Messi nos volvió a regalar una noche eterna, otra vez más: para siempre en la memoria de un pueblo
Primero con un golazo. Después aprovechando un rebote. Más tarde con una definición exquisita para completar un triplete inolvidable. Otra vez, Lionel Messi.
Messi festeja uno de sus tres goles contra Algeria - (Foto de JUAN MABROMATA / AFP)
Hay partidos que se ganan. Hay partidos que se recuerdan. Y después están esos partidos que quedan guardados para siempre en la memoria de un pueblo. Argentina le ganó 3 a 0 a Argelia en su debut en el Mundial 2026, pero la noticia no fue solamente el triunfo. La noticia fue Lionel Messi. Otra vez Lionel Messi.
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Porque cuando la Selección necesitó encender el Mundial, apareció su capitán. Porque cuando la ansiedad del debut podía jugar una mala pasada, apareció el mejor futbolista de nuestra historia. Porque cuando la pelota empezó a rodar en Kansas, Messi decidió recordarle al mundo quién es.
Tres goles inolvidables de Lio Messi, una vez más
Primero con un golazo. Después aprovechando un rebote. Más tarde con una definición exquisita para completar un triplete inolvidable. Tres goles para abrir su sexto Mundial. Tres goles para conducir a la Selección campeona del mundo hacia un estreno ideal. Tres goles para seguir escribiendo una historia que parece no tener límites.
Lo más impactante es que Messi no fue solamente goles.
Se lo vio recuperar pelotas cerca de su propia área. Se lo vio correr detrás de rivales. Se lo vio asistir a Lautaro Martínez con un pase magistral. Se lo vio encontrar espacios donde nadie más los veía. Se lo vio comprometido, conectado, feliz.
Y cuando Messi sonríe, Argentina se ilusiona.
Porque este equipo sigue teniendo jerarquía. Sigue teniendo carácter. Sigue teniendo una estructura sólida construida por Lionel Scaloni. Pero también sigue teniendo algo que ningún otro seleccionado posee: a Lionel Messi jugando para Lionel Messi y para todos los argentinos.
La imagen más fuerte de la noche llegó cuando faltaban diez minutos para el final. Scaloni decidió reemplazarlo. El estadio entero se puso de pie. Los aplausos bajaron desde cada rincón. Los argentinos presentes en Kansas lo despidieron como se despide a los gigantes.
Y es que ya no se trata solamente de fútbol.
Messi es una parte de nuestra historia. Es el chico que lloró derrotas. Es el que soportó críticas injustas. Es el que volvió una y otra vez cuando muchos pensaban que no lo haría. Es el que levantó la Copa América, la Finalissima y finalmente la Copa del Mundo en Qatar.
Y ahora también es el hombre que, en su último Mundial, sigue haciendo cosas extraordinarias.
Con estos tres goles alcanzó a Miroslav Klose en la cima de los máximos artilleros de la historia de las Copas del Mundo. Un récord gigantesco. Un lugar reservado para los elegidos. Un sitio que parecía imposible alcanzar.
Pero si algo nos enseñó Messi es que la palabra imposible suele quedarle chica.
Argentina ganó. Argentina arrancó con el pie derecho la defensa de la tercera estrella y el sueño de la cuarta. Pero por encima de cualquier análisis táctico, de cualquier esquema o de cualquier estadística, quedó una sensación.
Estamos viendo los últimos capítulos mundialistas del mejor futbolista argentino de todos los tiempos.
Y mientras siga jugando así, mientras siga emocionando así, mientras siga apareciendo en los momentos importantes, los argentinos tendremos derecho a seguir soñando.
Porque el Mundial empezó.
Y Messi también.






