viernes 14 de mayo de 2021
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Italia: a 72 años de la tragedia de Il Grande Torino en Superga

El miércoles 4 de mayo de 1949, los 18 jugadores del Torino, uno de los más brillantes equipos de todos los tiempos, murieron cuando el avión con el que volvían de Lisboa, donde habían disputado un amistoso, se estrelló en la parte posterior de la Basílica de Superga, en la colina del mismo nombre, en las afueras de Turín.

La ciudad de Turín, ubicada en el norte de Italia y capital de la región de Piamonte, es reconocida como un muy importante polo cultural, político, industrial y económico del país. Una de las colinas que la rodean por el este es la de Superga, situada en la orilla sur del río Po, y cuya altura máxima es de 2205 pies (672 metros) sobre el nivel del mar.

En su cumbre, se encuentra la Basílica de Superga y su cripta real, que es el lugar de sepultura tradicional de los miembros de la Casa de Saboya y, a partir del miércoles 4 de mayo de 1949 –hecho del que hoy se cumplen 72 años– se volvería tristemente célebre ya que, a las 17.03, un trimotor Fiat G.212, proveniente de Lisboa, y que había realizado una escala en Barcelona, se estrelló en la parte posterior del terraplén de la iglesia.

Las 31 personas que viajaban en la aeronave murieron en el acto, y, entre ellos, los 18 integrantes de Il Grande Torino, uno de los mejores equipos de todos los tiempos, que dominó con absoluta contundencia el fútbol italiano en la década de 1940, ganando cinco Scudettos consecutivos y que, al año siguiente, sería la base de la Nazionale que iría por el tricampeonato en el Mundial de Brasil, ya que diez de los 11 titulares pertenecían al club.

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Una de las últimas fotos, antes de la tragedia, de la delegación de Il Grande Torino que viajó a Lisboa para disputar el amistoso con el Benfica. Eran 18 jugadores, tres integrantes del cuerpo técnico, tres periodistas, tres dirigentes del club, más los cuatro miembros de la tripulación del avión.

Una de las últimas fotos, antes de la tragedia, de la delegación de Il Grande Torino que viajó a Lisboa para disputar el amistoso con el Benfica. Eran 18 jugadores, tres integrantes del cuerpo técnico, tres periodistas, tres dirigentes del club, más los cuatro miembros de la tripulación del avión.

La conmoción en Italia y en Europa fue infinita, y de una magnitud tal que, para viajar al Mundial de 1950 –donde, Maracanazo mediante, Uruguay gritaría campeón– la Azzurra lo hizo en barco. Este accidente aéreo convirtió en leyenda a una generación de jugadores irrepetibles y, como escribiera al día siguiente el periodista Carlo Carlin Bergoglio, de Tuttosport, “El Torino era un equipo demasiado maravilloso para envejecer".

Una squadra inolvidable

El Torino, fundado el 3 de diciembre de 1906, obtuvo su primer Scudetto en la temporada 1927-1928 de la ya desaparecida Divisione Nazionale. En 1929 se creó la Serie A y, la Juventus –su eterno archirrival y, con el cual, desde 1907 animan el Derby della Mole de la ciudad–, logró cinco títulos consecutivos (desde la temporada 1930-1931, a la 1934-1935), y fue el primer club italiano en lograrlo.

En la temporada 1940-1941, comenzó a formarse un equipo que, durante toda la década, sería conocido como Il Grande Torino. En la de 1941-1942 escoltó al campeón, la Roma y, a partir de la 1942-1943, comenzaría su incontrastable dominio y nadie podría disputarle la corona. Por caso, obtuvo su segundo Scudetto al sumar 44 puntos, con 20 partidos ganados, cuatro empates y solo seis derrotas.

Tras el forzado receso durante las temporadas 1943-1944 y 1944-1945 debido a la Segunda Guerra Mundial, el elenco turinés se quedaría con los títulos de las cuatro ediciones siguientes (más una Copa de Italia), igualando los cinco al hilo que su eterno archirrival, la Vecchia Signora, había conquistado en la década anterior.

IlToro –presidido por entonces por Ferruccio Novo, ex jugador y ex entrenador–, era considerado no solo el mejor equipo de Italia, donde era amo y señor sino, también, del mundo. Liderados por su capitán, símbolo y capocannonieri, Valentino Mazzola, sus jugadores también eran la columna vertebral de la Selección italiana –dirigida por Vittorio Pozzo– que, en el Mundial de Brasil, irían por la tercera conquista ecuménica tras las de Italia 1934 y Francia 1938.

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Tan brillante era el Torino, que era la columna vertebral de la Selección italiana. El 11 de mayo de 1947, ¡diez de los 11 titulares! de la Azzurra que, ese domingo, vencieron por 3 a 2 a Hungría en un amistoso (disputado en Turín,foto), jugaban en el club turinés. El restante fue Lucidio Sentimenti (conocido como Sentimenti IV), arquero de la Juventus.

Tan brillante era el Torino, que era la columna vertebral de la Selección italiana. El 11 de mayo de 1947, ¡diez de los 11 titulares! de la Azzurra que, ese domingo, vencieron por 3 a 2 a Hungría en un amistoso (disputado en Turín,foto), jugaban en el club turinés. El restante fue Lucidio Sentimenti (conocido como Sentimenti IV), arquero de la Juventus.

Una muestra de ello se había dadoel 11 de mayo de 1947, cuando diez de los 11 titulares de la Azzurra que, ese domingo, vencieron por 3 a 2 a Hungría en un amistoso (disputado en Turín), eran del Torino. El restante fue Lucidio Sentimenti (conocido como Sentimenti IV), arquero de la Juventus.

¿Y cómo jugaba ese Torino? Con una absoluta vocación ofensiva, inculcada por su director técnico, Ernst Ebstein (su verdadero nombre era Ern Egri Erbstein), un húngaro de origen judío que priorizaba el ataque por sobre todo. En esa época, Il Toro utilizaba solo dos centrales –Aldo Ballarin y Virgilio Maroso–, cinco mediocampistas todoterreno y tres delanteros. Por caso, en la temporada 1947-1948, marcó ¡125 goles! en 40 partidos.

La fama de la squadra era tal, que ya había traspasado las fronteras nacionales: hasta había realizado una prolongada gira por Brasil, donde los jugadores fueron recibidos como lo que eran, unas auténticas estrellas.

Mientras se encaminaba a la que sería su quinta corona consecutiva, I Grana fue invitado a disputar un amistoso con el Benfica portugués que, de este modo, despediría a su capitán, Francisco Xico Ferreira. Como el conjunto turinés debía viajar a Lisboa, la Federazione Italiana Giuoco Calcio (FIGC, o Federación Italiana de Fútbol), autorizó que, el cotejo frente al Inter de Milan –que finalmente sería el subcampeón–, se disputara en el estadio San Siro el sábado 30 de abril de 1949. Por la tragedia que sobrevendría cuatro días después, este fue el último partido oficial de Il Grande Torino, y terminó 0 a 0.

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Il Grande Torino disputó su último partido el martes 3 de mayo de 1949. Fue en el Estádio Nacional de Lisboa, ante 40.000 espectadores, en un amistoso ante el Benfica que, esa tarde, despidió a su capitán –también lo era de la Selección de Portugal–, Francisco Xico Ferreira. En la foto, Valentino Mazzola (izquierda), símbolo y emblema del equipo turinés, intercambia los banderines de los respectivos clubes con Ferreira, antes del encuentro.

Il Grande Torino disputó su último partido el martes 3 de mayo de 1949. Fue en el Estádio Nacional de Lisboa, ante 40.000 espectadores, en un amistoso ante el Benfica que, esa tarde, despidió a su capitán –también lo era de la Selección de Portugal–, Francisco Xico Ferreira. En la foto, Valentino Mazzola (izquierda), símbolo y emblema del equipo turinés, intercambia los banderines de los respectivos clubes con Ferreira, antes del encuentro.

Pudo ser Cagliari, fue Lisboa

Cuando promediaba el campeonato 1948-1949, el Torino había acordado la realización de un amistoso ante el Cagliari, en la capital de la isla de Cerdeña, para el miércoles 4 de mayo de 1949. Pero, como tiempo después llegó la invitación del Benfica portugués para el mismo día, se presentó una superposición de fechas.

Aunque estaba a un paso de llevarse un nuevo título italiano, el Torino decidió no jugar dos cotejos no oficiales en dos semanas consecutivas y, tras adelantar su choque con el Inter, el club turinés optó por viajar a Lisboa –presentación con la que obtendría más ingresos– y pospuso el amistoso con el Cagliari para el final de la temporada, o para los últimos días de junio.

Finalmente, partieron hacia Lisboa desde el aeropuerto Milán-Malpensa el domingo 1 de mayo. El cotejo ante el Benfica se disputó en la tarde del martes 3 de mayo de 1949 en el Estádio Nacional, ante 40.000 espectadores, y concluyó con el triunfo de los locales por 4 a 3, con dos tantos de Melão, Arsénio y Rogério Pipi, mientras que Ossola, Bongiorni y Romeo Menti, de penal, anotaron para Il Grande Torino que así, jugó su último partido...

El accidente que terminó con un equipo único

Tras dormir en Lisboa, el plantel, cuerpo técnico, directivos y tres periodistas que integraban la delegación (Renato Casalbore, fundador y director de Tuttosport; Renato Tosatti, de la Gazzetta del Popolo, y Luigi Cavallero, de La Stampa), despegaron desde el aeropuerto de la capital portuguesa a las 9.40 del miércoles 4 de mayo de 1949.

El Fiat G.212 CP Monterosa matrícula I-ELCE, de Avio Linee Italiane (ALI, o Aerolíneas Italianas), contaba con tres motores radiales estadounidenses Pratt & Whitney R-1830-S1C3-G Twin Wasp, de 14 cilindros, refrigerados por aire, que desarrollaban cada uno 1065 HP de potencia continua (1215 en el despegue), y que habían reemplazado a los radiales Alfa Romeo 128 de 860 HP originales.

Con una tripulación de cuatro miembros y una capacidad de entre 26 y 30 pasajeros, su alcance máximo era de 1500 millas (casi 2770 kilómetros); su techo de vuelo, de 26.300 pies (unos 8000 metros) y, su velocidad crucero, de 162 nudos (unos 300 km/h), a 11.200 pies (3400 metros).

El comandante de la aeronave era el teniente coronel Pierluigi Meroni; su copiloto, Antonio Pangrazi; el operador de radio, Celestino D’Inca y, el navegante, Cesare Biancardi. Tras un vuelo sin novedades, aterrizaron a las 13 en el aeropuerto de Barcelona, donde cargarían combustible y, en esta escala, los jugadores de Il Gran Torinose encontraron con los del Milan, que se dirigían a la capital española a disputar un amistoso contra el Real Madrid.

A las 14.50, el Fiat G.212 CP Monterosa despegó desde Barcelona pero, en lugar de dirigirse a Milán-Malpensa, como estaba previsto originalmente, emprendió una ruta directa hacia al aeropuerto de Turín-Aeritalia. Hay dos hipótesis sobre este cambio: en primer lugar, que los jugadores, muy cansados, le hayan pedido al comandante Meroni que volara directamente a Turín; y la segunda, que se debió a motivos aduaneros, ya que era probable que la delegación hubiera realizado compras en Lisboa y, en caso de arribar directamente a la capital de Piamonte, tendrían controles más laxos que en Milán.

La aeronave se dirigió hacia Cap de Creus, el punto más oriental de la península ibérica y, luego, continuó su viaje a través de Toulon y Niza, en Francia, y Albenga y Savona, ya en Italia. En esta última ciudad, el viró hacia el noroeste, en dirección a Turín, donde estimaba arribar en 30 minutos.

Pero, en la capital de Piamonte, las condiciones meteorológicas eran muy malas, lo que le fue comunicado al Fiat a las 16.55 por la torre de control del aeropuerto de Turín-Aeritalia: nubes bajas y espesas, lluvias intensas, presencia de libeccio –viento fuerte mediterráneo que, generalmente, proviene del suroeste y que casi siempre sopla en ráfagas, y casi nula visibilidad horizontal, de apenas 130 pies (unos 40 metros).

La respuesta del avión llegó a las 16.59: "Altitud 2.000 metros. QDM en Pino, luego cortamos en Superga". En Pino Torinese, unas 4 millas (unos 6,5 kilómetros) al sureste de Turín, había una estación RDF (Radio Direction Finder, o Buscador de Dirección VHF), un radiogoniómetro para proporcionar un QDM (rumbo magnético que se debe tomar para dirigirse a una radioayuda).

Lo real era que, en una época en la que la navegación aérea no contaba con herramientas tecnológicas tan avanzadas como en la actualidad, la aeronave estaba realizando una aproximación IFR (Instrument Flight Rules, o Reglas de Vuelo Instrumental) con casi nula visibilidad y, justo al norte de Pino Torinese, está la Basílica de Superga, erigida en la cumbre de la colina homónima, que alcanza los 2205 pies (672 metros) sobre el nivel del mar.

El avión viró a la izquierda y, según creía la tripulación, se alineó con la pista 28 de Turín-Aeritalia, ubicado a unas 9 millas (casi 17 kilómetros) de este punto. Pero no era así: los fuertes vientos del suroeste habían desviado la aeronave y, en su trayectoria final hacia su aeródromo de destino, se había alineado con la Basílica de Superga...

Asimismo, el equipo que investigaría el accidente analizarían la posibilidad de que el altímetro hubiera funcionado mal y quedara bloqueado a 2000 metros (6560 pies), brindándole una información errónea a los pilotos, quienes habrían creído que estaban volando a una altitud mayor pero, en los hechos, lo hacían peligrosamente más bajo…

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El círculo indica el lugar exacto donde impactó el avión contra el terraplén posterior de la Basílica de Superga –ubicada en la cumbre de la colina homónima– donde, actualmente, hay un memorial que recuerda a las víctimas del accidente. Al fondo, se aprecia la ciudad de Turín. Para arribar al aeropuerto de destino, la aeronave debería haber volado mucho más la izquierda de su trayecto fatal.

El círculo indica el lugar exacto donde impactó el avión contra el terraplén posterior de la Basílica de Superga –ubicada en la cumbre de la colina homónima– donde, actualmente, hay un memorial que recuerda a las víctimas del accidente. Al fondo, se aprecia la ciudad de Turín. Para arribar al aeropuerto de destino, la aeronave debería haber volado mucho más la izquierda de su trayecto fatal.

Por eso, el capitán Meroni habría estimado tras el viraje que la colina (y la Basílica) de Superga estaban a su derecha cuando, en realidad, se dirigían directamente a la misma en su descenso hacia el aeropuerto. Así entonces, el destino de la aeronave –y de Il Grande Torino– estaba sellado y, a las 17.03, el avión chocó de frente, a unos 100 nudos (unos 185 km/h), contra el terraplén posterior de la Basílica, que mira hacia el este.

El impacto fue brutal y devastador y, las 31 personas que iban a bordo, murieron en el acto. El análisis de los restos no arrojó evidencia de maniobra alguna para virar o ascender: en medio de las nubes, súbitamente se encontraron con un muro de piedra. Tal fue la destrucción del Fiat G.212 CP que, lo único, reconocible, era su cola. Dos minutos después, la torre de control de Turín-Aeritalia llamó al avión pero, este, era una masa informe de metales retorcidos y cuerpos calcinados…

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El impacto fue brutal y devastador y, las 31 personas que iban a bordo, murieron en el acto. El análisis de los restos no arrojó evidencia de maniobra alguna para virar o ascender: en medio de las nubes, súbitamente se encontraron con un muro de piedra. Tal fue la destrucción del Fiat G.212 CP que, lo único, reconocible, era su cola.

El impacto fue brutal y devastador y, las 31 personas que iban a bordo, murieron en el acto. El análisis de los restos no arrojó evidencia de maniobra alguna para virar o ascender: en medio de las nubes, súbitamente se encontraron con un muro de piedra. Tal fue la destrucción del Fiat G.212 CP que, lo único, reconocible, era su cola.

El primero que llegó al lugar de la tragedia fue el capellán de la Basílica, Tancredi Ricca, quien se encontraba leyendo su libro de oraciones en su habitación del primer piso y, poco después, arribó Amilcare Rocco, un albañil que vivía a pocos metros de la iglesia. Alguien vio una foto en el suelo, que era la del Torino de 1946 y, el sacerdote, encontró camisetas granates con el Scudetto cosido. Al instante, supieron quiénes eran las víctimas del accidente.

Esa trágica tarde murieron 18 jugadores (Valerio Bacigalupo, Aldo Ballarin, su hermano Dino Ballarin, Émile Bongiorni, Eusebio Castigliano, Rubens Fadini, Guglielmo Gabetto, Ruggero Grava, Giuseppe Grezar, Ezio Loik, Virgilio Maroso, Danilo Martelli, Valentino Mazzola, Romeo Menti, Piero Operto, Franco Ossola, Mario Rigamonti y Július Schubert); el director técnico, Egri Erbstein; su ayudante, Leslie Lievesley; el masajista, Ottavio Corina; tres dirigentes (Arnaldo Agnisetta, director General; Andrea Bonaiuti, quien organizó el viaje, e Ippolito Civalleri), tres periodistas, y los cuatro miembros de la tripulación. En un instante, se habían perdido 31 vidas.

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El desastre se produjo a las 17.03 del miércoles 4 de mayo de 1949. El avión chocó de frente, a unos 100 nudos (unos 185 km/h), contra el terraplén posterior de la Basílica, que mira hacia el este. Solo quedó una masa informe de metales retorcidos, junto con los cuerpos calcinados de quienes iban a bordo.

El desastre se produjo a las 17.03 del miércoles 4 de mayo de 1949. El avión chocó de frente, a unos 100 nudos (unos 185 km/h), contra el terraplén posterior de la Basílica, que mira hacia el este. Solo quedó una masa informe de metales retorcidos, junto con los cuerpos calcinados de quienes iban a bordo.

La mala nueva se difundió con enorme celeridad y, cientos de personas, escalaron la colina. Entre los primeros se encontraba Vittorio Pozzo, el entrenador de la Selección, a quien le encomendaron la horrenda tarea de reconocer los cuerpos desfigurados de los jugadores, que los carabinieri fueron extrayendo paulatinamente. Tras identificar los primeros cadáveres, incluido el de Romeo Menti –quien llevaba en su saco un pin con el símbolo del club–, Pozzo se desmayó por primera vez.

Ya recuperado pero, con gran dificultad, completó su tarea, la que luego debió repetir junto con los peritos en las dos morgues del cementerio de Turín. A Martelli y Maroso, de 25 y 23 años, respectivamente, los reconoció por descarte, ya que sus cuerpos estaban completamente destrozados.

En sus memorias, Pozzo escribió: “Uno a uno, los reconocí a todos. Me ocupé de todo, menos las valijas, después de haber revisado el contenido de algunas de ellas: dejé la ingrata y delicada necesidad al comisario de policía. Pocos jugadores tenían rasgos deformados, muchos habían perdido los zapatos o, incluso, ambos pies, como tantos soldados en la guerra. El único que estaba perfectamente intacto era el inglés Lievesley”.

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La mala nueva se difundió con enorme celeridad y, cientos de personas, escalaron la colina. Entre los primeros se encontraba Vittorio Pozzo, el entrenador de la Selección, a quien le encomendaron la horrenda tarea de reconocer los cuerpos desfigurados de los jugadores, que los carabinieri fueron extrayendo paulatinamente.

La mala nueva se difundió con enorme celeridad y, cientos de personas, escalaron la colina. Entre los primeros se encontraba Vittorio Pozzo, el entrenador de la Selección, a quien le encomendaron la horrenda tarea de reconocer los cuerpos desfigurados de los jugadores, que los carabinieri fueron extrayendo paulatinamente.

Así como el destino había mostrado su cara más cruel con la desaparición de un elenco irrepetible, no le fue esquivo al zaguero Sauro Tomá, quien no viajó por una lesión en un menisco, ni al arquero suplente, Renato Gandolfi, cuyo lugar fue ocupado por el tercer guardameta del plantel, Dino Ballarin, y tampoco con un joven húngaro que, si bien se había probado en el Torino, no fue incorporado por el mismo: era László Kubala Stecz, conocido como Ladislao Kubala, quien, entre 1950 y 1962, brillaría como pocos y se convertiría en uno de los históricos ídolos indiscutidos del Barcelona.

Los investigadores concluyeron que, las causas del accidente, fueron una letal combinación de condiciones meteorológicas muy desfavorables, con casi nula visibilidad, un grave error de navegación de los pilotos (todo indica que se habrían desorientado) y, también, a la escasez de radioayudas en tierra disponibles.

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La aeronave que protagonizó el accidente fue el Fiat G.212 CP Monterosa matrícula I-ELCE, de Avio Linee Italiane (ALI, o Aerolíneas Italianas, comandada por el teniente coronel Pierluigi Meroni. Su capacidad era de entre 26 y 30 pasajeros y, su velocidad crucero, de 162 nudos (unos 300 km/h). Esta foto fue tomada en el aeropuerto de Zurich-Kloten, Suiza.

La aeronave que protagonizó el accidente fue el Fiat G.212 CP Monterosa matrícula I-ELCE, de Avio Linee Italiane (ALI, o Aerolíneas Italianas, comandada por el teniente coronel Pierluigi Meroni. Su capacidad era de entre 26 y 30 pasajeros y, su velocidad crucero, de 162 nudos (unos 300 km/h). Esta foto fue tomada en el aeropuerto de Zurich-Kloten, Suiza.

Dolor y conmoción

El jueves 5 de mayo de 1949, Italia se despertó envuelta en luto y dolor insoportable. Todo el plantel de uno de los equipos más brillantes de todos los tiempos, ya no estaba en este mundo y, tamaña conmoción, fue resumida por el periodista Indro Montanelli en el Corriere della Sera: "Los héroes son siempre inmortales a los ojos de quienes creen en ellos. Y así los chicos creerán que los del Torino no están muertos: sólo están lejos".

El viernes 6 de mayo se instaló la capilla ardiente en el Palazzo Madama, con todos los ataúdes de las víctimas y, más de medio millón de personas asistieron al funeral, entre ellos representantes de todos los equipos italianos y de muchos conjuntos extranjeros, además de Ottorino Barassi, el presidente de la FIGC.

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El viernes 6 de mayo se instaló la capilla ardiente en el Palazzo Madama, con todos los ataúdes de las víctimas y, más de medio millón de personas, asistieron al funeral, entre ellos representantes de todos los equipos italianos y de muchos conjuntos extranjeros, además de Ottorino Barassi, el presidente de la FIGC.

El viernes 6 de mayo se instaló la capilla ardiente en el Palazzo Madama, con todos los ataúdes de las víctimas y, más de medio millón de personas, asistieron al funeral, entre ellos representantes de todos los equipos italianos y de muchos conjuntos extranjeros, además de Ottorino Barassi, el presidente de la FIGC.

El Torino fue proclamado como campeón de la temporada 1948-1949 (era su quinta coronación consecutiva) y, en las últimas cuatro fechas del certamen, presentó un equipo Sub 17, al igual que sus rivales, la Fiorentina, el Génova, el Palermo y la Sampdoria. Los juveniles de Il Toro se impusieron en estos cuatro cotejos, por lo que el elenco turinés sumó 60 puntos, escoltado por el Inter, con 55.

La solidaridad de River Plate

En medio de tanta tristeza, un club argentino decidió ayudar al Torino: fue River Plate y, su por entonces presidente, Antonio Vespucio Liberti, propuso disputar un amistoso con la presencia de La Máquina –la formidable delantera conformada por Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna y Félix Loustau–, y en el que todo lo recaudado se destinara a las familias de las víctimas.

El Millonario viajó en un avión de la Flota Aérea Mercante Argentina, y empleó 34 horas para cubrir el trayecto Morón-Río de Janeiro-Dakar-Lisboa-Roma-Turín. A su arribo, la delegación depositó una ofrenda floral en el sector del Cimitero Monumentale, donde descansan los restos de ocho de los 18 jugadores, junto con los de dos de los entrenadores y el periodista Renato Casalbore y, luego, rindió un homenaje en el lugar del siniestro, en la colina de Superga.

El encuentro –que finalizó 2 a 2, fue arbitrado por el suizo Peter Scherz, y recaudó unos 28 millones de liras– se disputó el jueves 26 de mayo en el estadio Comunale, ante casi 60.000 espectadores, y donde River enfrentó a un combinado de los mejores jugadores de la Serie A que, para esta ocasión, se denominó Torino Símbolo.

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El jueves 26 de mayo siguiente, el estadio Comunale de Turín, colmado por 60.000 espectadores, presenció el amistoso a beneficio que disputaron River Plate y un combinado de los mejores jugadores de la Serie A que, para esta ocasión, se denominó Torino Símbolo. A partir de ese momento surgió una sólida amistad entre ambos clubes, y que se mantiene hasta la actualidad.

El jueves 26 de mayo siguiente, el estadio Comunale de Turín, colmado por 60.000 espectadores, presenció el amistoso a beneficio que disputaron River Plate y un combinado de los mejores jugadores de la Serie A que, para esta ocasión, se denominó Torino Símbolo. A partir de ese momento surgió una sólida amistad entre ambos clubes, y que se mantiene hasta la actualidad.

El elenco local formó con: Lucidio Sentimenti IV (Juventus), Sergio Manente (Juventus), Zeffiro Furiassi (Fiorentina), Carlo Annovazzi (Milan), Attilio Giovannini (Inter), Marco Achilli (Inter), Istvan Nyers (Inter), Giampiero Boniperti (Juventus), Gunnar Nordhal (Milan), John Hansen (Juventus), y Pietro Ferrari II (Novara).

Por su parte, el Millonario –cuyos jugadores renunciaron a recibir remuneración alguna por esta presentación– lo hizo con: Amadeo Carrizo; Ricardo Vaghi y Lidorio Soria; Norberto Yácono; Néstor Pipo Rossi y José Ramos; Ángel De Cicco; Oscar Coll, Alfredo Di Stéfano, Ángel Labruna y Félix Loustau. También jugaron Héctor Grisetti, Santiago Kelly y Juan Carlos Muñoz.

Los goles fueron anotados por Nyers y Annovazzi para los locales, y por Labruna y Di Stéfano para los visitantes, quienes fueron ovacionados por la solidaridad demostrada.

A partir de ese momento surgió una sólida amistad entre ambos clubes, y que se mantiene hasta la actualidad. Tal es así que, el viernes 29 de junio de 1951, con motivo de la celebración del cincuentenario de la fundación de River, el Torino y el Millonario disputaron un nuevo amistoso en Buenos Aires y, tras el mismo, resolvieron que cada uno utilizaría la camiseta titular del otro como la alternativa.

Asimismo, los museos de ambas instituciones ratificaron su hermandad en 2014, y con la presencia del actual presidente Millonario, Rodolfo D'Onofrio, ya que las dos destinaron sendos sectores, especialmente dedicados, a recordar el partido solidario de 1949.

Para la temporada 1949-1950, se pidió a los otros equipos italianos que le cedieran un jugador al Torino y, el shock por la tragedia fue tal que, al año siguiente, la Selección de Italia viajó en barco al Mundial de Brasil 1950, donde fue rápidamente eliminada.

Desde la tragedia de Superga, el Torino solo ganaría otro Scudetto, en 1976.

El legado

La memoria de Il Grande Torino perdura hasta nuestros días. En el lugar del accidente hay un memorial y, en cada aniversario de la tragedia, el club recuerda a sus fallecidos. Asimismo, el Campo Torino –conocido como estadio Filadelfia, donde el equipo jugó hasta 1963– fue recuperado y modernizado y, desde 2017, alberga los entrenamientos de la Primera y de las divisiones Juveniles. Por su parte, el estadio Olímpico Grande Torino –o Stadio Comunale– de la capital piamontesa recibió el nombre de Los Invencibles, como se conocía a los 18 fallecidos en 1949.

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En el lugar exacto del accidente, hay un memorial y, en cada aniversario de la tragedia, el Torino recuerda a sus fallecidos. Asimismo, el sitio es visitado por muchos turistas e hinchas de otros equipos, tanto italianos como extranjeros. En la parte superior de la foto, se observa el sector trasero de la Basílica de Superga.

En el lugar exacto del accidente, hay un memorial y, en cada aniversario de la tragedia, el Torino recuerda a sus fallecidos. Asimismo, el sitio es visitado por muchos turistas e hinchas de otros equipos, tanto italianos como extranjeros. En la parte superior de la foto, se observa el sector trasero de la Basílica de Superga.

Además, algunos restos de la aeronave –entre ellos una hélice, un neumático, piezas varias del fuselaje y los bolsos personales de Mazzola, Maroso y Erbstein–, se conservan en El Museo del Grande Torino e della Leggenda Granata, ubicado en la prestigiosa Villa Claretta Assandri de Grugliasco, a 9 kilómetros al oeste de Turín, y que fuera inaugurado el 4 de mayo de 2008.

Hoy, los tifosi del Torino elevarán una plegaria al cielo desde donde, Los Invencibles, continúan deleitando a todos con su fútbol único y exquisito. Y, aunque hayan pasado 72 años de su partida, siguen –y seguirán– jugando por toda la eternidad.