El lunes 20 de diciembre de 1943 y, al mando de su extremadamente dañado bombardero B-17, el segundo teniente Charles Brown vio cómo un Messerschmitt Bf 109 alemán –que piloteaba el teniente Franz Stigler–, se colocó en posición de rematarlo. Pero, ante su asombro, no le disparó, lo acompañó hasta el Mar del Norte, y lo dejó ir. Más de cuatro décadas después, se reencontraron y se volvieron muy grandes amigos hasta sus muertes en 2008.