En la resistencia está el valor de la vida: Messi, sus lágrimas y el premio a quien nunca dejó de intentar
Jugó como en el potrero, superó a Maradona y a Pelé, y se quebró en llanto. La obra cumbre de Messi, un genio que se negó a rendirse con su Argentina.
Lionel Messi celebra el tercer gol de su equipo durante el partido de fútbol del Grupo J del Mundial 2026 entre Argentina y Argelia (Foto de JUAN MABROMATA / AFP)
“Qué placer verte otra vez. Nos decimos sin hablar. Hoy, todo vuelve a empezar Y será lo que ya fue”. Así reza una canción de Ciro y Los Persas. Quizá sea el estribillo que mejor resuma la contemporaneidad de ver jugar a Lionel Messi, alguien que nos acostumbró, justamente, a un placer impredecible. A una historia interminable y a un final cercano que interpela: “ Hoy todo vuelve a empezar, y será lo que ya fue ”.
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En su sexto Mundial, mérito que le valió un parche especial en su camiseta, ganó con la Selección Argentina —con su Argentina— por 3 a 0 ante Argelia. ¿El último baile?.
La redención definitiva de Messi: de las cuatro finales perdidas a ser el máximo goleador de los Mundiales
Todo es suyo. Los tres goles llevaron su firma, como tantas veces. Y como si fuera un pibe en el potrero a los 15 años. Pero no, fue a sus 38, a días de cumplir 39. Un récord más se anotó, de esos que poco le importan cuando juega con su país: es el máximo goleador de la historia de los mundiales, junto al alemán Miroslav Klose. Más que Pelé, más que Maradona, más que todos.
En el medio, lloró. Se emocionó. Quizá con la misma sensación de quienes lo ven jugar desde hace más de 20 años. Los que lo apoyaron y los que pidieron que se fuera de la Selección Argentina. Todos en silencio, atónitos ante semejante emoción y sin saber bien qué sentir: si tristeza, si alegría, si nostalgia. O, quizás, todo a la vez.
Y claro que la historia adquiere más valor si se trata de tres goles soñados, marcados por un tipo que perdió cuatro finales y siguió intentando, aun con los agravios constantes de los incrédulos y los escépticos. Si son tres goles de un hombre que algún día dijo que la Selección no era para él. Que se retiró porque dijo que no se le daba. Menos mal que se equivocó. Y qué feo se equivocó.
Quizás, para esa época, todavía no había escuchado lo que dice el Indio Solari en “Encuentro con un ángel amateur”, cuando cuenta que en “la resistencia está el hidalgo valor de la vida ”. El Indio, el mismo que sintió que Lio estaba para ganar un campeonato del mundo más. " Estás para eso, viejo".
Nadie lo sabe. Lo que sea que suceda de ahora en adelante, será un agradecimiento eterno. Como el que alguna vez le hizo Víctor Hugo Morales a Diego Maradona.
"Gracias, Dios, por el fútbol, por Messi, por estas lágrimas y por esta historia de amor".





