5 razones por las que no deberías ver "Muchachas", la miniserie del Mundial de Telefe
El nuevo especial de Telefe promete "correr la cámara", pero termina reforzando el rol de la mujer como satélite del éxito masculino. Analizamos por qué este formato sigue haciendo ruido.
5 razones por las que no deberías ver "Muchachas".
El estreno de Muchachas de Telefe plantea una premisa que parece innovadora: mostrar la vida detrás de los jugadores de la Selección. Sin embargo, bajo una lupa de perspectiva de género, el contenido deja al descubierto dinámicas que necesitamos cuestionar.
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Tráiler de Muchachas de Telefe
La televisión argentina prepara el terreno para el Mundial 2026 con producciones que prometen "correr la cámara" y enfocar a las mujeres que rodean a la Scaloneta.
Mientras Madre Argentina (Olga) apuesta a un relato desde la historia familiar y los orígenes, Muchachas (Telefe) pone el foco en las parejas actuales de los futbolistas. Si bien estas propuestas buscan visibilizar una parte del entramado del fútbol profesional que suele quedar en las sombras, la estructura de estos relatos vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿por qué nuestra narrativa sigue necesitando de un "campeón" para validar la historia de una mujer?
5 razones por las que no deberías ver "Muchachas" de Telefe:
1. La mujer definida exclusivamente por el vínculo (el "efecto acompañante")
El título mismo y la propuesta narrativa reducen a las participantes a su rol de parejas. La construcción mediática insiste en que la mujer solo es relevante si su identidad está atada a un "campeón del mundo". Esta lógica invisibiliza a la mujer como sujeto individual, otorgándole valor únicamente por su cercanía al poder o al éxito deportivo ajeno.
2. La romantización del sacrificio femenino
Al destacar "la ayuda" que brindan a los futbolistas en mudanzas, crianzas y decisiones, se corre el riesgo de naturalizar una estructura desigual. El periodismo suele aplaudir el "sacrificio" femenino como un atributo necesario para el éxito del hombre, reforzando estereotipos de género donde ellas son el "pilar de contención" en la esfera privada y ellos los únicos protagonistas del éxito público.
3. La cosificación sutil bajo la excusa de la "intimidad"
Aunque se prometan revelaciones sobre su día a día, la mirada está puesta principalmente en la esfera de los cuidados. Al no poner el foco en sus trayectorias profesionales independientes o sus logros propios fuera del vínculo amoroso, el medio termina tratando a estas mujeres como objetos de curiosidad, un "anexo" decorativo que completa la imagen del deportista exitoso.
4. La validación mediática supeditada al hombre
¿Tendrían estas mismas mujeres tres episodios de exposición en horario central si no fueran parejas de los futbolistas de la Scaloneta? La respuesta es, probablemente, no. El formato evidencia que, para la televisión tradicional, la voz de una mujer solo gana espacio masivo si está legitimada por un hombre. Es momento de exigir contenidos que nos cuenten quiénes son ellas, más allá de la camiseta que llevan sus parejas.
5. La infantilización a través del lenguaje
El uso del término "Muchachas" en el título, cuando se refiere a mujeres adultas con carreras y vidas propias, conlleva una carga de condescendencia. Esta forma de nombrarlas las despoja de su autoridad, infantilizándolas y posicionándolas como subordinadas en una jerarquía donde el peso real, económico y simbólico, sigue concentrado exclusivamente en el plantel masculino.
El éxito de propuestas como Muchachas no debería medirse solo por su rating, sino por su capacidad —o su falta de ella— para cuestionar las estructuras que representa. Mientras la narrativa mediática continúe encasillando a las mujeres en un rol de soporte, el verdadero trasfondo de sus historias seguirá invisibilizado tras la sombra de los logros masculinos. Para que la comunicación sea realmente inclusiva, necesitamos dejar de consumir "espejos" que nos devuelven una imagen subordinada y empezar a exigir contenidos donde el protagonismo femenino sea legítimo, autónomo y, sobre todo, independiente de cualquier marcador de cancha.





