La bandera de Argentina con el lema de Malvinas no solo es un dilema para la FIFA

En una nota publicada en el sitio en inglés Inside the Games, el periodista santafesino Raúl Daffunchio Picazo analiza las implicancias de la bandera desplegada por la Selección Argentina tras vencer a Inglaterra en el Mundial con un plus: usar la palabra Malvinas en el título original en inglés ("Argentina's 'Malvinas' banner not only FIFA's dilemma") y no Falklands para denominar a las islas del Atlántico Sur.

El Gobierno del Reino Unido le pidió a la FIFA que investigue a la actual campeona del mundo por la mención a las Malvinas tras la derrota de Inglaterra, reavivando un debate de dimensiones olímpicas sobre la neutralidad y la proporcionalidad. 

El Gobierno del Reino Unido le pidió a la FIFA que investigue a la actual campeona del mundo por la mención a las Malvinas tras la derrota de Inglaterra, reavivando un debate de dimensiones olímpicas sobre la neutralidad y la proporcionalidad. 

El Gobierno del Reino Unido le pidió a la FIFA que investigue a la actual campeona del mundo por la mención a las Malvinas tras la derrota de Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026, reavivando un debate de dimensiones olímpicas sobre la neutralidad y la proporcionalidad.

Argentina todavía celebraba una clasificación extraordinaria a la final cuando una imagen unió fútbol, historia y diplomacia. El equipo de Lionel Messi había estado a cinco minutos de la eliminación, pero reaccionó ante Inglaterra y selló una victoria por 2-1 en tiempo agregado para alcanzar una nueva final de la Copa Mundial de la FIFA.

En medio de los festejos sobre el campo de juego en Atlanta, los futbolistas argentinos Giovani Lo Celso y Lisandro Martínez levantaron una bandera que les llegó desde la tribuna con la inscripción "Las Malvinas son argentinas". El gesto transformó una celebración deportiva en un nuevo capítulo de una disputa internacional que permanece sin resolverse desde hace casi dos siglos.

El Gobierno británico le pidió a la FIFA que investigue el incidente. Un portavoz del primer ministro Keir Starmer afirmó: "Puede que la Copa del Mundo no sea nuestra, pero las Islas Malvinas definitivamente sí lo son", y reiteró que Londres considera determinante la voluntad de los habitantes de las islas.

El secretario de Estado para Empresas y Comercio, Peter Kyle, calificó la conducta como "completamente inapropiada" y sostuvo que "la política debe mantenerse separada del fútbol". El líder del Partido Liberal Demócrata, Ed Davey, fue aún más lejos y pidió que los jugadores involucrados fueran suspendidos para la final ante España.

La controversia ocupó el centro de la agenda informativa en un momento especialmente delicado para las manifestaciones políticas en el deporte. El Comité Olímpico Internacional (COI) ha insistido recientemente en la necesidad de garantizar un "espacio seguro" en el terreno de juego, reforzando el principio de "neutralidad política" para evitar que los deportistas sean presionados por los intereses de sus respectivos gobiernos. Bajo esa lógica, el atleta ucraniano Vladyslav Heraskevych fue excluido de los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026 por utilizar un casco en homenaje a las víctimas de la guerra, en el ejemplo más reciente de las dificultades del deporte mundial para regular la libertad de expresión.

Los jugadores de Argentina tomaron la bandera sobre Malvinas que llegó desde las tribunas y la desplegaron en el campo de juego.

Los jugadores de Argentina tomaron la bandera sobre Malvinas que llegó desde las tribunas y la desplegaron en el campo de juego.

Cabe destacar que los próximos Juegos Olímpicos de Verano se celebrarán en Los Ángeles en 2028 y que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, sigue siendo miembro del COI, aunque a título personal, lo que significa que ese organismo no tiene participación en un eventual procedimiento disciplinario de la FIFA, cuyos órganos judiciales actúan de manera independiente. La situación sería distinta si una manifestación similar ocurriera durante los Juegos Olímpicos, donde rigen la Carta Olímpica y normas específicas sobre expresión política.

En Argentina, el presidente Javier Milei calificó el mensaje como "válido y legítimo" y sostuvo que la reacción de los jugadores era "comprensible", aunque reconoció que podría derivar en una multa. La vicepresidenta Victoria Villarruel, hija de un veterano argentino de la guerra de 1982, escribió: "¡Las Malvinas son argentinas! Nos prohibieron ingresar carteles sobre Malvinas al estadio y olvidaron que las llevamos en la sangre y en el corazón".

El reclamo de soberanía no constituye simplemente la posición de un gobierno argentino en particular. Está incorporado en la Constitución Nacional como un "objetivo permanente e irrenunciable", que debe perseguirse conforme al derecho internacional y respetando el modo de vida de los habitantes de las islas.

Las normas deportivas dejan poco margen de duda sobre la posible existencia de una infracción formal. El Código de Conducta en los Estadios de la FIFA prohíbe pancartas, banderas, prendas de vestir y otros materiales de naturaleza política, ofensiva o discriminatoria.

La cuestión central, por lo tanto, no es si el mensaje hacía referencia a una disputa política, sino cómo debe clasificarse esa conducta y cuál sería una respuesta proporcional. La FIFA no está llamada a decidir sobre la soberanía del territorio, sino a determinar si su competición fue utilizada para difundir una postura prohibida por su reglamento.

Cualquier sanción debería tener en cuenta el contexto, la participación individual de los jugadores, el origen de la bandera y el contenido del mensaje, que no incluía insultos ni llamados a la violencia. Las palabras expresaban la posición oficial de uno de los Estados involucrados en la disputa.

El Reino Unido sostiene que ejerce soberanía sobre el archipiélago, al que administra como un Territorio Británico de Ultramar con autogobierno, y que sus habitantes tienen derecho a decidir su propio futuro. La FIFA podría considerar que el mensaje tuvo carácter político sin pronunciarse sobre cuál de las dos posiciones posee un fundamento jurídico más sólido.

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El reclamo argentino comprende las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Ambos países libraron una guerra en 1982 que dejó 649 militares argentinos muertos, 255 integrantes de las fuerzas británicas fallecidos y tres isleños muertos.

Mucho antes de ese conflicto, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 2065 en 1965. En ella reconoció la existencia de una disputa de soberanía e invitó a ambos gobiernos a negociar una solución pacífica, teniendo en cuenta los intereses de la población de las islas.

Esa apelación continúa vigente. El Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas sigue reclamando la reanudación de las negociaciones bilaterales. Argentina sostiene que el Reino Unido se niega a discutir la cuestión de fondo sobre la soberanía, mientras que Londres afirma que no negociará sin el consentimiento de los isleños. La ONU no resolvió la disputa en favor de ninguna de las partes, pero mantiene el tema dentro de su agenda de descolonización.

Los antecedentes deportivos no ofrecen una respuesta automática. En 2014, la Asociación del Fútbol Argentino fue multada con 30.000 francos suizos (unos 32.400 euros) después de que la Selección exhibiera el mismo lema antes de un amistoso frente a Eslovenia.

En los Juegos Olímpicos de Londres 2012, el futbolista surcoreano Park Jong-woo fue suspendido por dos partidos internacionales y multado con 3.500 francos suizos (unos 3.800 euros) por exhibir un cartel con la frase "Dokdo es nuestro territorio", en referencia a las islas que Corea del Sur disputa con Japón.

Raúl Daffunchio Picazo, report senior de Inside the Games.

Raúl Daffunchio Picazo, report senior de Inside the Games.

Durante Qatar 2022, la FIFA multó a la Federación Serbia de Fútbol con 20.000 francos suizos (unos 21.600 euros) por una bandera exhibida en el vestuario antes del partido frente a Brasil. En ella aparecía Kosovo incorporado a un mapa de Serbia junto al lema "No surrender" ("No rendición").

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También hubo expresiones recientes vinculadas a conflictos actuales que no derivaron públicamente en sanciones comparables. El entrenador de Egipto, Hossam Hassan, agitó una bandera palestina sobre el campo de juego durante el actual Mundial, mientras que Lamine Yamal, quien disputará la final del domingo con España, hizo lo mismo esta temporada durante una celebración del Barcelona, fuera de una competición organizada directamente por la FIFA.

Las circunstancias, sin embargo, no son idénticas. Una bandera nacional reconocida por la FIFA, una pancarta sobre una disputa territorial y un mensaje ofensivo no necesariamente pertenecen a la misma categoría. Tampoco son iguales los marcos regulatorios aplicables ni el grado de control disciplinario.

La neutralidad deportiva requiere reglas previsibles, pero también una aplicación capaz de distinguir entre reclamos territoriales, gestos de solidaridad, propaganda, discriminación e incitación a la violencia. Una interpretación absoluta podría convertir casi cualquier bandera, símbolo nacional o manifestación de identidad en una declaración política susceptible de sanción.

La FIFA deberá decidir ahora si abre un procedimiento disciplinario contra la Asociación del Fútbol Argentino, contra los jugadores o contra ambos. Una multa sería consistente con varios antecedentes, mientras que una suspensión que afectara la final requeriría una justificación mucho más sólida en términos de proporcionalidad e igualdad de trato.

El episodio demuestra lo difícil que resulta separar completamente al deporte de la política. Las reglas pueden evitar que los estadios se conviertan en escenarios de confrontación, pero no pueden borrar la historia, las identidades nacionales ni las disputas internacionales. El desafío de la FIFA no consiste en decidir quién es dueño de las islas, sino en aplicar su reglamento sin convertir la neutralidad en arbitrariedad.

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