lunes 17 de mayo de 2021
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Manfred von Richthofen: el Barón Rojo, el as de ases que se convirtió en leyenda de Alemania

Las proezas de Manfred von Richthofen, el piloto de combate más famoso de todos los tiempos, en la Primera Guerra Mundial –y de cuya muerte se cumplen hoy 103 años–, marcaron un antes y un después en la historia de la aviación. Considerado como uno de los máximos héroes en su país, despertó temor pero, también, respeto entre sus enemigos, quienes lo sepultaron con los máximos honores militares tras derribarlo.

“Y en tu rojo avión vas a volar, sin cesar, pues así no morirás.

¡Barón! Héroe de cuento. Amo de las nubes, señor del viento”.

(Fragmento de la letra de la canción “Barón Rojo”, de la banda homónima española, lanzada el 27 de abril de 1981).

El domingo 21 de abril de 1918 fue un típico día de la primavera boreal y, cuando se disipó la niebla que dio el presente desde el amanecer, la jornada se tornó cálida, soleada, y con poca nubosidad. En la pequeña localidad de Cappy, al norte de Francia, 12 aviones de combate alemanes estaban listos para una nueva misión y, como siempre, el que más se destacaba era el Fokker Dr.I rojo del jefe de este escuadrón de cazas, llamado The Flying Circus (o El Circo Volador) por sus enemigos, por los llamativos colores con los que estaban pintadas sus aeronaves.

La Deutsche Luftstreitkräfte (la Fuerza Aérea Alemana durante la Gran Guerra, luego conocida como Primera Guerra Mundial) no había establecido indicaciones específicas sobre la tonalidad y el camuflaje que debían llevar sus aparatos. Además, esta unidad de combate aéreo debía trasladarse permanentemente, por lo que sus integrantes se alojaban en tiendas de campaña que montaban en las inmediaciones de los improvisados aeródromos desde donde operaban.

Meses atrás, el jefe de la misma, un muy prestigioso Rittmeister (oficial de Caballería) prusiano, había pintado su triplano de rojo y, pese a ser una decisión muy arriesgada –al ser fácilmente identificable, el avión era un blanco perfecto en el aire– también inspiró mucho temor y un muy alto respeto entre sus enemigos.

Este jefe tuvo el honor de liderar la primera ala de caza aérea de la historia, conocida como Jagdgeschwader I (JG I), comprendida por cuatro Jagdstaffel (o escuadrones, más conocidos como Jastas): el 4, el 6, el 10 y el 11. En total, dirigió 58 misiones, en las que derribó 80 aviones enemigos confirmados, un hito jamás igualado. Es más, el año anterior había recibido la Pour le Mérite(o The Blue Max), la máxima orden militar con la que Alemania condecoraba a sus héroes de guerra.

Este jefe –al que le faltaban solo 11 días para cumplir 26 años– era llamado por los franceses “Le Petit Rouge” o “Le Diable Rouge” (“El Pequeño Rojo”, o “El Diablo Rojo”), pero se lo recuerda como “The Red Baron” o “Der Rote Baron”, como lo denominaban los ingleses y los alemanes, respectivamente.

Este jefe, al que un persistente dolor de cabeza lo acompañaba en todo momento desde que fuera derribado el 6 de julio de 1917, en Bélgica –y donde su vida corrió muy serio peligro–, no iba a volar esa mañana: sobre su mesa había un pasaje de tren para viajar hacia la Selva Negra, la región montañosa del suroeste de Alemania, que limita con Francia, donde se encontraría con el padre de su fallecido compañero Werner Voss –el cuarto más exitoso piloto alemán de la Primera Guerra, con 48 victorias aéreas confirmadas, abatido el 23 de septiembre de 1917–, y que lo había invitado a participar de jornada de caza en su residencia.

Pero, finalmente, este jefe al que, con absoluta justicia, se lo reconoce como el piloto de combate más famoso de todos los tiempos, se puso el traje de vuelo sobre su pijama de seda y decidió ir a derribar más aviones ingleses. Pero el destino tenía otros planes y, por eso, El Barón Rojo, el inigualable e irrepetible as de ases de la aviación no sabía que, media hora después, nacería su leyenda la que hoy, a 103 años de su muerte, se agiganta cada vez más.

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Infografía.

Infografía.

Siguió los pasos de la tradición familiar

Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen nació el lunes 2 de mayo de 1892 en Kleinburg, uno de los distritos de Breslau (actualmente es parte de la ciudad de Wroclaw, Polonia), en la Baja Silesia, a 350 kilómetros al sudoeste de Varsovia. Miembro de una aristocrática y prominente familia prusiana, su padre fue el comandante de la caballería prusiana Albrecht Philipp Karl Julius Freiherr von Richthofen y, su madre, Kunigunde Hildegard Freifrau von Schickfuss und Neudorff.

Tuvo una hermana mayor, Elisabeth (Ilse), nacida en 1890, y dos hermanos menores, Lothar-Siegfried (1894) y Bolko (1899).

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Manfred von Richthofen (derecha) junto a su hermano menor, Lothar-Siegfried, a quien convenció para que, en 1916, se convirtiera en piloto y se sumara al Kampfgeschwader 2 (Escuadrón de Combate Nº 2) en el Frente Occidental. Cuando Lothar-Siegfried se unió a esta unidad, el Alto Mando alemán le dio amplia difusión al hecho de contar con dos hermanos von Richthofen en el cuerpo aéreo.

Manfred von Richthofen (derecha) junto a su hermano menor, Lothar-Siegfried, a quien convenció para que, en 1916, se convirtiera en piloto y se sumara al Kampfgeschwader 2 (Escuadrón de Combate Nº 2) en el Frente Occidental. Cuando Lothar-Siegfried se unió a esta unidad, el Alto Mando alemán le dio amplia difusión al hecho de contar con dos hermanos von Richthofen en el cuerpo aéreo.

El título nobiliario de Freiherr (barón), para los hombres de la familia von Richthofen, y Freifrau (baronesa), para las mujeres, fue concedido en noviembre de 1741 por el rey prusiano Federico II el Grande una vez concluida la Guerra de Sucesión austríaca, merced al apoyo que recibió por parte de los antepasados del futuro as de la aviación alemana.

Cuando Manfred tenía 4 años, la familia se mudó a Schweidnitz (actualmente widnica, Polonia), donde cursó sus estudios primarios y, con solo 11 años, comenzó su preparación para la vida militar. Entre 1903 y 1909 se formó en la Academia de Cadetes de Wahlstatt (hoy es Legnickie Pole, Polonia) y, de 1909 a 1911, hizo lo propio en el principal Instituto de Cadetes en Lichterfelde, al sudoeste de Berlín.

Al año siguiente –y con el grado de alférez– se alistó en el cuerpo de caballería conocido como el Ulanen-Regiment Kaiser Alexander der III. von Russland Nr. 1 (1º Regimiento de Ulanos del Emperador Alejandro III de Rusia), en Militsch (actual Milicz, Polonia), tal como años antes lo había hecho su padre, y fue destinado al Escuadrón Nº 3.

Su destino estaba en el aire

El martes 28 de julio de 1914 comenzó la Primera Guerra Mundial y, von Richthofen, inicialmente sirvió como Oficial de Reconocimiento en los Frentes Oriental y Occidental. El advenimiento de la guerra de trincheras provocó que las operaciones de caballería tradicionales resultaran obsoletas e ineficaces. Por ello, su regimiento fue disuelto, sus miembros fueron empleados como estafetas y operadores telefónicos y, el no poder participar directamente del combate, provocó una gran decepción en el joven oficial.

Por ello y, tras examinar detenidamente un avión militar alemán, solicitó su traslado a Die Fliegertruppen des Deutschen Kaiserreiches (Tropas de Aviación del Imperio Alemán), luego conocida como Luftstreitkräfte(Fuerza Aérea). Su formación comenzó el domingo 6 de junio de 1915, pero no como piloto, sino como observador.

Es dable destacar que, la aviación militar, recién daba sus primeros pasos. El Alto Mando alemán, en particular, prefería los grandes dirigibles los cuales, aunque lentos y vulnerables, se utilizaban para el lanzamiento de bombas. Además, existía un prejuicio sobre los aviones: "Si vuelan demasiado alto, no ven nada y, si vuelan demasiado bajo, son derribados", era el argumento que se esgrimía para no priorizar su empleo.

Inicialmente, estas aeronaves apenas estaban armadas y se las usaba para observar las líneas del frente enemigo; a principios de 1915, los Fokker y Albatros fueron equipados con ametralladoras y, así, comenzó la clásica guerra aérea.

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Esta réplica exacta del triplano Fokker Dr.I de El Barón Rojo fue exhibida en el Salón Aeronáutico de Berlín en 2006. Con este avión obtuvo sus últimas 19 victorias –de las 80 confirmadas en total– y era con el que volaba el domingo 21 de abril de 1918, cuando fue abatido y murió.

Esta réplica exacta del triplano Fokker Dr.I de El Barón Rojo fue exhibida en el Salón Aeronáutico de Berlín en 2006. Con este avión obtuvo sus últimas 19 victorias –de las 80 confirmadas en total– y era con el que volaba el domingo 21 de abril de 1918, cuando fue abatido y murió.

De junio a agosto de 1915, von Richthofen actuó como observador en misiones de reconocimiento sobre el Frente Oriental con la Feldflieger Abteilung 69 (División de Aviadores de Campo Nº 69). Luego fue trasladado a una unidad palomas mensajeras en Ostende, una ciudad costera de Bélgica y, allí, su amigo Georg Zeumer –un destacado piloto, que moriría en combate en 1917– le enseñó a volar.

En octubre de 1915, el teniente Manfred von Richthofen, de 23 años, tomó un tren especial hacia Metz, en el noreste de Francia y, en el vagón comedor, conoció a Oswald Boelcke, el piloto de combate más exitoso de la Primera Guerra Mundial hasta ese entonces. Von Richthofen quedó tan impresionado por sus descripciones de las batallas aéreas, que decidió seguir sus pasos y convertirse en piloto de combate.

Con Boelcke como instructor, entre noviembre y diciembre de 1915 completó su formación de piloto y se desplegó como tal a partir de marzo de 1916 con el Kampfgeschwader 2 (Escuadrón de Combate Nº 2) en el Frente Occidental, y lo hizo con un Albatros C.III, un biplano biplaza. Un mes antes, Manfred había convencido a su hermano menor, Lothar-Siegfried, quien estaba a cargo del entrenamiento de reclutas en Luben, para que se sumara a esta flamante unidad.

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Oswald Boelcke es considerado el padre de la Fuerza Aérea alemana. Fue el primero en formalizar las reglas del combate aéreo.

Oswald Boelcke es considerado el padre de la Fuerza Aérea alemana. Fue el primero en formalizar las reglas del combate aéreo.

El miércoles 26 de abril de 1916, von Richthofen disparó contra un Nieuport –un biplano francés– y lo derribó sobre Fort Douaumont, uno de las fortificaciones que protegían la ciudad de Verdún, aunque esto no fue reconocido en su haber. Meses después, Boelcke lo seleccionó para integrar su Jagdstaffel 2 estacionado en Cambrai, al norte de Francia y, el domingo 17 de septiembre de 1916, von Richthofen logró su primera victoria aérea confirmada.

La aeronave que derribó fue un biplano biplaza británico FE 2b –número de serie 7018–, al mando del 2º teniente Lionel Morris, y con el capitán Tom Rees como observador, quien murió en el combate aéreo, mientras que el piloto falleció poco después de aterrizar.

"Me animaba un solo pensamiento: el hombre que tenía delante debe caer", recordaría von Richthofen, quien se había acercado con su Albatros D.II (número de serie 491/16) para abrir fuego casi a quemarropa. "De repente, la hélice del oponente dejó de girar. ¡Hit! (¡Golpe!)”, agregó. Luego aterrizó su nave cerca del avión enemigo, lo que retrasó su regreso a su cuartel general donde, al arribar, solo se limitó a informar: "Un inglés derribado". Había dado el primer paso para construir su leyenda.

Su avión pintado de rojo

El jueves 23 de noviembre de 1916, el alemán derribó a su adversario más reconocido, el mayor Lanoe Hawke, a quien von Richthofen describió como "el Boelcke británico". Lo hizo al mando de un Albatros D.II y, el as inglés, quien fue abatido tras una dura pelea de perros –como se denominaba al combate aéreo cercano, entre cazas–, un Airco DH.2.

El viernes 12 de enero de 1917 y, tras su 16ª victoria, von Richthofen recibió la Pour le Mérite, la más alta distinción militar alemana, y conocida informalmente como The Blue Max. Luego asumió el mando del Jasta 11, integrado por pilotos de élite, muchos de los cuales él mismo había formado y entrenado quienes, tiempo después, se convertirían en los líderes de sus propios escuadrones.

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Esta fotografía fue tomada el 23 de abril de 1917 y, en la misma, Manfred von Richthofen está en el cockpit de su famoso Rote Flugzeug (Avión Rojo) con otros miembros del Jasta (Escuadrón) 11, entre ellos, su hermano menor, Lothar-Siegfried (en el centro, sentado, al frente).

Esta fotografía fue tomada el 23 de abril de 1917 y, en la misma, Manfred von Richthofen está en el cockpit de su famoso Rote Flugzeug (Avión Rojo) con otros miembros del Jasta (Escuadrón) 11, entre ellos, su hermano menor, Lothar-Siegfried (en el centro, sentado, al frente).

Por caso, Ernst Udet pertenecía al grupo de caza de von Richthofen y, en la Segunda Guerra Mundial, este piloto alcanzó la jerarquía de Generaloberst (coronel general) de la Luftwaffe, la Fuerza Aérea. Asimismo, cuando Lothar-Siegfried se unió a este escuadrón, el Alto Mando alemán le dio amplia difusión al hecho de contar con dos hermanos von Richthofen en el cuerpo aéreo. Además, sus compatriotas se interesaron profundamente por sus victorias y, las cartas que enviaba a las distintas escuelas del país, fue otra de las acciones de propaganda bélica.

A fines de enero de 1917 y, tras haber sumado otras nueve victorias, el primer avión que von Richthofen pintó de rojo fue su Albatros D.III –número de serie 789/16– y, a partir ese momento, tanto propios como enemigos lo conocieron con el nombre con el que haría historia. Decidió hacerlo cuando se convirtió en comandante de escuadrón. “Por las razones que sean, un buen día se me ocurrió la idea de pintar mi avión de un rojo deslumbrante. El resultado fue que absolutamente todos no pudieron evitar notar mi pájaro rojo, menos mis enemigos”, recodaría en su autobiografía.

Otros integrantes del Jasta 11 lo imitaron y, muy pronto, también empezaron a pintar de rojo partes de sus aviones. La razón era hacer menos visible a su líder, y evitar que lo identificaran en un combate pero, en la práctica, las partes rojas se convirtieron en un modo de identificación. No solo esto, otros escuadrones adoptaron sus propios colores y, esta muy particular decoración (hablar de camuflaje suena risible) se generalizó en toda la Luftstreitkräfte. .

El Alto Mando permitió esta práctica y, la propaganda alemana, comenzó a referirse a von Richthofen como Der Rote Kampfflieger (El Piloto de Combate Rojo). Por otra parte y, a fines de julio del mismo año, comenzaría a volar el célebre triplano Fokker Dr.I –armado con dos ametralladoras Spandau MG 08, de 7,92 mm–, la aeronave con la que más comúnmente se lo reconoce hasta la actualidad.

El Abril Sangriento

Con su indiscutido liderazgo, von Richthofen llevó a su nueva unidad a un éxito sin precedentes, alcanzando su punto máximo durante el Abril Sangriento (Bloody April) de 1917, cuando el Royal Flying Corps sufrió bajas catastróficas –perdieron 125 aeronaves y sus tripulaciones– por parte del accionar de la aviación alemana. Solo en ese mes, El Barón Rojo derribó ¡22 aviones! británicos –cuatro de ellos en un solo día, el domingo 29– y, su total de victorias confirmadas, se elevó a 52.

El temor entre los Aliados se multiplicó exponencialmente y, el Alto Mando británico, ofreció la Victory Cross (Cruz de la Victoria), el máximo honor militar por un hecho heroico en combate, más una recompensa de 5000 libras, a quien lo derribara.

En junio, von Richthofen fue designado comandante de la primera de las flamantes Alas de Combate, unidades que podían trasladarse con muy corto aviso a diferentes sectores del Frente. La nueva unidad, la Jagdgeschwader I, estaba compuesta por los escuadrones Nº 4, 6, 10 y 11. Conocida también como la JG I, se hizo ampliamente conocida como El Circo Volador, por los colores brillantes de los aviones, y la movilidad empleada –la más común era por tren– incluido el uso de carpas y tiendas de campaña para alojar a sus pilotos, mecánicos y auxiliares.

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El Barón Rojo tenía una mascota: era un gran danés, llamado Moritz. La unidad JG I se hizo ampliamente conocida como El Circo Volador, por los colores brillantes de los aviones, y la movilidad empleada –la más común era por tren– incluido el uso de carpas y tiendas de campaña para alojar a sus pilotos, mecánicos y auxiliares y, el perro de von Richthofen, siempre viajaba con él.

El Barón Rojo tenía una mascota: era un gran danés, llamado Moritz. La unidad JG I se hizo ampliamente conocida como El Circo Volador, por los colores brillantes de los aviones, y la movilidad empleada –la más común era por tren– incluido el uso de carpas y tiendas de campaña para alojar a sus pilotos, mecánicos y auxiliares y, el perro de von Richthofen, siempre viajaba con él.

Uno de los pilares del éxito de esta unidad fue la brillante estrategia aplicada por von Richthofen, quien se basaba en las tácticas de Oswald Boelcke, su mentor –caído en acción el 28 de octubre de 1916 en Bapaume, Francia– y, su firme liderazgo, cimentado en el ejemplo personal, también fue clave. Su trato con sus subalternos y soldados era cordial y, asimismo, hacía especial hincapié en la buena relación que los pilotos debían cultivar con los mecánicos que mantenían sus aviones.

Por otra parte, una de las reglas básicas que les inculcó a sus pilotos era muy clara: “Apunten al hombre y no lo pierdan de vista. Si están peleando con un biplaza, busquen al observador primero; hasta que hayan silenciado el arma (la ametralladora que llevaban montadas), no se preocupen por el piloto".

Su mando se combinaba con una autodisciplina de hierro. Apenas bebía alcohol y era extremadamente frío y cerebral. Incluso al propio Emperador le habló sin vueltas de la brutal realidad de la guerra.

Rechazó los loopings –la maniobra consistente en realizar un círculo vertical– por considerarlos como "tonterías que no tienen cabida en una pelea aérea"; solo atacaba a sus oponentes cuando se había colocado en una posición ventajosa y, de ser posible, con el sol detrás de él. A esta serie de maniobras las utilizó para "preparar tácticamente al enemigo" antes de derribarlo.

Herido en combate

El viernes 6 de julio de 1917, durante un combate contra una formación de cazas FE2d del 20º escuadrón británico y, en cercanías de Wervik, Bélgica, sufrió una grave herida en la cabeza, que le provocó desorientación espacial y una ceguera parcial. Pero von Richthofen recuperó su visión antes de estrellarse con su biplano Albatros DV y realizó un aterrizaje forzoso en un campo en territorio alemán.

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El viernes 6 de julio de 1917, durante un combate contra una formación de cazas FE2d del 20º escuadrón británico y, en cercanías de Wervik, Bélgica, Manfred von Richthofen sufrió una grave herida en la cabeza. A pesar de ello, pudo realizar un aterrizaje forzoso con su Albatros DV biplano (foto), que no estaba pintado completamente de rojo.

El viernes 6 de julio de 1917, durante un combate contra una formación de cazas FE2d del 20º escuadrón británico y, en cercanías de Wervik, Bélgica, Manfred von Richthofen sufrió una grave herida en la cabeza. A pesar de ello, pudo realizar un aterrizaje forzoso con su Albatros DV biplano (foto), que no estaba pintado completamente de rojo.

Solo 19 días después –y desoyendo las indicaciones médicas–, El Barón Rojo quiso volver al servicio pero, como no estaba completamente recuperado, debió atravesar un período de convalecencia entre el 5 de septiembre y el 23 de octubre. Esta seria lesión requirió múltiples operaciones para retirar las astillas de los huesos del cráneo y, además, dejó sus secuelas: a partir de ese momento, von Richthofen sufriría recurrentes y cada vez más intensos dolores de cabeza antes y después de volar.

Su enorme fortaleza de carácter incluía ambición, determinación, camaradería, espíritu de equipo, fuerza de voluntad, una gran autodisciplina, y hasta un cierto grado de arrogancia –por supuesto–, al sentirse temido por sus enemigos. A pesar de que su vida corrió serio peligro, ansiaba volver a la acción y, por eso, ignoró las órdenes expresas de sus superiores, que querían trasladarlo de la zona de combate a un puesto administrativo.

Durante su forzada ausencia, escribió su autobiografía, titulada Der Rote Kampfflieger(El Piloto de Combate Rojo) y, en uno de sus párrafos, reveló: "Estoy de muy mal humor después de cada combate aéreo. Creo que (la guerra) no es como la gente se imagina en su casa, con un disparo y un «¡hurra!». Es algo muy grave, muy severo", reflexionó.

"No todos los seres humanos tienen plena presencia de ánimo en el último momento. No todos pueden apuntar con calma y fijar la mira sobre la cabeza (del piloto enemigo)", abundó con franqueza. Así, von Richthofen develó que el secreto para abatir una aeronave enemiga no estaba en la cantidad de disparos, sino en la puntería del piloto.

Su muerte

El combate aéreo se había convertido en la razón de su vida para von Richthofen y, en gran medida, había superado su miedo a la muerte a través de años de entrenamiento e implacable autocontrol. El Kommandeur (comandante) de la unidad sumaba 80 victorias confirmadas, y había sido capaz de romper con todas las estadísticas, sobre todo la más importante: la de lograr sobrevivir tras tantos y tantos meses de feroces combates. Pero, esta dura realidad, impactó en su semblante: las últimas fotos de von Richthofen muestran a un joven de 25 años con el aspecto de un hombre de mediana edad.

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Una de las pocas fotos existentes de El Barón Rojo con su Fokker Dr.I triplano (Dreidecker en alemán), armado con dos ametralladoras Spandau MG 08, de 7,92 mm, y que es la aeronave con la que más comúnmente se lo reconoce hasta la actualidad.

Una de las pocas fotos existentes de El Barón Rojo con su Fokker Dr.I triplano (Dreidecker en alemán), armado con dos ametralladoras Spandau MG 08, de 7,92 mm, y que es la aeronave con la que más comúnmente se lo reconoce hasta la actualidad.

El domingo 21 de abril de 1918, el 209º escuadrón británico –cuya base se encontraba en la pequeña localidad rural de Bertangles, cerca de Amiens– emprendió vuelo con una formación de 15 biplanos Sopwith Camel, armados con dos ametralladoras Vickers .303, distribuidos en tres grupos, y que fueron despegando en intervalos consecutivos de cinco minutos. El primero de ellos, que lo hizo poco antes de las 10.30, estaba liderado por el capitán canadiense Arthur Roy Brown, de 25 años.

Mientras tanto, en Cappy, donde estaba el aeródromo alemán –a solo 35 kilómetros de Bertangles–, dos grupos de Fokker Dr.I triplanos calentaban sus motores. Von Richthofen también despegó a las 10.30 con una formación compuesta por Albatrosdel Jasta 5 y Fokker Dr.Itriplanos del Jasta 11. Lo acompañaban su primo, Wolfram von Richthofen –quien realizaba su primera misión, y que había recibido la muy precisa instrucción del Barón Rojo de no empeñarse en combate–, además de Edgard Scholz, Hans-Joachim Wolff y Walther Karjus.

A las 10.35, los pilotos alemanes divisaron dos RE.8 del 3º escuadrón del Cuerpo Aéreo Australiano realizando una misión de reconocimiento a 6500 pies (casi 2000 metros) de altitud, cerca de Hamel, y abrieron fuego sobre ellos. Ante esta situación, ambos RE.8 se ocultaron entre las nubes y, poco después, rápidamente volaron de regreso hacia su base.

La formación liderada por von Richthofen continuó hacia al oeste de Cerisy, donde las líneas alemanas cruzaban la región del Somme. Su presencia fue divisada por una batería antiaérea australiana, que empezó a dispararles cuando se encontraban sobrevolando un sector muy próximo al río Somme.

Eran las 10.45 y, los triplanos, fueron atacados también por los Sopwith Camel del 209º escuadrón, que se concentraron inicialmente en los aviones del Jasta 11, liderados por el leutnant (teniente) Hans Weiss, por lo que se desató una feroz pelea de perros.

Mientras combatían entre sí, los pilotos eran empujados inadvertidamente hacia el este por el constante viento de 27 nudos (unos 50 km/h, a razón de casi un kilómetro por minuto). De este modo, cuatro minutos después se enfrentaban sobre el pequeño pueblo de Sailly-Laurette y, dos minutos más tarde, alcanzarían una zona despoblada sobre el sector de los Aliados.

Otro novato que realizaba su primera misión, el teniente canadiense Wilfrid Wop May, y que había recibido las mismas órdenes de Wolfram von Richthofen (no empeñarse en combate), se encontraba volando en círculos a unos 13000 pies (casi 4000 metros). En un momento, vio debajo de su Sopwith Camel al Fokker Dr.I del primo del Barón Rojo –que también volaba solo– e, ignorando las instrucciones del capitán Brown, decidió atacarlo.

Pocos segundos después, ambos novatos ya se habían olvidado completamente de las órdenes de sus superiores, mezclándose con los aviones del 209º escuadrón británico y del JG I alemán. Pero como las ametralladoras de May se trabaron, Wolfram pudo escapar hacia Cappy, mientras que el piloto canadiense, ahora desarmado, quedó a merced de los aviones enemigos. Eran las 10.55.

May emprendió el regreso hacia Bertangles. “Tras estabilizar mi avión, miré a mi alrededor y comprobé que nadie me seguía. De repente escuché los disparos de una ametralladora. Mi único reflejo en aquel momento fue intentar esquivar a mi perseguidor, un triplano rojo que, si hubiera sabido que era (Manfred von) Richthofen, me hubiera desmayado. Seguí esquivándolo volando en zigzag, pero el alemán no paraba de dispararme”, escribiría May en sus memorias. El capitán Brown, que vio de lejos la persecución, fue rápidamente en su ayuda.

Eran las 10.58. El novato canadiense intentaba escapar de von Richthofen realizando desesperadas maniobras en zigzag, pero no lograba alejarse del Fokker Dr.I. La determinación del Barón Rojo era derribar este Sopwith Camel y no habría nada que le hiciera desistir de su propósito de anotarse su 81ª victoria.

Brown, quien ya se había puesto detrás y por encima del triplano del Barón Rojo, empezó a dispararle hasta que el Fokker Dr.I descendió abruptamente, lo que indicaba –muy probablemente– que el piloto estaba herido. Pero el oficial canadiense se confió al estimar que el alemán se encontraba fuera de combate y, sin confirmar esto, se sumó nuevamente a la pelea de perros.

Pero von Richthofen no estaba muerto: tras lograr nivelar a su avión, continuó la persecución de May aunque, esta obstinación, le haría cometer un error básico. En el calor del momento, el Barón Rojo se olvidó de la 7ª regla del Dicta Boelcke (Manual de Combate Aéreo), tantas veces repetida por su maestro y por él mismo durante la formación de los nuevos pilotos: “Wenn Du Dich über den feindlichen Linien befindest, behalte immer den eigenen Rückzug im Auge” (“Cuando estés sobre las líneas enemigas, siempre estate atento a tu ruta de retirada”).

Manfred von Richthofen siguió volando sobre territorio enemigo a muy baja altura, casi rozando la copa de los árboles, hacia la región de Morlancourt Ridge, donde se encontraban posicionadas la 24ª y la 53ª Compañías Australianas de Ametralladoras, equipadas con fusiles Lee-Enfield y las letales Vickers .303 (7,7 mm), capaces de efectuar hasta 450 disparos por minuto.

Entre ellos se encontraban los apuntadores Cedric Popkin, Robert Buie y William John Snowy Evans, apodado así por su tez blanca y su cabello muy claro. Apenas el avión del teniente May pasó delante de ellos, los tres abrieron fuego casi simultáneamente sobre el triplano alemán, que volaba hacia el noroeste. Es muy probable que, recién en este preciso momento, von Richthofen finalmente se diera cuenta de que estaba volando a muy baja altura sobre territorio enemigo, y a una reducida velocidad (entre 65 y 70 nudos, entre 120 y 130 km/h). Ergo, era el blanco ideal.

El piloto alemán se encontraba cerca de la ciudad de Corbie, a unos seis kilómetros al oeste de donde creía que estaba. Desorientado y atrapado por una lluvia de balas, la única opción viable era abandonar la persecución y buscar una ruta de escape cuanto antes. Pero ya era demasiado tarde.

El sargento Popkin lo tenía en la mira y, sin dudarlo, abrió fuego por segunda vez, disparándole una larga ráfaga. De repente, el Fokker Dr.I giró hacia la derecha, se sacudió abruptamente y comenzó a caer en picada. Manfred von Richthofen había sido herido mortalmente y, consciente de que había llegado su fin, se quitó las gafas para volar, apagó el motor para evitar que el avión se incendiara y trató de aterrizar lo más suavemente posible antes de que perdiera el conocimiento.

Pero, poco antes del impacto, su vista se tornó borrosa y, su triplano, se estrelló sobre un campo de remolachas junto a una fábrica de ladrillos en la carretera de Corbie-Bray, localizada al norte de Vaux-sur-Somme. Desde su despegue en Cappy, hasta su caída en territorio Aliado, el último vuelo de von Richthofen duró apenas 30 minutos. Eran las 11 y, El Barón Rojo, se había convertido en leyenda.

¿Quién fue el que lo abatió?

El capitán Donald L. Fraser, de la 11ª Brigada de Infantería australiana, y tres de sus soldados, retiraron el cuerpo del Fokker Dr.I y, entre los efectos personales del piloto, notaron que en la pechera del mismo estaban bordadas las iniciales “MvR”.

Fraser miró a los soldados presentes y les preguntó: “Saben ustedes quién es?” Uno de ellos le respondió: “Un Fritz (la forma despectiva con la que los Aliados llamaban a los alemanes), por supuesto”. Entonces, con voz pausada, Fraser dijo: “Este hombre es Richthofen, el famoso aviador alemán”. Obviamente, la noticia de la muerte del Barón Rojo se divulgó con muchísima rapidez.

El cadáver de von Richthofen y los restos de su avión –varios soldados australianos se quedaron con muchas de sus partes como trofeo– fueron trasladados a uno de los hangares del aeródromo de Poulainville, a unos 15 kilómetros de Vaux-sur-Somme. Allí, al Barón Rojo le quitaron la ropa, lavaron su cuerpo y, luego, fue examinado por cuatro médicos británicos.

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Los restos del avión de von Richthofen –del que varios soldados se quedaron con muchas de sus partes como trofeo– fueron trasladados a uno de los hangares del 3º escuadrón del Australian Flying Corps, en el aeródromo de Poulainville, a unos 15 kilómetros de Vaux-sur-Somme.

Los restos del avión de von Richthofen –del que varios soldados se quedaron con muchas de sus partes como trofeo– fueron trasladados a uno de los hangares del 3º escuadrón del Australian Flying Corps, en el aeródromo de Poulainville, a unos 15 kilómetros de Vaux-sur-Somme.

El infortunado piloto presentaba numerosos hematomas –producto del duro impacto al estrellarse–, se había roto la nariz y perdido varios dientes cuando su rostro golpeó contra el tablero de instrumentos y, fundamentalmente, tenía una herida de bala: el orificio de entrada estaba debajo de su axila derecha y, el de salida, de mayor tamaño, en su pecho, casi en la tetilla izquierda, y por encima del anterior. Por lo tanto, la bala había atravesado el cuerpo de derecha a izquierda, y de abajo hacia arriba.

A 103 años de su muerte en combate –que se cumplen hoy–, aún continúa sin respuesta el enigma que varias generaciones de autoproclamados expertos en aviación y media docena de autores de libros trataron de resolver: ¿quién derribó a Manfred von Richthofen? Desde 1918 a la fecha hubo múltiples polémicas, ya que todavía se discute si al Barón Rojo lo abatió un apuntador de ametralladora australiano desde tierra, o un piloto de combate canadiense desde el aire.

Aunque el ataque de Brown fue desde atrás, desde arriba, y desde la izquierda de von Richthofen, la RAF le atribuyó al capitán canadiense el derribo del Barón Rojo. Pero, también, es lógico estimar que el proyectil que mató al piloto alemán fue disparado desde tierra ya que, si hubiese sido herido por Brown, aquel no podría haber continuado su persecución sobre May durante casi dos minutos, hasta finalmente ser abatido.

Algunos investigadores sostienen que el que lo derribó fue el sargento Cedric Popkin, de la 24ª Compañía Australiana de Ametralladoras, y que operaba una Vickers, ya que disparó dos veces contra el avión de von Richthofen: primero cuando el Barón Rojo se dirigía directamente hacia a su posición y, luego, a gran distancia, y desde la derecha.

Otros consideran que, los autores del disparo que terminó con la vida de Manfred von Richthofen fueron William John Snowy Evans (con una ametralladora Lewis), o Robert Buie, ambos de la 53ª Compañía.

Además, el calibre .303 era la munición estándar para todas las ametralladoras (tanto de tierra, como las montadas en los aviones) y los fusiles utilizados por todas las fuerzas del imperio británico durante la Primera Guerra Mundial.

La única certeza es que, en medio de un verdadero infierno de proyectiles, ni siquiera un as como El Barón Rojo pudo esquivar a la muerte. Eso sí, la bala que terminó con su vida, todavía no tiene remitente.

Su funeral, con honores militares

El funeral de Manfred von Richthofen en el cementerio municipal de Bertangles contó con un coche fúnebre improvisado, cortejo, la presencia de un clérigo y muchas flores, un lujo que muchos ases británicos no tuvieron el honor de recibir. A las 17 del lunes 22 de abril, un camión Tender Crossley, conducido por el soldado Ralph Edmond Douglas, estacionó delante del portal del cementerio y, el ataúd con los restos del piloto alemán, fue llevado en los hombros por los tenientes E. C. Banks, A. V. Barrow, George Pickering, Frank Marsh, T. L. Simpson y Malcolm Sheehan, todos del 3º escuadrón del Australian Flying Corps.

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A las 17 del lunes 22 de abril, el ataúd con los restos del piloto alemán, ingresó al cementerio de Bertangles llevado en los hombros por los tenientes E. C. Banks, A. V. Barrow, George Pickering, Frank Marsh, T. L. Simpson y Malcolm Sheehan, todos del 3º escuadrón del Australian Flying Corps. La breve ceremonia fue oficiada por el reverendo capitán George H. Marshall.

A las 17 del lunes 22 de abril, el ataúd con los restos del piloto alemán, ingresó al cementerio de Bertangles llevado en los hombros por los tenientes E. C. Banks, A. V. Barrow, George Pickering, Frank Marsh, T. L. Simpson y Malcolm Sheehan, todos del 3º escuadrón del Australian Flying Corps. La breve ceremonia fue oficiada por el reverendo capitán George H. Marshall.

En una breve ceremonia, oficiada por el reverendo capitán George H. Marshall, el Barón Rojo fue sepultado con los máximos honores militares, recibió una salva de disparos realizada por soldados australianos y, la cruz de su tumba, fue hecha con la hélice de un RE.8. Una de las coronas decía: "A nuestro enemigo galante y digno", y en su lápida, "Aquí yace un valiente, un noble adversario y un verdadero hombre de honor. Que descanse en paz".

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Durante su funeral, El Barón Rojo recibió una salva de disparos en su memoria, y que fue realizada por soldados australianos. Era tal el respeto que Manfred von Richthofen inspiró en sus enemigos, que fue sepultado con los máximos honores militares.

Durante su funeral, El Barón Rojo recibió una salva de disparos en su memoria, y que fue realizada por soldados australianos. Era tal el respeto que Manfred von Richthofen inspiró en sus enemigos, que fue sepultado con los máximos honores militares.

Finalmente, el martes 23 de abril, aviones de la Royal Air Force (RAF) arrojaron pequeños envoltorios sobre las líneas alemanas, que contenían algunas fotos del cadáver de von Richthofen y otra de su sepultura, acompañadas de un mensaje que terminó con las pocas esperanzas que la JG I mantenía sobre la suerte corrida por su jefe. El texto decía: “Para el Cuerpo Aéreo Alemán / Rittmeister Barón MANFRED van RICHTHOFEN murió en combate aéreo el 21 de abril de 1918 / Fue enterrado con todos los honores militares / Real Fuerza Aérea británica”.

En Alemania, la noticia causó una conmoción inimaginable. El héroe máximo había caído y, ahora, la lucha debía continuar sin él. El 11 de noviembre siguiente, se firmaría el armisticio que podría fin a la Primera Guerra Mundial.

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El martes 23 de abril de 1918, aviones de la Royal Air Force (RAF) arrojaron pequeños envoltorios sobre las líneas alemanas, que contenían algunas fotos del cadáver de von Richthofen (foto) y otra de su sepultura, acompañadas de un mensaje que decía: “Para el Cuerpo Aéreo Alemán / Rittmeister Barón MANFRED van RICHTHOFEN murió en combate aéreo el 21 de abril de 1918 / Fue enterrado con todos los honores militares / Real Fuerza Aérea británica”.

El martes 23 de abril de 1918, aviones de la Royal Air Force (RAF) arrojaron pequeños envoltorios sobre las líneas alemanas, que contenían algunas fotos del cadáver de von Richthofen (foto) y otra de su sepultura, acompañadas de un mensaje que decía: “Para el Cuerpo Aéreo Alemán / Rittmeister Barón MANFRED van RICHTHOFEN murió en combate aéreo el 21 de abril de 1918 / Fue enterrado con todos los honores militares / Real Fuerza Aérea británica”.

Dos años después, se creó un cementerio militar en Fricourt, al norte de Francia, donde fueron depositados los restos de muchos alemanes caídos en la guerra, entre ellos, los de von Richthofen. En 1925, su hermano menor, Bolko, trasladó su ataúd hacia Alemania y, la intención de la familia, era que el Barón Rojo fuera sepultado en el cementerio de Schweidnitz junto a su padre y su hermano, Lothar-Siegfried, quien había muerto en un accidente aéreo en 1922.

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Inicialmente, El Barón Rojo fue sepultado en Bertangles. Luego, sus restos fueron trasladados a Fricourt, al norte de Francia; en 1925, fue inhumado en el Invalidenfriedhof (Cementerio de Inválidos), en Berlín donde, años después, el Tercer Reich celebró una enorme ceremonia conmemorativa. Finalmente, en 1975 fue trasladado a una tumba de su familia en el Südfriedhof (Cementerio Sur) de Wiesbaden (foto), en el centro-oeste de Alemania, donde actualmente descansa.

Inicialmente, El Barón Rojo fue sepultado en Bertangles. Luego, sus restos fueron trasladados a Fricourt, al norte de Francia; en 1925, fue inhumado en el Invalidenfriedhof (Cementerio de Inválidos), en Berlín donde, años después, el Tercer Reich celebró una enorme ceremonia conmemorativa. Finalmente, en 1975 fue trasladado a una tumba de su familia en el Südfriedhof (Cementerio Sur) de Wiesbaden (foto), en el centro-oeste de Alemania, donde actualmente descansa.

Pero, a petición del gobierno alemán, fue inhumado en el Invalidenfriedhof (Cementerio de Inválidos), en Berlín, donde fueron enterrados muchos héroes militares y en el que recibió un funeral de estado. Años después, el Tercer Reich celebró una enorme ceremonia conmemorativa en su tumba, erigiendo una nueva y enorme lápida, solo con la palabra Richthofen. Finalmente, en 1975 fue trasladado a una tumba de su familia en el Südfriedhof (Cementerio Sur) de Wiesbaden, en el centro-oeste de Alemania, donde actualmente descansa.

A más de un siglo de su partida, el mito de Manfred von Richtofen continúa agigantándose cada día más ya que, sobradamente, evidenció ser un verdadero hombre de acción, un muy valiente guerrero y un permanente ejemplo para sus subordinados. Una muestra de esto la dio cuando, mientras se recuperaba de la seria herida en la cabeza sufrida en julio de 1917, le ofrecieron dejar de volar y dedicarse a tareas mucho menos riesgosas, a lo que se negó terminantemente.

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“Ya no soy tan insolente de espíritu como antes. No por ser consciente de que un día la muerte podría acercarse para soltar su aliento sobre mi cuello; seguramente no es por eso, aunque pienso a menudo que podría suceder. Fui aconsejado por personas de altos cargos para dejar de volar, puesto que un día podría caer. Sería muy miserable conmigo mismo si ahora, cubierto de gloria y condecoraciones, fuera a convertirme en un pensionado de mi propia dignidad con el único fin de salvar mi preciosa vida por la nación. Mientras cada uno de los compañeros de las trincheras siga cumpliendo con su deber, yo seguiré cumpliendo con el mío”.

Ruhe in Frieden, Rote Baron (Descansa en paz, Barón Rojo).