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Desde el sofá Yiya Murano | Netflix | serie

La verdadera historia de Yiya Murano: lo que el documental de Netflix no terminó de contar

Descubrí la historia real de Yiya Murano: de su infancia de élite a la traición a sus amigas. Secretos, amantes y el cinismo de la envenenadora que nunca confesó.

A casi medio siglo de los crímenes que conmocionaron a la Argentina, la figura de María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte, más conocida como Yiya Murano, vuelve a ser el centro del debate tras el estreno de "Muerte a la hora del té" en Netflix. Sin embargo, más allá de la ficción y de las recreaciones, la historia real de "La envenenadora de Monserrat" esconde matices mucho más oscuros y complejos.

¿Quién fue Yiya Murano? La infancia y los padres de "La Envenenadora"

Para comprender la mente de Yiya, es necesario viajar a su infancia. Hija de una familia de buen pasar, sus padres le brindaron una educación esmerada en colegios religiosos de prestigio. Desde pequeña, María Bernardina mostró una inclinación desmedida por la sofisticación y el estatus.

No era una niña común: quienes la conocieron en sus primeros años describen a una persona con una inteligencia manipuladora y un deseo intrínseco de pertenecer a la alta sociedad porteña. Esta búsqueda de reconocimiento social sería, décadas después, el motor de su ruina y la de sus víctimas. Para Yiya, el "parecer" siempre fue más importante que el "ser".

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Yiya Murano en Almorzando con Mirtha Legrand en 2008

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La vida familiar: ¿cómo era Yiya Murano como esposa y madre?

Yiya se casó con Antonio Murano, un hombre que, según las crónicas de la época, era un esposo devoto y trabajador. Sin embargo, en la intimidad del hogar, ella ejercía un control absoluto basado en la apariencia. Como esposa, mantenía una fachada de normalidad y elegancia en el barrio de Monserrat, mientras en las sombras tejía una red de deudas y engaños que su marido apenas llegaba a vislumbrar.

La relación con su hijo, Martín Murano, fue quizás el vínculo más traumático. Martín ha relatado en diversas ocasiones la frialdad de su madre: la relación no estaba basada en el afecto, sino en una extraña posesión. Lo que la serie a veces suaviza es el nivel de desprecio que ella sentía por la vulnerabilidad ajena. Ella no veía en su hijo a una persona, sino a un accesorio más de su "vida perfecta".

El hijo de Yiya Murano y José Perrucio, el comprador del juego de té (Redes Sociales)
El hijo de Yiya Murano y José Perrucio, el comprador del juego de té (Redes Sociales)

El hijo de Yiya Murano y José Perrucio, el comprador del juego de té (Redes Sociales)

Yiya Murano y sus amantes: el secreto detrás de la seducción

A pesar de su matrimonio, Yiya mantenía una vida paralela. Sus amantes no eran solo escapadas románticas; eran piezas clave en su tablero financiero. Utilizaba su carisma y su supuesta distinción para atraer hombres que pudieran financiar su ostentoso estilo de vida.

Se dice que su capacidad de manipulación era tal que lograba convencer a su entorno de que cualquier rumor sobre su conducta era una infamia basada en la envidia. Esta doble vida le permitió operar impunemente durante años, pidiendo dinero prestado con la promesa de retornos fabulosos que nunca existieron.

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Murano invitó a sus amigas a tomar el té con masitas y las envenenó por una deuda económica.
Murano invitó a sus amigas a tomar el té con masitas y las envenenó por una deuda económica.

Murano invitó a sus amigas a tomar el té con masitas y las envenenó por una deuda económica.

Los asesinatos de 1979: ¿qué decía ella de sus víctimas?

Las víctimas no eran desconocidas: Carmen Zulema del Giorgio de Venturini, Nilda Gamba y Lelia Formisano de Guiglio eran sus amigas íntimas. Personas que confiaban en ella para invertir sus ahorros. El modus operandi fue escalofriante: las invitaba a comer o a tomar el té y les entregaba la muerte en forma de cianuro oculto en masas finas o en la infusión.

Lo más impactante de la historia real es la reacción de Yiya ante los hechos. Cuando la hija de una de las víctimas la confrontó tras encontrar a su madre muerta, Yiya mostró una frialdad espeluznante: su única preocupación era recuperar una libreta donde constaba la deuda que ella tenía con la fallecida. Para Yiya, sus amigas eran simplemente obstáculos financieros que debían ser eliminados.

Las amigas íntimas y víctimas de Yiya Murano.
Las amigas íntimas y víctimas de Yiya Murano.

Las amigas íntimas y víctimas de Yiya Murano.

¿Reconoció Yiya Murano sus crímenes alguna vez?

Hasta el día de su muerte en 2014, la postura de Yiya fue inquebrantable: nunca reconoció los asesinatos. En cada entrevista televisiva, con una sonrisa cínica y una elegancia impostada, se declaraba inocente.

Para ella, las víctimas habían muerto por "problemas de salud" o casualidades del destino. Yiya construyó un relato donde ella era la víctima de una justicia injusta. "Yo nunca maté a nadie", repetía, mientras bromeaba con los periodistas sobre el sabor de las masas, transformando su tragedia en un show mediático que alimentó su narcisismo hasta el final.

Yiya Murano entrevistada en geriátrico, afirma su inocencia

Embed - Yiya Murano entrevistada en Geriátrico afirma su inocencia | #YiyaMurano