Pero, ¿fue realmente una posesión? ¿O estamos ante un caso extremo de enfermedad mental interpretado según el lente de la fe? A casi un siglo del hecho, expertos religiosos y académicos siguen divididos. Lo que es indiscutible es que la historia real detrás de Exorcismo: El ritual tiene todos los elementos para helar la sangre… y para abrir el debate.
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Tráiler de Exorcismo: El ritual
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El caso real de "Exorcismo: El ritual": 23 días de exorcismo en Iowa
Todo comenzó en la ciudad de Earling, Iowa. Emma Schmidt, una mujer de 46 años, presentaba síntomas que su familia y los médicos no podían explicar: aversión a objetos sagrados, desmayos, alteración de la voz y episodios violentos. Luego de tres años de tratamientos psiquiátricos fallidos, el párroco Joseph Steiger pidió autorización a la diócesis para realizar un exorcismo.
La tarea recayó en el padre Theophilus Riesinger, un sacerdote franciscano capuchino de origen alemán, conocido por su experiencia en rituales de este tipo. El exorcismo duró 23 días y, según los registros eclesiásticos, se identificaron múltiples entidades demoníacas en el cuerpo de Emma, incluyendo —según el propio Riesinger— a Judas Iscariote.
Terminada la ceremonia, la mujer se recuperó por completo y vivió el resto de su vida en calma. Pero lo más llamativo del caso no fue el hecho en sí, sino la enorme documentación que lo rodeó.
Emma Schmidt fue sometida a un exorcismo de 23 días en Iowa.
Emma Schmidt fue sometida a un exorcismo de 23 días en Iowa.
Cómo se conoció la historia de Emma Schmidt
El padre Steiger tomó notas durante todo el proceso. Esas notas fueron compartidas con Carl Vogl, quien publicó el testimonio en Alemania bajo el título Verschwinde, Satan! (“¡Fuera, Satanás!”). Fue traducido al inglés en 1935 por un monje benedictino y publicado con la aprobación del obispo de St. Cloud.
Un año después, la revista Time llevó el caso a nivel nacional con un artículo titulado Expelling the Devil, y el exorcismo pasó a formar parte del imaginario religioso estadounidense. En 1934, el propio Riesinger contó su versión al escritor Frederick J. Bunse, aunque su manuscrito fue bloqueado por la Iglesia y recién vio la luz en 2020 dentro de The Penguin Book of Exorcisms.
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Al Pacino interpretando al padre Theophilus Riesinger, exorcista alemán que lideró el ritual en 1928.
Al Pacino interpretando al padre Theophilus Riesinger, exorcista alemán que lideró el ritual en 1928.
"Exorcismo: El ritual": respeto litúrgico y asesoría religiosa
Con ese material como base, el director David Midell decidió adaptar la historia en la película Exorcismo: El ritual. Para hacerlo con fidelidad, recurrió al padre Aaron Williams, párroco de la Basílica de Santa María de Natchez (Mississippi), quien no solo autorizó la filmación dentro del templo, sino que participó como consultor litúrgico.
Williams supervisó el guion, aconsejó sobre la representación de rituales y acompañó espiritualmente al elenco durante los tres meses de rodaje. Incluso ofreció misa para los técnicos y bendecía el set a diario. Su presencia fue clave para evitar los excesos típicos del cine de terror: “Quería que los católicos que vean esta película se sientan respetados”, explicó.
La actriz Patricia Heaton, que interpreta a la madre superiora, elogió el enfoque: “Por fin los religiosos no son caricaturas. Se los muestra como personas completas”. Según ella, el film no busca explotar el morbo, sino invitar a una reflexión espiritual sobre el bien y el mal.
La basílica en Mississippi donde se filmó gran parte de la película.
La basílica en Mississippi donde se filmó gran parte de la película.
Teorías que cuestionan el caso de Emma Schmidt
Aunque la Iglesia considera el caso de Emma Schmidt como un exorcismo exitoso, varias investigaciones académicas y críticas históricas han sembrado dudas sobre su autenticidad.
Muchos síntomas atribuidos a lo demoníaco —cambios de voz, conductas agresivas, alucinaciones, aversión religiosa— pueden interpretarse hoy como signos de esquizofrenia, trastornos disociativos o trauma severo. Emma fue tratada por médicos durante tres años antes del exorcismo, lo que hace pensar que se trataba de una patología mental no entendida en su tiempo.
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Anna Ecklund es el pseudónimo de Emma Schmidt, una mujer poseída y exorcizada a lo largo de varias décadas.
Anna Ecklund es el pseudónimo de Emma Schmidt, una mujer poseída y exorcizada a lo largo de varias décadas.
El grueso de la documentación proviene de sacerdotes. No hay informes clínicos ni análisis externos. Las descripciones de “levitaciones”, “hablar idiomas desconocidos” o “reacciones sobrenaturales” provienen de relatos secundarios. Al estar filtrados por la fe, estos registros son difíciles de contrastar con evidencia objetiva.
Identidad ambigua
En distintos textos se la menciona como Emma Schmidt, Anna Ecklund o simplemente “Mary”. Hay registros contradictorios sobre su edad y su lugar de nacimiento. Esto refuerza la idea de que el caso fue moldeado y mitificado con el paso de las décadas.
Anna Ecklund es el pseudónimo de Emma Schmidt, una mujer poseída y exorcizada a lo largo de varias décadas. El último exorcismo tuvo lugar en Earling desde el 18 de agosto de 1928 hasta el 23 de diciembre del mismo año.
Anna Ecklund es el pseudónimo de Emma Schmidt, una mujer poseída y exorcizada a lo largo de varias décadas. El último exorcismo tuvo lugar en Earling desde el 18 de agosto de 1928 hasta el 23 de diciembre del mismo año.
"Exorcismo: El ritual", narrativa construida
El panfleto ¡Fuera Satanás! fue aprobado por la Iglesia con fines doctrinales, no investigativos. Los expertos advierten que el lenguaje y las imágenes responden más a la catequesis que a la documentación histórica. Algunos estudiosos afirman que la historia se convirtió en una especie de “ritual escrito” para reforzar la creencia en el poder del exorcismo.
Exorcismo: El ritual intenta reconstruir una historia de fe, miedo y redención. Y lo hace con respeto, asesoramiento e intención narrativa. Pero la historia real que la inspira sigue siendo ambigua: para la Iglesia, fue una victoria espiritual. Para la ciencia, una oportunidad perdida de entender una mente herida. Para el cine, una fuente poderosa de relatos que aún generan impacto.