Cuando la verdad repara: el relato de Laura Méndez Oliva, hija de desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar
Laura es hija de Orlando René Méndez y Leticia Margarita Oliva, ambos militantes montoneros y desaparecidos durante el golpe de Estado de 1976.
Laura estuvo secuestrada una semana en la ESMA. Foto: Gustavo Germano
A 48 años de la última dictadura cívico–militar, Laura Méndez Oliva cuenta su historia como pocas veces lo ha hecho. Ella es hija de Orlando René Méndez y Leticia Margarita Oliva, ambos militantes de Montoneros y desaparecidos durante el golpe de Estado que comenzó el 24 de marzo de 1976.
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También forma parte de la agrupación política Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S.) de Paraná, Entre Ríos.
Conocer el horror a los pocos meses de vida
Cuando Laura tenía menos de un año, fue secuestrada por los militares junto a su padre. A pesar de que ella sobrevivió y llegó a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), Orlando tomó una pastilla de cianuro para evitar la tortura en el centro clandestino.
“Llegué con vida y me cuidó una persona que también fue secuestrada y había militado con mis viejos. Recién en 2001 supe esto gracias al Equipo Argentino de Antropología Forense (EEAF) y así me pude contactar con un conocido de mis papás”, cuenta la integrante de H.I.J.O.S.
Tras una semana en el centro, Laura pudo volver con sus abuelos paternos. Ellos obtuvieron su tenencia porque le mintieron al juez y le aseguraron que no tenían buena relación con su progenitora.
De esta manera, Laura y su madre estuvieron separadas por cuatro meses hasta que Leticia se mudó a un departamento en Concordia con Susana, una amiga que no militaba, y se llevó consigo a su hija.
Todo marchaba bien, pero un día entraron 10 personas armadas a su hogar: “Estaba en casa con la niñera, preguntaron por mi vieja y se quedaron esperándola. En ese lapso se pidieron pizzas y se robaron todo. Cuando llegó mi mamá, se la llevaron”.
Años después, Laura pudo reencontrarse con Susana en Chile, pero no con su madre. Leticia apareció en 1979 en las aguas de la costa de la localidad bonaerense de Verónica y fue enterrada como NN en el cementerio de Magdalena.
Ser hija de desaparecidos
Con el paso del tiempo, Laura participó de algunas actividades para que su pasado siga vivo. Así, formó parte de “Ausencias”, el proyecto fotográfico de Gustavo Germano que se realizó en 2006 con el fin de conmemorar a las víctimas del golpe de Estado de 1976. “A través de su trabajo, se me acercó gente que conocía a mis padres”, menciona Laura.
La mujer de 48 años destaca el impacto de los antropólogos en su vida ya que, mediante su trabajo, le devolvieron una parte suya. “Cuando me enteré de lo que les pasó a mis padres fue un cachetazo, pero fue la forma en que luego pude hacer el duelo. Llegar a ellos, para mí, significó tocar el timbre correcto”, asegura.
Actualmente, Laura participa de la agrupación H.I.JO.S., la misma que la ayudó en el recorrido por la verdad. “Para mí, significó un acercamiento muy importante a mi historia. Yo fui criada por mi abuela, una Madre de Plaza de Mayo en Concordia. Si bien me educó una persona que estaba en un organismo de derechos humanos, mi familia estaba muy despolitizada. Cuando llegué a H.I.J.O.S., descubrí otra perspectiva con profundidad”, señala.
Tras el camino recorrido, Laura siente orgullo y afirma que la justicia es “poner las cosas en su lugar”. “Justamente, en este caso de los desaparecidos hay una paradoja ‘¿Dónde están?’”, indaga la hija de Leticia y Orlando.
La pieza original se puede encontrar en el siguiente link y fue realizada por estudiantes del Taller de Especialización de Redacción II de la Facultad de Ciencias de la Educación (FCEDU) de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER). Cabe destacar que la misma participó del Encuentro Nacional de Carreras de Comunicación 2023 y ganó el segundo premio en la categoría “Comunicación gráfica”.









