanciación permanente.
Para salir de esa dinámica, planteó la posibilidad de reducir progresivamente el uso de la tarjeta o utilizar ingresos extraordinarios, como un aguinaldo, para cortar con ese ciclo.
Por qué ahora la situación se siente diferente
La economista analizó por qué una inflación cercana al 30% anual puede generar hoy una sensación de endeudamiento y morosidad más fuerte que en otros períodos en los que los precios también aumentaban.
Al respecto, sostuvo que no alcanza con comparar el nivel de inflación de dos momentos históricos. Hay que observar la dinámica: si los precios están acelerándose o desacelerándose y cómo se comportan las tasas de interés.
Además, señaló que el acceso al crédito cambió radicalmente con la expansión de las billeteras virtuales y las fintech.
La inclusión financiera permitió que personas que antes no tenían acceso a determinados servicios pudieran obtener créditos de manera sencilla y rápida. Pero, al mismo tiempo, esa facilidad también puede aumentar el riesgo de sobreendeudamiento.
“Accedo con un clic”, resumió sobre la facilidad con la que actualmente puede obtenerse financiamiento.
Martínez consideró que también existe una responsabilidad por parte del sistema financiero y de las fintech a la hora de evaluar a quién prestan dinero.
Una nueva realidad para las familias argentinas
Martínez vinculó el endeudamiento con un cambio más profundo en los hábitos económicos de los argentinos. Durante años, la inflación permitió postergar consumos y deudas con la expectativa de que el aumento de precios redujera su peso real. Con una inflación más baja, pero con ingresos que todavía resultan insuficientes para cubrir todas las necesidades, esa estrategia dejó de funcionar.
La especialista planteó que el desafío actual consiste en adaptar los hábitos de consumo a una nueva realidad económica, ordenar las cuentas y evitar que el crédito se transforme en una solución permanente para cubrir gastos corrientes.
La solución no es dejar de usar el crédito, sino entender su costo y evitar que una deuda manejable se transforme en una deuda impagable. Porque, en el escenario actual, esperar que la inflación resuelva el problema ya no es una estrategia: la deuda no se licúa y, mientras no se la atienda, puede crecer mucho más rápido de lo que una familia puede imaginar.







